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Opinión | Golpe franco

Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

Periodista y escritor

Lamine, Pedri… y Andreu, por Juan Cruz Ruiz

Lamine Yamal celebra uno de sus goles frente al Villarreal.

Lamine Yamal celebra uno de sus goles frente al Villarreal. / Alejandro Garcia / Efe

Cuando la radio (la Ser de Flaquer) nos chivó que Andreu Buenafuente estaba en el graderío pensé que algo bueno le tenía que pasar al Barça. No pude imaginar, por supuesto, que Lamine iba a marcar tres goles, siendo más feliz aún que un muchacho de su edad.

Parecía Lamine un niño esperando junto al graderío que sus padres, sus amigos o sus compañeros de escuela, saltaran a su cuello para felicitarle por esa gran alegría de su vida. No se me ocurrió atribuir el primer gol a la suerte propia de Lamine, pero lo cierto es que cuando uno ve partidos de fútbol siempre atribuye los resultados, e incluso las jugadas, a algún amigo, aunque no esté en el campo ni allí se le espere.

Siempre he sido aficionado al Barça, desde que tenía once años. Mi hermano, por ejemplo, nunca fue al fútbol, pero yo escuchaba los partidos (en Radio Club Tenerife, la Ser isleña de entonces) como si estuviera en la cancha. No conocía a los jugadores, claro, pero me sabía todos los nombres propios.

Un día, en un partido decisivo contra el Madrid de Di Stéfano, Helenio Herrera puso a jugar a Vergés, que era más bien suplente. Como yo era de las estampitas, conocía el rostro de aquel mediovolante que, en ese partido, marcó un gol o lo dio. De inmediato le encontré parecido… con mi hermano, porque los dos parecían mecánicos, y por lo menos mi hermano ya lo era.

En esta ocasión, le atribuí a Andreu, que en cierto modo es como el hermano de todo el mundo, los tres goles de Lamine, que ahora podría ser (¿en el partido contra el Atlético, por ejemplo?) un talismán del Barça siempre que el equipo necesite ayudas importantes.

Fui feliz a tramos de partido. Cuando entró Pedri, que es canario como casi todo el mundo que se hace llamar Pedri, tuve la sensación de que iba a marcar un gol. Porque cuando entra a destiempo el graderío se convierte en su espejo, como si estuviera ahí para decir al Barça que mejore, que se haga con el partido a base, sobre todo, de juego más que de azares.

Cuando Lewandowski marcó el gol definitivo sentí que también había sido Pedri el que lo había inspirado. ¿Que no fue así? Bueno, tampoco Andreu Buenafuente marcó los goles que se le atribuyen, naturalmente, a Lamine Yamal.

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