FÚTBOL
Guardiola, dueño de sus tiempos y de su conciencia: un discurso humanista ante las dudas sobre su continuidad
Mientras crecen las dudas sobre su continuidad en el Manchester City, el técnico de Santpedor afronta el posible final de su era en Inglaterra con una actitud liberada

Pep Guardiola, entrenador del Manchester City, en un partido reciente de su equipo. / ADAM VAUGHAN / EFE

La figura de Pep Guardiola, después de tantos años en primera línea, sigue generando tanta fascinación como misterio. En la Premier League cerrará pronto su décima temporada y una nube sospechosa flota amenazante sobre la actualidad del Manchester City. No es nueva. Viene y va cada vez que caduca su contrato, pero ahora parece una nube más negra, y eso que renovó hace poco hasta 2027. ¿Está en la cuenta atrás? ¿Pondrá fin este verano a su dinástica era en el Etihad?
Los artículos periodísticos y los podcasts dedicados a la Premier abordan el asunto desde hace unos cuantos días. En las ruedas de prensa se le pregunta de forma regular de diferentes maneras. Guardiola, siempre muy celoso de su privacidad, de sus decisiones y de sus tiempos, se muestra esquivo. Y entonces solo cabe leer entre líneas, tratar de interpretarle, a veces buscando señales, o hurgando entre bastidores del City. Un misterio.

Pep Guardiola celebra un gol del Manchester City. / ADAM VAUGHAN / EFE
Jamie Carragher, el que fuera defensa del Liverpool reconvertido en un locuaz analista, se mojó en un artículo reciente en el Daily Telegraph. Refiriéndose a él como el mejor entrenador de la historia, escribió: "Parece que estamos presenciando el último baile de Guardiola en Inglaterra. Las pistas se acumulan y apuntan a que pondrá fin a su reinado en el Manchester City al final de esta temporada, con planes de sucesión en desarrollo y la reciente actividad de fichajes de su club que delatan que sus directivos hacen todo lo posible para asegurar que se marche con otro trofeo".
Todos hablan de pistas, nadie expone certezas. Quizá ni él sabe qué va a hacer aún. Cuando encadenaba una racha de malos resultados, renovó por dos cursos, una manera de impulsar a la institución en medio de un agujero de resultados. Pero si se quieren encontrar señales sobre el advenimiento del fin, las hay. La primera, la marcha de Txiki Begiristain este pasado verano, el mejor cómplice de su obra monumental. Su restaurante en Manchester, Tast, ha bajado la persiana para siempre. Y The Athletic divulgó un tanteo de la dirección con Enzo Maresca, el extécnico del Chelsea y exasistente del técnico de Santpedor. El italiano, Xabi Alonso y Cesc Fàbregas figuran en la terna de candidatos a sucederle, a decir de algunos periodistas que siguen el día a día del club, en caso de que ciertamente opte por parar.
Discurso humanista
Es el City un club que gira alrededor de la personalidad de Guardiola desde que aterrizara en 2016. Y más después de sus éxitos. No solo ha proporcionado a la entidad su etapa de mayor esplendor, sino que ha transformado el fútbol de Inglaterra. Llegó con la reputación de un idealista con todos los visos de estrellarse contra un hábitat muy identitario y ahora nadie concibe otra manera de entender el juego que no sea la suya. Por eso tiene el lujo de poder decidir cuándo y cómo irse. Solo Jürgen Klopp en Liverpool ha contado con tal privilegio.

Pep Guardiola en el concierto en favor de Palestina / Marc Font / ACN
La incertidumbre sobre su futuro ha ido aparejado a su apasionado posicionamiento humanitario. Este pasado viernes hizo un alegato en defensa de la inmigración a raíz de unas ruidosas declaraciones de Jim Ratcliffe, dueño del Manchester United, en que habló de "colonización" foránea en el Reino Unido. Y la semana pasada, tras su participación en Barcelona en un concierto-manifiesto a favor de Palestina, invitó a la reflexión, al elogio, a la fascinación y también a la tergiversación cuando le preguntaron por ello en su regreso a Inglaterra.
Fue un discurso más propio de una asamblea de la Unesco que de una sala de prensa deportiva, pero ya se sabe que Guardiola, pese a sus rasgos obsesivos sobre lo que ocurre en un terreno de juego, cuenta con las herramientas para expresarse con elocuencia de otros temas más complejos.
Estas son algunas de las frases que dijo. Una: "Nunca en la historia de la humanidad hemos tenido tanta información frente a nuestros ojos: el genocidio en Palestina, lo que pasa en Ucrania, lo que pasa en Rusia, lo que pasa en todo el mundo, en Sudán, en Minneápolis, en todas partes. ¿Hay alguien a quien no le afecte?". Otra: "Me duele la situación en Gaza. No es un tema ideológico; es una preocupación humanitaria. Estamos viendo niños de tan solo 4 o 5 años perdiendo la vida en bombardeos o en un hospital que ya no funciona". O esta otra: "Con toda los avances y toda la tecnología, podemos llegar a la luna, pero aquí en la Tierra nos matamos unos a otros, y ¿para qué?".
Rory Smith, anfitrión de un celebrado podcast sobre la Premier, definió su discurso como “política de John Lennon, de mundo sin fronteras y eso. ‘No quiero ver niños muertos’, dijo. ¿Quién puede estar en contra de eso? No son opiniones controvertidas”. Pero parcialmente lo fueron y algunos le pretendieron maniatar con la fórmula habitual cuando lo escuchado no concuerda con su ideología: que se centre en hablar de fútbol.
¿Incongruencia o valentía?
En la ensalada de opiniones que generó, se recordó que el Manchester City es propiedad a nivel individual del vicepresidente de Emiratos Árabes, país acusado de participar en las matanzas en Sudán, aparte de ser una autocracia con graves violaciones de los derechos humanos. Algunas resaltaron la contradicción, otros ensalzaron que se atreviera a mentar a Sudán en la ecuación. “No soy perfecto”, remarcó el entrenador en algún momento de su alegato pacifista.
Cabe imaginar que no será ajeno a la incomodidad que posiblemente sienten los seguidores del City más concienciados. Quizá, como ellos, ha llegado a la conclusión de que la puridad absoluta es imposible, que cualquier ideología individual sufre embates de incongruencia y que también tiene derecho a compartimentalizar.

Pep Guardiola dialoga con el árbitro Paul Tierney tras un partido de la Premier. / PAUL ELLIS / AFP
En cualquier caso, y enlazando los dos asuntos, se percibe en este curso a un Guardiola muy liberado, a veces desatado, quizá nunca tan crítico con los árbitros y el uso del VAR como ahora. Su equipo, bien reforzado en este mercado de invierno, mantiene la persecución del Arsenal en la Premier, ha entrado en el top-8 de la Champions y se ha clasificado para la final de la Carabao Cup. No es aún la máquina demoledora de antes, cuando taladraba a los rivales en su área y bombardeaba hasta la demolición, pero se percibe que la reconstrucción completa no está lejos.
Quizá termine la obra, quizá la deje en otras manos. Pueda que concluya que ya ha llegado la hora, a sus 55 años, de dedicar más tiempo a jugar al golf bajo el sol del Maresme. Como siempre, porque mea con la suya, los tiempos no los marcará nadie más que él. Es una prerrogativa que, sin duda, se ha ganado.
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