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Golpe Franco

Peor imposible..., quizá, por Juan Cruz Ruiz

Es muy triste el resultado, pero es peor la sensación de que el Barça, sin dirección y sin orden, fue siempre peor que el Girona.

Koundé se duele del pisotón de Echeverri en la jugada del gol del Girona.

Koundé se duele del pisotón de Echeverri en la jugada del gol del Girona. / JORDI COTRINA / EPC

Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

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Quizá el Barça está purgando un pecado. Lo cierto es que en las últimas dos semanas le ha regalado a la historia reciente lo peor de su temporada. Como si desde algún lado de su alma algo se le haya roto y ojalá que no para siempre.

La semana pasada la culpa fue del portero, esta vez el portero fue la única garantía, el que impidió que la vergüenza fuera parte del resultado. Me enfrenté al partido como si aquel desastre fuera un accidente que podría tener paliativos. Sin embargo, poco a poco este partido sin ilustraciones fue explicando, minuto a minuto, que ese Barça que nos parecía invencible hace dos o tres semanas, ahora se tendrá que remover de sus pobres cenizas para ser otra vez aspirante al futuro.

Es muy triste el resultado, pero es peor la sensación de que, sin dirección y sin orden, fue siempre peor que el Girona. Son ya demasiados avisos como para pensar que esta derrota no es también un modo que tiene el equipo, y los que lo llevan, de resolver su litigio con la calidad.

Nada más empezar el partido yo sentí que este Barça iba a ser, otra vez, el más eficaz de la temporada, tan solo por desquitarse de la humillación más reciente y más peligrosa: la que le propició sin paliativos el otro equipo de Madrid.

Juega a perder

Muy pronto se cansó el Barcelona de aparentar que era igual que el que suele mostrar su calidad. Ni de lejos este Barça de ahora es el Barcelona de las remontadas. Alguna vez cito la canción de Los Secretos sobre el muchacho que se vuelve vulgar cuando se baja de cualquier escenario. Ese es el Barça de estos días; no juega mal solamente, sino que juega a perder, está perdido en el aire sin sal de su ineptitud, dejado de la mano de un dios que no tiene piedad: el contrario.

Ante el Atlético de Madrid se presentó como un equipo diezmado, pobre, y ante el Girona fue pobre desde el primer momento. Gracias a Joan Garcia no abrazó una a una las tremendas dentelladas del equipo contrario, en seguida que el partido lo puso a prueba.

La goleada de Madrid, visto este partido de anoche en retrospectiva, no es nada con respecto a la humillación de Girona. Porque al menos la paliza del Atlético agarró al Barça lamentando el gol que se dejó marcar Joan Garcia. La paradoja ahora es que todo el equipo está mal, menos el portero.

Yo he sentido vergüenza, como Eric, que lloró. Yo no no he llorado porque tenía que escribir esta crónica.

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