FÚTBOL (CHAMPIONS): REAL MADRID-BENFICA (2-1)
Courtois sostiene al Madrid y Vinícius apuntilla al Benfica
Las paradas el belga y el gol del brasileño meten en octavos a un Madrid tibio que concedió mucho a un rival sin pegada en las áreas

Rafa Silva mete el primer gol del Benfica. / Manu Fernandez / AP

No olía a napalm el Bernabéu como en otras noches de Champions. Olía el miedo, a incertidumbre y a dudas. Durante muchos minutos olió más a azufre, pero finalmente el Madrid certificó su pase a los octavos de final de la Champions con una victoria en la que fue capital su portero Thibaut Courtois. Una vez más el belga sostuvo a los blancos en el partido salvando momentos complicados con sus paradas. La falta de jerarquía en las áreas del Benfica hizo el resto, hasta que Vinícius selló el pase para octavos, donde espera el Sporting portugués o el City de Guardiola. Antes resolvieron una noche funcionarial de Champions que poco tiene que ver con la épica y las energéticas actuaciones del Madrid de temporadas anteriores.
Es difícil de explicar, pero el Real Madrid sin Mbappé y Bellingham es un equipo más orgánico y menos artificial que presenta un funcionamiento más natural por los movimientos innatos de sus futbolistas, que sin el francés y el inglés juegan en sus posiciones naturales. Defensas en la zaga, centrocampistas en la medular, Gonzalo de referente arriba y la banda izquierda despejada para Vinícius. Pero sin Kylian y sin Jude se convierten en un equipo vulgar con el balón. Si a eso se suma la indolencia defensiva de una plantilla aburguesada que presiona bostezando, el resultado es de una inconsistencia alarmante. Xabi terminó siendo incómodo para el vestuario porque exigía demasiado y el complaciente Arbeloa se ha preocupado más de ganarse el favor del vestuario que la autoridad en el grupo. El resultado de ambos técnicos es el mismo, la intrascendencia más absoluta.
Mourinho, consciente de ello, preparó un partido incómodo en la pizarra desde el dinamismo. Acompañó a Barreiro en el medio con el buen pie de Aursnes y el trabajo de Richard Ríos, a los que sumó en ataque la movilidad de Rafa Silva y Schjelderup por detrás de Pavlidis. Un equipo heterodoxo que se desplegaba con paciencia generando ventajas en la banda de Carreras y que atacaba la espalda de Trent. A los tres minutos avisó Dahl y a los cinco Rafa Silva hizo trabajar por primera vez a Courtois. Los lusos mantenían el tempo de partido bajo, evitando el correcalles para no ser castigados en las transiciones, el arma preferida de este Madrid perezoso.
Dos goles en dos minutos
Pero el golpe llegó a los 13, cuando Pavlidis ganó la espalda a Camavinga y sirvió al centro donde Courtois repelió milagrosamente el remate en propia meta de Asencio. Sin embargo, la pelota quedó muerta y Rafa Silva la remachó a la red. Silbidos en el Bernabéu para un Madrid de papel que tan solo dos minutos después aprovechó un error grosero en el medio de Aursnes, con el empate de Tchouameni llegando desde atrás. El Benfica perdonaba en el área de Courtois y regalaba en el suyo. A la media hora un centro de Vinícius tocado por Gonzalo terminaba con gol de Arda, pero el turco venía de fuera de juego. Los lusos perdían en las áreas todo lo que ganaban fuera de ellas. En el minuto 37 Courtois salvó un disparo que el Benfica ya celebraba. El Madrid se agarraba a su portero, que a estas alturas de la temporada es su jugador más decisivo y también el que maquilla los resultados del equipo. Porque no solo se trata de los goles que evita, también del momento en que lo hace. El engañoso empate al descanso tenía un culpable: Thibaut Courtois.

Rafa Silva celebra su gol en el partido de Champions League entre el Real Madrid y el Benfica. / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press
Después del descanso Arbeloa pidió a los suyos llevar el partido al campo rival, aculando de inicio a los lisboetas por delante de Trubin. Pero con Vinícius vigilado y Arda desdibujado, no terminaban de generar ocasiones. Un disparo cruzado de Trent fue lo más destacado antes de la hora de partido, momento en que una comba de Rui Silva con el exterior terminó cacheteando el larguero tras tocar en Asencio. Otro respiro de alivio del madridismo.
Un inoportuno choque entre Asencio y Camavinga paró el partido unos minutos. Lo justo para descentrar a un Benfica que en una jugada aislada quedó mal parado en defensa y el ímpetu de Valverde le permitió recuperar una pelota y asistir a Vinícius, que arrancó con una pradera ante él para batir a Trubin y sellar la eliminatoria con diez minutos en juego todavía. Los lisboetas desperdiciaron aún alguna llegada más y confirmaron su falta de contundencia en las áreas. Los blancos ya están en octavos, exactamente a seis partidos de la final de Budapest. Aunque han llegado hasta aquí entre bostezos.
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