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Alavés - Girona (2-2)

Lucas Boyé frustra al Girona en Vitoria

El Alavés se adelantó con un gol de su ariete a los cinco minutos, pero el cuadro de Míchel remontó con tantos de Vanat y Tsygankov. Un cabezazo del argentino certificó las tablas.

El punto, agridulce, permite a los catalanes alejarse a seis puntos del descenso.

Tsygankov controla un balón defendido por Youssef, este lunes en Mendizorroza.

Tsygankov controla un balón defendido por Youssef, este lunes en Mendizorroza. / ADRIÁN RUIZ HIERRO / EFE

Marc Brugués

Vitoria
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Habría sido muy bonito. El Girona vio cómo se le escapaban dos puntos otra vez en los últimos compases de un partido que pudo perder, pudo ganar y al final se tuvo que conformar con el empate (2-2). Un gol de Lucas Boyé a dos minutos del final estropeó la fiesta y el recital de Ounahi que, en su regreso tras la lesión, parecía guiar al equipo hacia la victoria.

El jugador marroquí se inventó una asistencia estratosférica a Tsygankov que supuso el 1-2 después de que Vanat igualara el gol inicial de Boyé en la primera parte. Se las prometían muy felices los de Míchel con una victoria que casi ya celebraban. Sin embargo, faltó un punto más de saber sufrir y de igualar la intensidad de un Alavés que no tiró la toalla y al final castigó a los gerundenses. El empate frena un poco el impulso del Girona pero, al mismo tiempo —y hay que valorarlo—, lo aleja a seis puntos del peligro.

Once repetido

Al día siguiente y en los días posteriores a la victoria contra el Barça (2-1), los jugadores del Girona acumularon halagos y elogios gracias a un resultado impactante que, además de la repercusión mundial que tuvo, permitió al equipo acercarse un poco más al objetivo. Los aficionados rojiblancos, por su parte, también pudieron presumir un poco durante toda la semana en una temporada en la que cuesta hacerlo.

Ese estado de complacencia, sin embargo, tenía fecha de caducidad porque la lucha por escapar del peligro del descenso no se detiene y este lunes el Girona visitaba Vitoria en un duelo directo. Un partido de alto voltaje contra un rival que, como los gerundenses, luchaba por ver un poco más cerca la luz. Con Fran Beltrán todavía con problemas físicos, Míchel se decantó por el mismo once que había superado al Barça la semana pasada, con Arnau en el lateral izquierdo, Witsel como pivote y Lemar en la mediapunta. La gran novedad no estaba en el césped sino en el banquillo, con el regreso de Ounahi.

Pasividad inicial

Que tocaría sufrir y ofrecer un nivel de intensidad y pulsaciones elevadísimo lo tenía claro todo el mundo. Cualquier cosa que no fuera igualar o superar el grado de agresividad con y sin balón que imponen siempre los vascos en sus partidos supondría problemas para el Girona ante un Alavés que tenía muy claro qué debía hacer. El Girona, en teoría, también lo sabía, pero nadie lo habría dicho viendo los primeros minutos de partido.

Lucas Boyé celebra el primer tanto del partido, este lunes en Vitoria.

Lucas Boyé celebra el primer tanto del partido, este lunes en Vitoria. / ADRIAN RUIZ HIERRO / EFE

Imperdonable fue la pasividad contemplativa con la que los gerundenses vieron cómo Youssef llegaba a la línea de fondo y centraba para que Boyé, a placer, adelantara a los vitorianos. Y todo ello ante la mirada de Rincón primero, Vitor Reis y, sobre todo, Gazzaniga. Solo les faltó aplaudir. Peor no podía empezar el partido. Bueno, sí: si Toni Martínez hubiera estado más acertado solo ante Gazzaniga después de robarle la cartera a Blind siendo el último defensa. Míchel se desesperaba en el banquillo viendo cómo los suyos habían regalado un gol y medio sin que se hubieran cumplido los diez minutos.

Sufrimiento en defensa

El gol animó a Mendizorrotza, que veía un partido fácil. Había hecho lo más difícil marcando y, bien ordenado atrás con dos líneas muy juntas, dejaba a Toni Martínez y a Boyé que se las vieran con los centrales del Girona. Y vaya si lo hacían, con peligro para un Girona que, si bien tenía la posesión del balón, sufría en cada balón dividido entre los delanteros y Blind-Reis.

Míchel grita durante el partido de este lunes contra el Alavés.

Míchel grita durante el partido de este lunes contra el Alavés. / ADRIÁN RUIZ HIERRO / EFE

El segundo gol volvió a sobrevolar el área de Gazzaniga cuando Boyé ganó la posición con facilidad a Reis, pero su centro lo remató muy mal Toni Martínez. El Alavés perdonaba y el Girona seguía vivo. Sin la capacidad o la finura para encontrar espacios y generar ocasiones, los de Míchel sacaron la pizarra para encontrar petróleo. Y así, después de que Witsel peinara en el primer palo un córner, Vanat, en el segundo, envió el balón al fondo de la portería para poner el empate en el marcador.

La obra de arte de Ounahi

El Girona lo arreglaba. El gol espoleaba a los de Míchel, que lo intentarían con un disparo seco y con mala intención de Iván Martín. El gol y ese disparo serían el escaso bagaje ofensivo gerundense que, eso sí, le serviría para llegar al descanso con el partido igualado. Y eso que Gazzaniga detuvo un par de remates de Blanco y Tenaglia antes del descanso.

La reanudación no empezaría bien para el Girona, que sufriría ante la intensidad de un Alavés que tampoco se amansó con la entrada de Fran Beltrán y Echeverri. Sí lo haría, en cambio, Ounahi. Sí. Míchel tenía una carta guardada y la jugó. Y salió bien. El marroquí se inventó una asistencia de muchos quilates a Tsygankov, que se deshizo de Sivera y marcó el segundo. Una obra de arte que adelantaba a un Girona que ahora sí tenía el partido en la mano. El saco, sin embargo, no estaba bien atado y Boyé, a dos minutos del final, arruinó la fiesta en un balón colgado al área. Volaban dos puntos. O se sumaba uno.

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