Juegos Olímpicos Milán - Cortina 2026
Maria Costa, la debutante olímpica de Santpedor en esquí de montaña: "Nada cae del cielo"
La esquiadora debutará en los Juegos este jueves junto a Ana Alonso, Oriol Cardona y Ot Ferrer

Maria Costa, debutante olímpica en esquí de montaña. / @mariacostadiez

Maria Costa (Santpedor, 2002) ganó dos medallas en el Juegos Olímpicos de la Juventud de 2020, oro en la prueba de velocidad y bronce en el relevo mixto. Con semejante currículum participará por primera vez en el debut de la disciplina en unos Juegos Olímpicos absolutos este jueves en la cita de Milán-Cortina d'Ampezzo 2026 en la prueba de velocidad.
Debuta en los Juegos, que además son los primeros de la disciplina. ¿Qué expectativas tiene?
No me gusta ponerme límites. Si te pones un techo, te limitas y no aspiras a más. El día de la carrera puede pasar cualquier cosa. Creo que llegamos muy preparados todos [Ana Alonso, Oriol Cardona] y aunque las expectativas son altas, aspiramos a todo.
El suyo es uno de los primeros casos de deportistas que empezaron directamente en el esquí de montaña. ¿Cómo fue?
Sí, hasta ahora no era habitual, los deportistas venían de otras disciplinas, pero cada vez somos más. Yo soy de Santpedor, cerca de Montserrat, y desde que soy pequeña subía con mis padres a la Cerdanya los fines de semana: en invierno para esquiar y en verano para estar en la montaña. Lo vivíamos como un estilo de vida, esperaba siempre ese momento con ilusión. Empecé pronto con los esquís y probé algo de fondo y alpino, pero sin llegar a competir. Mis padres hacían esquí de montaña, me dio curiosidad y, cuando tuve material de mi talla, empecé a salir con ellos. Así arrancó todo.

Maria Costa, en los Juegos de la Juventud en Lausane 2020. / COE
¿Cuando empezó a competir?
A los 12 años, en primero de la ESO, mis padres me apuntaron a un club de esquí de Berga, el Mountain Runners Berguedà, con otros niños y niñas que hacían esquí de montaña. Por fín podía compartir lo que me gustaba con gente de mi edad. Me apunté y, a partir de ahí, todo fue llegando: entrenador, salidas de fin de semana, primeros entreamientos… Al principio era muy progresivo, jamás me imaginé llegar a ser “profesional” o que podría llegar a competir en unos Campeonatos del Mundo. Ahora lo pienso y es una idea que jamás me plantée.
Antes de que el 'skimo' fuese olímpico, debía ser difícil visualizar hasta dónde se podía llegar.
Totalmente. Cuando empecé no tenía una idea clara del techo que podía alcanzar. Con el tiempo fui entendiendo que existían estructuras, competiciones internacionales y objetivos. Y en 2018 fui a mis primeros Europeos y competí contra gente fuerte de mi edad.
¿Ahí empezó a ver ese techo?
Tras los Europeos, aquella temporada me di cuenta de que había una oportunidad real de poder llegar a la élite y lo intenté. Fue mi primera carrera internacional y, a partir de ahí, entré en la selección española y he seguido dentro desde entonces. El año siguiente, en 2019, me propusieron irme a Font-Romeu a estudiar el Bachillerato para compaginar estudios y entrenamientos. Allí había una estructura de club y, además, tenía la nieve cerca. Mis padres me apoyaron y lo intentamos.
Ha vivido desde dentro cómo el skimo entró en el radar olímpico.
Sí. A veces lo hablo con Ot. Sentimos que hemos crecido a la vez que el propio deporte y su caracter olímpico. Cuando yo me mudé a Font-Romeu ya sabíamos que en 2020 estarían los Juegos Olímpicos de la Juventud y que se empezaba a plantear la entrada en los absolutos de la disciplina. El desarrollo del 'skimo' y el mío como deportista han ido de la mano y eso me permitió apostar fuerte.
Y esa apuesta le salió redonda al ganar el oro en los Juegos de la Juventud.
Sí. Nadie se lo imaginaba, ni yo. No entraba en los planes. Fue el segundo año en Font-Romeu; nos confirmaron la participación en diciembre de 2019 y en los Juegos salió muy bien. Lo habíamos trabajado mucho, nada cae del cielo.
¿Esa victoria le metió presión para las siguientes citas?
Me ayudó, pero el equipo y el entorno hicieron un gran trabajo para mantenernos con los pies en el suelo. Teníamos 17 años y necesitábamos una guía. Nunca sentí eso de 'ya lo tengo hecho'. Sabía que había que seguir trabajando. Incluso me preocupaba esa idea de que quien rinde muy joven luego no llega a sénior. Disfrutamos el momento, estábamos en una burbuja muy chula, pero jamás dejamos de picar piedra y por eso estamos hoy aquí.
La plaza olímpica se decidió en diciembre y se vivió con tensión. ¿Cómo fue ese tramo final?
El año 2025 fue muy tenso. En verano incluso soñaba con las mil cosas que podían pasar. Llegó a convertirse casi en una obsesión porque te lo juegas todo en un día y, en sprint, pueden pasar mil cosas: perder una piel, caerte, romper un esquí… Me pasé el año pensando en el 7 de diciembre en la Copa del Mundo que iba a ser decisiva. Éramos tres deportistas peleando por esa segunda plaza. Yo intenté centrarme en mi camino: cuando supimos los criterios, nos pusimos a trabajar en lo que debíamos mejorar y, cuando llegó, fue una alegría enorme compartirlo con mi familia.
¿Qué le gusta hacer cuando no está entrenando?
Me gusta cocinar y estar activa, pero he tenido que aprender a parar. Estar en el sofá, leer, desconectar de verdad. Cuando termina la temporada me gusta viajar, aunque no puedo porque priorizo entrenar y descansar.
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