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La industria del deporte

Pinchando la burbuja de la Premier, por Marc Menchén

Semenyo (derecha) celebra un gol del City con Marmoush.

Semenyo (derecha) celebra un gol del City con Marmoush. / Dave Thompson / AP

Marc Menchén

Marc Menchén

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Cuando suspiramos por el modelo de la Premier League y su capacidad para fichar casi todo el talento que se pone a tiro, tendemos a ver solo una cara de la moneda. Más derechos de televisión, más patrocinadores globales, más estadios llenos. Pero la otra cara rara vez entra en la conversación: desde la pandemia, los inversores han cubierto más de 3.600 millones de euros en pérdidas sólo en la Premier, y la cifra sube hasta los 5.200 millones si sumamos Championship. ¿Lo peor? Los primeros datos que ya han aflorado de 2024-2025 apuntan a que el agujero contable aún será mayor.

“Claro, Marc, es que ahí inflas el dato con el golpe de la pandemia”. Sí y no. En Premier, el récord de equipos sostenibles ha sido seis en las últimas temporadas, y sólo Manchester City, Brighton & Hove Albion y Brentford FC han demostrado capacidad para serlo de forma recurrente, según datos de Intelligence 2P, la unidad de inteligencia de mercado de 2Playbook. En la Segunda División inglesa, no más de cuatro equipos son capaces de operar bajo criterios de sostenibilidad económica. En 2023-2024, cada equipo en pérdidas se llevó un roto de casi 20 millones de euros.

Pérdidas en la Premier

No hablamos de un matiz contable, sino del verdadero motor que sostiene el modelo. La Premier genera mucho, sí, pero también gasta mucho más de forma sistemática. Y lo hace porque puede permitirse que sus propietarios asuman pérdidas con la expectativa de revalorización futura del activo. El negocio no está en el beneficio anual, sino en la potencial plusvalía futura le vendan el sueño del fútbol a otro inversor.

Ahí está la gran diferencia con el resto de Europa. Mientras en España o Alemania se ha reforzado el control económico para obligar a que la masa salarial se ajuste a los ingresos ordinarios, en Inglaterra la lógica ha sido otra: crecer primero, y ordenar ya otro día. Hasta los cambios introducidos este año, se aplicaba el “sigan, sigan” mientras el agujero no superase los 105 millones en ciclos de tres años y, eso sí, el accionista cubrie el agujero.

Pero ese modelo empieza a tensarse. Las nuevas reglas de sostenibilidad financiera de la UEFA limitan el gasto deportivo al 70% de los ingresos. Y la propia Premier ha endurecido su normativa interna para que el gasto en plantilla deportiva esté ligado a los ingresos y no al pulmón financiero de los inversores.

Eso no significa que el músculo financiero inglés vaya a desaparecer, pero sí que la burbuja empieza a tener límites. Porque cuando uno mira la foto completa, descubre que buena parte del dominio reciente se ha financiado a crédito accionarial. Y que el equilibrio competitivo no solo depende de cuánto facturas, sino de cuánto estás dispuesto —o puedes— perder.

Poderío inglés

Podemos admirar el poderío inglés y lamentarnos porque una parte del talento de LaLiga se va para las islas, pero idealizarlo es no entender la realidad. O aceptar que lo que queremos es clubes que no estén en manos de sus socios y en riesgo permanente de ir a la quiebra o al descenso si alguien se cansa de juguete.

Admirarlo es legítimo, pero asumamos que a los que tanto comparan, en realidad su fórmula no les gusta. La Premier no es solo un campeonato que vende mejor que nadie; es también un ecosistema que ha aceptado convivir con pérdidas estructurales a cambio de crecimiento y hegemonía. Y esas facturas alguien tenía que pagarlas.

La pregunta ahora no es si seguirá fichando estrellas. Es si podrá hacerlo al mismo ritmo cuando el grifo del accionista se cierre -o se lo cierre a regulación- un poco más. Porque entonces, más que una cuestión de glamour, estaremos hablando de pura disciplina financiera.

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