DOS DERROTAS CONSECUTIVAS
Febrero negro: a Flick se le descose el Barça y le abandona el gol
La crónica: El Barça se desmorona y se deja el liderato de la Liga ante un Girona monumental (2-1)
La contracrónica: Con lo caro que está el penalti con Soto Grado, va Lamine Yamal y lo falla
Las reacciones: Flick se muerde la lengua con Soto Grado: "No quiero quejas y excusas, todo el mundo lo ha visto"

Los jugadores del Girona se felicitan tras la victoria sobre el Barça ante la decepción blaugrana. / Jordi Cotrina

Anda de los nervios. Y no lo puede ocultar. Se le ve casi hablar más con los árbitros que con sus propios jugadores preguntando a los periodistas sobre los árbitros, que lo sacan de quicio. En apenas cinco días, Hansi Flick, el técnico del Barça, picó la puerta del vestuario del Metropolitano para pedir explicaciones a Martínez Munuera por el gol anulado a Pau Cubarsí tras casi siete minutos de compleja revisión del VAR en la que desapareció de manera asombrosa el examen de la máquina para dar paso a las líneas humanas.
El 4-0 del Atlético en la Copa era "una lección", como admitió el alemán. Una lección nada aprendida porque el Barça, un mal estudiante, caía también con el Girona, perdía el liderato con el Madrid (Arbeloa tiene ahora dos puntos de renta) y Flick salió, nada más acabar el partido a exigir explicaciones a Soto Grado.
Ese colegiado que no vio el pisotón de Echeverri a Koundé -ni fue llamado tampoco por el VAR- en esa acción previa al 2-1 que certifica el febrero negro del Barça, que encadena dos derrotas, con un contundente parcial (6-1). Dos caídas sin respuesta, desfigurado e irreconocible el Barça de Flick.

Hansi Flick pide explicaciones al cuarto árbitro en la banda mientras los jugadores del Girona celebran el segundo gol. / JORDI COTRINA / EPC
Vive angustiado, al borde de la eliminación en la Copa y destronado de la cima de la Liga por errores de tal magnitud que han desfigurado su rostro: no presiona, no marca, no defiende, no gana….. Suficiente argumentos para que de repente se haya visto la imagen del Flick más enojado. Tanto con los árbitros como con su equipo al comprobar que no aprende.
Problemas estructurales
Tampoco el técnico sabe resolver los problemas estructurales que han deshilachado al Barcelona en una semana trágica. Trágica porque ha perdido el hilo de su juego cayendo en contradicciones que delatan su frustración. Vivía la pasada temporada de su enorme puntería y contundencia, agarrado al tridente mágico integrado por Lamine Yamal, Lewandowski y Raphinha.

Pau Cubarsí, tras marcar el 0-1 del Barça. / Jordi Cotrina
Era (ya no lo es) una máquina de hacer goles de todo tipo y pelaje. Una máquina que ahora anda atascada, con el punto de mira tan desviado que en los dos últimos partidos (Atlético y Girona) solo ha anotado un tanto. Y no fue de ninguno de esos delanteros que sostenían el andamiaje con tanta solvencia.
Un gol, además, estéril porque el cabezazo de Pau Cubarsí fue remontado luego con fiereza por el Girona, quien desconectó al Barça de Flick en una soberbia segunda mitad convirtiendo a Joan Garcia, su portero, en el mejor del partido firmando siete paradas, dos de ellas (el derechazo de Iván Martín -m.72- y el disparo de Joel Roca -m. 75-) espectaculares.

Lamine Yamal ejecuta desde el punto de penalti. / JORDI COTRINA / EPC
No es que no marque el Barça sino que remata mucho (41 disparos en los dos últimos encuentros), pero sin tino. Apenas ocho a puerta, con tres postes que, además, retratan su infortunio: el larguero de Fermín en el Metropolitano, el disparo de Raphinha, escupido por el poste izquierdo de Gazzaniga, el mismo que repelió el penalti de Lamine.
Ni de penalti anota el Barcelona, que ataca mal y defiende peor con una estructura donde convivían en Montilivi hasta cinco jugadores con alma de delantero (Fermín, Dani Olmo, Lamine, Ferran y Raphinha), con lo que se vacía de tal manera el centro del campo que se convierte en una zona de paso rápido.
Un centro del campo transparente
No hay frontera ni peaje alguno superado en todo momento un solitario De Jong, echando de menos a Pedri, el hombre que da sentido a todo. Y sin él, sus compañeros y Flick viven muchísimo peor porque ha desaparecido la figura del medio centro tradicional encarnada en su momento por Eric Garcia, ahora retrasado a su posición de central. En esos momentos fue cuando el Barça encontró equilibrio.
Ahora, sin embargo, todo ha cambiado. El Atlético (12 tiros, ocho a puerta) galopó feliz por su hogar. Y el Girona (13 remates, nueve a puerta), más de lo mismo. O sea, es un Barcelona sin puntería arriba, con poquísimo gol, agotados y ofuscados como andan todos sus atacantes, que no tiene la inteligencia táctica de interpretar lo que demanda los partidos.
En Montilivi, por ejemplo, volvió a pasar lo que ya es una rutina autodestructiva para el Barcelona. El 0-1 de Cubarsí duró menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Ocurrió ante Brujas (Forbs), Celta (Sergio Carreira), Madrid (Gonzalo), Real Sociedad (Guedes), Slavia de Praga (Lewandowsi en propia puerta) y Girona (Lemar). Gol azulgrana y en menos de tres minutos inmediato gol del rival. Nadie lee en el campo lo que reclama el paisaje del encuentro.
"Hemos defendido muy mal las transiciones, especialmente en la segunda mitad. Estábamos demasiado abiertos, nuestro mediocampo no estaba en la posición adecuada"
"Cuando marcas un gol debes estar especialmente concentrado justo después de ese momento", se quejó con amargura Flick, asumiendo que su equipo no aprende. Cae, una y otra vez, en la misma piedra perdiendo en el camino sus principales señas de identidad.
Ni se reciben soluciones desde el banquillo para reformular a un equipo que solo sabe a jugar a una velocidad, aunque las piernas no estén frescas. Marc Bernal, el centrocampista que debía dar orden y pausa a un equipo desquiciado, fue el quinto y último cambio de Flick. Entró en el minuto 80 por Dani Olmo.

Koundé se duele del pisotón de Echeverri en la jugada del gol del Girona. / Jordi Cotrina
Antes y después siguió jugando el conjunto azulgrana a una máxima velocidad que pierde su razón de ser cuando se estrella contra su impotencia y, al mismo tiempo, carece de respuestas fiables, al menos ante Atlético y Girona, para protegerse cuando el viento se pone en contra.
Apenas seis faltas cometió en Montilivi, el segundo peor registro de la temporada, incapaz de contener las oleadas del equipo de Míchel. Y ninguno de los infractores era centrocampista, señal de lo partido que estaba el Barça: Lamine, con dos faltas, Koundé, Eric, Ferran y Roony frenaron de manera ilegal al Girona.
"Hemos defendido muy mal las transiciones, especialmente en la segunda mitad. Estábamos demasiado abiertos, nuestro mediocampo no estaba en la posición adecuada", confeso un cada vez más preocupado Flick, asumiendo que sus jugadores están “un poco cansados”.
Dos días libres a la plantilla para resetear
Pero detrás de esas fundadas quejas arbitrales, el Barcelona se ha desplomado por sus propios errores, como se vio en Anoeta, Metropolitano y Montilivi con medidas que no le han reactivado. Terminó el alemán con Araujo de delantero centro, después de que Roony, que había suplido a Raphinha, actuara en tres posiciones distintas en poco más de media hora que estuvo en el campo.

Lamine Yamal se encara a Joel Roca tras una dura entrada. / Jordi Cotrina
Era el síntoma de la desorientación que se vivía. Empezó el sueco de extremo zurdo, fue retrasado a interior desplazando a Fermín a la banda izquierda, y terminó de extremo derecho. Cambios, ademas, que no cambiaron nada en un Barça, el de Flick, que de pronto se atormenta porque siente que le ha abandonado el gol.
Por eso, el técnico, y como primera medida para despertar a su equipo, lo que ha hecho es dar dos días libres a la plantilla. No quiere ni ver a los jugadores durante 48 horas porque necesitan "reiniciarse”, como dijo el alemán. Nervioso anda Hansi, obligado a coser con urgencia ese traje que se le ha roto.
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