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Andà p'alla, bobo

¡Uf!, no sé quién está peor, si Flick o Arbeloa, si Laporta o Florentino

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

Emilio Pérez de Rozas

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Bueno, claro, al final tendrá que ganar uno u otro, no hay más, no hay otros, pero la verdad es que no me gusta nada la orina de los enfermos. Ya ni les digo, si observan el aspecto que ofrecen los cuatro, escondidos, cariacontecidos, tristes, descolocados, desencantados, sin saber qué les pasa, a los cuatro, sí, sí, a los cuatro, creyéndose, los cuatro, que eran los reyes del pollo frito.

Observas al intocable Flick (veremos hasta cuándo), encarándose con el pobre periodista de la tele que lo único que hacía era preguntar y obligándole, de mala manera, aunque, luego, dicen (pero no lo vio nadie), que lo arregló, a pedir (casi) disculpas y empiezas a pensar que ese señor, tan alemán, también tiene su corazoncito, que empieza a estar en horas bajas, aunque esta tarde puede recuperar (se trata de un partido con el Levante) parte del ánimo, pero solo parte.

Lo ves reuniéndose con sus futbolistas, sin esconderse, gesto hermoso y valiente, para preguntarles qué les pasa, posiblemente porque ni él ni sus 236 ayudantes, bueno, ya serán menos, pero son un montón, saben qué les ocurre, por qué pierden, por qué no juegan como el año pasado, por qué les golean, por qué están poniendo el triplete, sí, sí, el triplete, en peligro.

Si un entrenador de ese nivel le pide a sus jugadores que le cuenten qué les pasa…¡miau!, ¿verdad? Y, si, poco después, el mismo intocable 'míster' afirma (otro gesto de sinceridad y valentía) que les falta un líder, entonces es que el aspecto del enfermo es preocupante, insisto, aunque esta tarde le metan cinco al Levante.

Hansi Flick, técnico del Barça.

Hansi Flick, técnico del Barça. / JORDI COTRINA

No sé, ustedes mismos, yo creo que si, casi dos años después, te das cuenta que no tienes un líder, algo ha fallado. Tienes un problema. Y, tal vez, tú y Deco no habéis hecho las cosas tan bien, tan bien, como dice el presidente. Ese Iñigo Martínez, que dejasteis escapar, así, a las buenas, debía ser importante en ese vestuario pero, va, que se vaya, nosotros lo arreglamos todo. Y, no, no todo se arregla con ‘pit i collons’. Y menos si eres alemán.

Solos ellos están ahí dentro, por descontado. Dicen que Raphinha es un líder e, incluso, el ‘alter ego’ de Flick en el campo. Dicen. Da la impresión de que De Jong y Eric son tipos con carácter para ser los líderes, pero, ¿verdad?, los han maltratado tanto a los dos, que no sé, no sé. Da la impresión de que, cuando crezca, Joan García apunta a algo así. Mira, algo que Ter Stegen siempre tuvo, pero que jamás se valoró lo suficiente. Y hasta, tal vez, el atrevimiento (bien entendido, ¡muy bien entendido!) de Lamine Yamal le da para convertirse en ‘el jefe’.

Estaría bien que recordásemos ahora, mira, bajo la llamativa lona de Marc Ciria, que nos pasamos un montón de años diciendo que Leo Messi no era un líder. Y es que tengo muchas dudas de que un líder de entonces pudiese funcionar, ahora, en el fútbol del siglo XXI, con las nuevas generaciones. Y es que si Flick, que parece tenerlo todo controlado, no tiene controlado algo tan importante como saber quién es su líder, fuera y dentro del campo, fácil, fácil, no lo tiene el Barça. Y es que no lo tiene.

Flick empieza a no entender algunas, muchas, de las cosas que le ocurren. A Arbeloa, le regalan el liderato de LaLiga y, como novato que es, lo pierdo en el primer partido que lo luce. Laporta no teme a nadie y se cree fácil ganador. Y Florentino sigue pensando que los árbitros le persiguen.

Como tampoco lo tiene, ¡vaya que no, el altivo Álvaro Arbeloa, que anoche se dio un buen castañazo en Pamplona, un estadio, un terreno de juego, un ambiente, un equipo, un pueblo, un deseo, donde han perdido todos los grandes. Y han perdido bien. El problema, ¿verdad?, es que te regalan el liderato y te dura lo que te dura y, encima, sigues dando una imagen pésima, aunque los vocerosflorentinistas’ continúan creyendo en ti y parecen dispuestos a darte el tiempo que le negaron al despistado de Xabi Alonso.

Claro que si observas a Joan Laporta, tienes la sensación de que piensa, como siempre, que no le ocurrirá nada, que lo tiene tan fácil (para ganar las elecciones, digo), que por eso no hace nada, bueno sí, repetir el cántico de “contra todos y contra todo”. Si algo no le ha preocupado jamás al presidente (porque sigue siendo presidente, ¿verdad?) es el ruido. Él sabe cómo manejar el ruido e, incluso, cómo provocar más ruido que nadie.

Y si intentas adivinar cómo está Florentino Pérez, entonces piensas, en efecto, que el fútbol español no está, de momento, para tirar cohetes, aunque Javier Tebas, su presidente y hacedor, diga que no tenemos nada que envidiar a la Premier League donde, ya le digo yo, que es imposible que un árbitro no vea penalti en el pisotón de Courtois a Budimir.

Alvaro Arbeloa, técnico del Real Madrid, durante el partido de Copa ante el Albacete

Álvaro Arbeloa, técnico del Real Madrid. / Associated Press/LaPresse / LAP

Porque lo gordo del penalti de El Sadar, lo gordo, no es que lo fuese desde el minuto uno y Quintero González gritase y cantase que era puro cuento, “¡teatro del bueno!”, del goleador. No, no, lo gordo fue que le mostró tarjeta amarilla, claro. Y, más gordo aún, que luego, visto en el monitor, admitiese todo lo contrario: "penalti y, perdón, perdón, le quito la tarjeta".

Me temo (o no) que Florentino vuelva a dar órdenes superiores a Real Madrid TV para que recupere la campaña contra los árbitros, sea el que sea, da igual, que, al parecer, había permitido aflojar. En una sola semana, ha perdido el liderato y su amigo José Mourinho, que se ha borrado hábilmente del partido de vuelta de la Champions en el Santiago Bernabéu (no estará en el banquillo y, por tanto, no podrá perder), amenaza con provocarle una de las peores noches de su vida como ‘ser superior’.

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