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Segunda vida (36)

Álvaro Pino: “Todavía hago 12.000 kilómetros al año en bici”

Fernando Escartín: “En el podio de París me di cuenta de que había valido la pena el sacrificio”.

Pedro Delgado: "Siempre pedía una bici a los Reyes Magos".

El histórico exciclista Álvaro Pino, fotografiado en Vigo.

El histórico exciclista Álvaro Pino, fotografiado en Vigo. / José Lores

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

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Álvaro Pino (Puenteareas, Pontevedra, 1956) fue un icono del ciclismo español a finales del siglo pasado. Ganó la Vuelta de 1986 y la Volta de 1987. En otras dos ocasiones acabó el Tour en octava posición. Después de colgar la bici dirigió a los equipos Kelme, Phonak y Xacobeo. Hoy sigue circulando en bicicleta y disfrutando de su nieta Aloia.

Bien se podría decir que todo empezó gracias a una bici prestada y al consejo de un guardia civil.

Todos los niños del pueblo, en Puenteareas (Pontevedra), íbamos al campo de fútbol en bici salvo algún padre que llevaba al hijo en coche. Yo era bastante malo con el balón. Fue en aquella época cuando mi padrino me regaló una bicicleta. Se la encontró en el monte y la llevó al cuartelillo de la Guardia Civil. ‘Quédesela y si aparece el dueño lo llamamos’, le dijo el agente. Así que la comencé a utilizar. Con los otros niños de fútbol echábamos unas carreras, de unos 6 kilómetros hasta que llegábamos al campo. Siempre ganaba.

Pero no le servía para comenzar a competir.

Ni me lo planteaba. Sin embargo, había un chico mayor en el pueblo que sí competía y tenía una bici, una Zeus, que al verla me saltaban los ojos. Vio que miraba la bicicleta y me dijo: ‘¿Te gusta? ¿Quieres dar una vuelta?’ Hice unos 4 kilómetros y me encantó. Era tan ligera y se movía tan rápida que parecía que llevaba motor. Me la iba dejando cada vez más. Así que me fui a O Porriño, el pueblo más cercano, y me apunté al club ciclista.

¿Igual la bici no era ni de su talla?

Me venía un poco grande, pero le bajaba el sillín. Yo ya tenía 15 años y fue entonces cuando aparqué el fútbol y me decidí de pleno por el ciclismo.

Álvaro Pino, junto a Miguel Induráin, en la Volta de 1987, que ganó

Álvaro Pino, junto a Miguel Induráin, en la Volta de 1987 que ganó. / ARCHIVO LA VOLTA

Empezó una relación de 55 años con el ciclismo, porque creo que no ha dejado nunca de pedalear.

Ahora tengo 69 años. Es verdad que los reflejos no son los mismos que cuando competía, pero todavía hago unos 12.000 kilómetros al año. Si no llueve o hace viento como este invierno que está siendo terrible salgo unas tres veces a la semana y acumulo unos mil kilómetros al mes.

Volvamos a los inicios.

Tenía que seguir corriendo con aquella Zeus porque en casa no sobraba el dinero. Mi padre trabajaba en las minas de León o Asturias y mi madre vendía la leche que ordeñaba con una vaca. De hecho, más que ciclista, lo que yo quería era ser mecánico de coches. Comencé a trabajar de aprendiz en un taller.

Por lo menos, por los conocimientos de mecánica, se libraría de llevar la bici al taller.

Había padres que les pagaban a los hijos el mantenimiento de la bici. Yo lo hacía todo. La tenía impoluta, no como ahora. Arreglaba hasta los pinchazos en los tubulares. En aquellos tiempos había que coger aguja e hilo para repararlos. Con 15 años hice media temporada en la categoría de júnior y luego ya pasé a la de aficionados. No había por aquel entonces otro nivel, salvo que dieras el salto a profesionales. Podías competir con corredores de 30 años.

Álvaro Pino, exciclista en Vigo

El histórico exciclista Álvaro Pino, fotografiado en Vigo. / José Lores

¿Y aun así ganaba carreras?

En mi estreno, escapé en un puerto y llegué a meta en solitario. Pero luego sólo hacía que pillar ‘pájaras’. José Manuel Fuente, ‘El Tarangu’, me dijo una vez que a él le pasó igual en los inicios. De verme ganador agarraba tales crisis que hacían que cruzara la línea de llegada dando tumbos. Una vez entrenando hice más kilómetros de lo previsto. En la ida no me percaté que llevaba el viento de espalda y al regreso, en un repecho cerca de casa, tuve que bajarme varías veces de la bici para tumbarme en la cuneta y recuperarme. Mi madre, al tardar más de la cuenta, pensó que había tenido un accidente. De tan agotado que estaba tuvo que darme ella el cocido que tenía preparado porque no podía ni agarrar la cuchara.

¿Cuántos años pasó como ciclista aficionado?

Corrí en la categoría hasta los 24 años. Había comenzado a trabajar en la Talbot, que había desarrollado uno de los primeros encendidos eléctricos del motor. Ganaba unas 60.000 pesetas y me permitían competir. Pero ya había decidido colgar la bici en la Vuelta Ciclista del Langostino que se disputaba en Vinaròs. Hice segundo y en la entrevista que me hicieron en meta dije que era mi última carrera. Lo escuchó el organizador de la prueba. ‘¿Gallego, vas a colgar la bici? ¿No fastidies?’.

¿Qué ocurrió para que cambiase de opinión?

Pues que el anuncio de retirada llegó a oídos de Manuel Rodríguez Ayora, el padre de Purito, que era el director del equipo Colchón CR. Me ofreció un contrato. Era la mitad de lo que ganaba en la Talbot, pero decidí aceptarlo y probar como profesional, después de hablarlo con mi novia, hoy mi mujer. Debuté en la Vuelta de 1981 y gané una etapa. Todas mis victorias fueron en solitario porque si llegábamos dos a la meta siempre hacía el tercero.

Luego se cruzó Javier Mínguez en su vida profesional.

En 1981 el Colchón CR se quedó sin otros patrocinadores y ya no pudo acudir a la Vuelta a la Rioja que cerraba la temporada. La Volta, que luego gané en 1987 derrotando a Miguel Induráin en dos etapas, iba a ser la última carrera y ya tenía pensado el regreso a la Talbot. El padre de Purito le dijo a Mínguez, que volvía a Valladolid en coche desde Catalunya, si podía dejarme en la estación de Burgos para coger el tren hacia Vigo. Por el camino me dijo: “¿Gallego, es cierto que te vas a retirar? ¿Quieres correr conmigo?”. De inmediato le dije que sí, así que, al llegar a la estación de Burgos, sacó un contrato del maletero, me ofreció 70.000 pesetas y lo firmé allí mismo. Me convertí en corredor del equipo Zor.

Con Mínguez ganó la Vuelta de 1986.

El líder del equipo iba a ser el ciclista colombiano Pacho Rodríguez. Pero desde el inicio se vio que no iba bien, así que Mínguez me dijo: ‘Gallego, igual nos jugamos la Vuelta contigo’. Había rivales muy duros como Sean Kelly, Robert Millar, Marino Lejarreta, Laurent Fignon y Pedro Delgado.  Estuve 11 días de líder y la etapa clave fue la de Sierra Nevada. En la subida conseguí noquear a Kelly, a Millar, a Fignon, a Marino. Luego hasta gané la contrarreloj final, en Jerez. Tenía mucha confianza en mí mismo.

Homenaje en Vigo a Álvaro Pino tras su triunfo en la Vuelta a España en 1986.

Homenaje en Vigo a Álvaro Pino tras su triunfo en la Vuelta a España en 1986. / MAGAR / Archivo

El Tour siempre se le indigestaba un poco más.

Acabé octavo en dos ocasiones. En los años 80 la Vuelta se disputaba entre abril y mayo por lo que ya llegabas al Tour un poco machacado y la tercera semana se hacía larga y dura. La ronda francesa siempre era un añadido para nosotros.

En 1991 decidió retirarse y comenzó a colaborar en los medios informativos.

El Giro de 1991 se ofreció por las televisiones autonómicas y la televisión gallega me contrató para comentarlo desde Italia. Llevaba la bici para entrenar. Recuerdo que se ascendió el Mortirolo por primera vez y lo subí con unos desarrollos inapropiados, sin los que hay ahora. No me bajé de la bici por vergüenza profesional.

La nueva etapa profesional se mantuvo entre dirigir equipos y colaborar con la radio.

Primero fui director en el Kelme, luego en el Phonak y finalmente en el Xacobeo. Entre medio y después colaboré en Onda Cero comentando las etapas con Javier Ares.

Álvaro Pino, durante su etapa al frente del equipo Kelme, consuela a Fernando Escartín en la Vuelta de 1999.

Álvaro Pino, durante su etapa al frente del equipo Kelme, consuela a Fernando Escartín en la Vuelta de 1999. / MONDELO / EFE

Vivió el gran cambio del ciclismo: el crecimiento de las estructuras profesionales, los mánagers, los directores de comunicación, los autobuses que casi parecen un hotel…

Una lástima en algunas cosas. Recuerdo mi último año como director del Xacobeo, en 2010, cuando les dije a los ciclistas que no podía ser que firmase yo más autógrafos que ellos. Que a mí me conocía todo el mundo y a ellos nadie. ¿Por qué? Porque no salían del autobús, tenían que relacionarse con los aficionados, hablar con los niños y publicitar nuestra marca.

¿Piensa regresar al ciclismo profesional?

Ahora el director tiene mucho menos poder que en mi época. Ciclistas como Tadej Pogacar son los que toman las decisiones. El director, actualmente, transmite la información de la carrera y poco más. Y no me gusta.

Así que a salir en bici y todavía sin motor.

Me lo planteo para un futuro, pero todavía no. Salgo en bici. Hago bricolaje en casa y viajo a Madrid a ver a mi nieta, que tiene un año. Se llama Aloia. El nombre procede de un monte donde Jonas Vingegaard ganó una etapa en la disputa del O Gran Camiño de 2024.