Segunda Vida (34)
Chuso García Bragado: "Era muy anárquico. Con mi carácter, me enfrentaba a todo el mundo"
Sara Hurtado: "Perdí hasta mi identidad al retirarme: ¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿Por qué me tengo que levantar mañana?"
Berta Castells: "No fui a EEUU porque creía que podía hacer lo mismo allá que en Torredembarra"

Jesús Ángel García Bragado posando para EL PERIÓDICO en el Parc Fluvial del Besòs, en Santa Coloma de Gramenet. / Zowy Voeten

Ningún atleta en el mundo ha competido en tantos Juegos Olímpicos como Jesús Ángel 'Chuso' García Bragado (Madrid, 1969), presente en hasta ocho citas olímpicas en la prueba de los 50km marcha; desde Barcelona 92, con 23 años, hasta Tokio 21, con 51. Dedicado en cuerpo y alma a su disciplina, compitió en 13 mundiales en los que logró un oro y tres platas. No consiguió el ansiado metal olímpico, aunque en Atenas 04 y Pekín 08, donde terminó quinto y cuarto, varios medallistas acabaron implicados en escándalos relacionados con el dopaje. Ahora, y tras su paso por la política como concejal del PP en Lleida y Sant Adrià del Besòs, se dedica a la podología en Lleida y sigue vinculado a la marcha desde las categorías inferiores en la federación de atletismo.
¿Cómo está su cuerpo?
Después de retirarme, el cuerpo no me aguanta igual. La cadera aguantó, pero obviamente la castigué bastante. A veces echo de menos poder hacer los entrenamientos que hacía antes o acompañar a los chicos un poco en los entrenamientos que hacen, pero afortunadamente he encontrado alternativas como la natación, la bicicleta o el gimnasio.
¿Llegó a sentir vértigo al retirarse tras casi tres décadas en la élite?
Lo más normal es no poder escoger cuándo retirarse, yo ni me hubiese imaginado poder diseñar un plan de retirada tan bueno. Terminé donde quería, en los Juegos de Tokio, y después ya tenía mi plan B preparado: poder incorporarme poco a poco a la profesión de podólogo, seguir contando para la federación de atletismo y ser embajador de la marca Joma, que me permite seguir yendo a los campeonatos.
Decía que en sus últimas preparaciones había momentos en que se preguntaba qué estaba haciendo.
Con 50 años te coge con muchas más obligaciones y no es habitual que estés todavía priorizando el entrenamiento. En los últimos campeonatos me encontraba más a gusto con los entrenadores que con los atletas, me notaba un poco desubicado. Ellos también me veían mayor.

Jesús Ángel García Bragado posando para EL PERIÓDICO en el Parc Fluvial del Besòs / Zowy Voeten
Y con 50 años empieza a hacer prácticas de podólogo.
Sí, me reciclé por completo para poder dedicarme a la profesión. Yo tenía la diplomatura de podología y me propusieron volver a estudiar y pasar de la diplomatura al grado. Hubo momentos un poco duros por el salto tecnológico y el estar en un ambiente con gente mucho más joven, pero tuve la suerte de dar con un grupito de gente también veterana que me ayudó mucho a sacar adelante la carrera.
Debuta en Barcelona 92 y al año siguiente, gana en su estreno en un mundial, en Stuttgart. ¿Ese triunfo cambia su carrera?
Lo que más me cambió fue haber podido ir a los Juegos de Barcelona porque yo en ese momento estaba en Madrid, había hecho una FP en artes gráficas y me acababa de matricular en ingeniería industrial. Pero yo lo que quería era entrenar y ver hasta donde podía llegar. Me conseguí clasificar para Barcelona 92 dejando sin plaza olímpica a Jordi Llopart, no era cualquiera cosa. Ir a los Juegos, el Plan ADO y todo lo que significaron para la ciudad y para el deporte español me hizo ver que me podía dedicar a esto. Ser campeón del mundo no me lo esperaba y de hecho a lo mejor me perjudicó, porque me pensé que lo que vendría iba a ser mucho más fácil.
¿Eso cree?
Sí, a lo mejor me lo habría planteado de otra manera. Pero es verdad que yo tuve el hándicap de coincidir con un polaco que se llamaba Robert Korzeniowski [cuatro oros olímpicos y tres oros mundiales] que lo ganaba todo. No pudieron con él ni los rusos que iban dopados. Sin Korzeniowski hubiera podido ganar uno o dos mundiales más.
No consiguió ganar una medalla olímpica y uno de los medallistas de Pekín acabó suspendido por dopaje. Debe doler no tener esa medalla.
Claro. Ahora estoy en la Comisión de Deportistas del Comité Olímpico Español y duele ir allí y ver las fotos de todos los que han conseguido medallas para el deporte olímpico español y ver que tú no tienes foto ahí y que has estado tan cerca. En Pekín quedé cuarto y luego supimos que de los dos que quedaron por delante, al menos uno, el italiano, recurría a prácticas dopantes. En Atenas, donde quedé quinto, después también cazaron en controles sorpresa a los dos atletas rusos que estaban delante. Tienes casi la certeza de que has podido subir al podio pero has tenido gente delante que estaba haciendo trampas.

García Bragado, en los JJOO de Pekín en 2008. / Alberto Estévez / Efe
Empezó en el atletismo en el Colegio Tajamar. Su primer entrenador, Lázaro Linares, explica que usted le dijo que quería ser un campeón.
En aquella época, por el 86, los ídolos del atletismo eran José Manuel Abascal y José Luis González, todos queríamos hacer medio fondo como ellos. Cuando ese año vi a Miguel Ángel Prieto ganar el bronce europeo en 20km marcha, como era de Madrid como yo, le comenté a Lázaro que quería probar la marcha. Me dijo que esto era para masocas y le respondí que a mí me daba igual, supongo que me salió del corazón. Y así empecé a hacer marcha, dando vueltas por el colegio.
¿Sobreentrenaba mucho?
Muchísimo. Lo descubrí, claro, en los últimos años, que ya me arriesgué a hacer cosas que a lo mejor no me hubiera atrevido a hacer en otra época, como bajar mucho los volúmenes de entrenamiento las últimas semanas. Yo escuchaba que Korzeniowski hacía entre 60 y 80 kilómetros semanales las últimas dos semanas y yo me pasaba de 100, hacía el doble. He sido una persona de mucho entrenamiento, muy estajanovista. De hecho, los italianos me llamaban 'el hombre de mármol'. Estuviera bien, mal o regular, siempre terminaba.
Su padre le acompañaba en sus entrenamientos al inicio.
Yo fui un poco autodidacta. De hecho, al final llega un momento en que me dejan entrenar solo a partir del año 2000. En el 93, el año del mundial de Stuttgart, mi entrenador tenía problemas de trabajo y le dije que me diera el plan de entrenamientos para todo el verano y que ya me apañaba. Mi padre tenía un taxi y me acompañaba por las tardes a Navacerrada a hacer entrenamientos en altitud para huir del calor.
En el 96 toqué fondo, me había convertido en un anárquico. Venía de ganar el Mundial y preparé muy mal los Juegos de Atlanta"
Después de los Juegos de Atlanta 96 decide marcharse de Madrid e ir Barcelona a entrenar. ¿Por qué?
En el 96 toqué fondo, me había convertido en un anárquico. Venía de ganar el mundial y preparé muy mal esos Juegos, no fui consciente del clima de Atlanta y tenía un carácter que me enfrentaba a todo el mundo, al entrenador, al presidente… era indisciplinado y decidí dar un cambio y entrenar con Jordi Llopart. Jordi siempre fue muy soñador, muy visionario, y sabía motivar muy bien, me cambió mucho la mentalidad a la hora de plantear las carreras y valorar más los resultados.
Después de Llopart empieza a entrenar solo.
En el año 2000, Jordi tenía una serie de problemas y no dedicaba el tiempo que yo esperaba que tenía que dedicar. Hablé con José Marín, que era el responsable de la marcha de la Federación Española, y por la fama de mi temperamento me propuso que me entrenara solo. Eso sí, he tenido la gran fortuna de trabajar casi todos los años con el médico Xavier Leibar, que ya había ayudado a los maratonianos españoles a ganar ese famoso triplete de medallas en el Europeo de Helsinki 94. Todos los aspectos fisiológicos, de preparación y suplementación me los ha enseñado él. Además, sabías que nunca te iba a meter en líos ni, como él siempre decía, entrar en el pecado.

García Bragado, en los JJOO de Atenas en 2004. / SERGIO BARRENECHEA / EFE
¿Conseguir el récord de participaciones en los Juegos Olímpicos le llegó a obsesionar?
No. Llegar a seis o siete participaciones sí que fue un objetivo. Fue cuando se anunció que en Tokio se iban a hacer los 50km de marcha por última vez que tuve clarísimo que tenía que ir y me volví a poner a entrenar para conseguirlo. Dejar de ser concejal [en 2019, el PP perdió la representación en Sant Adrià del Besòs] también me permitió preparar un mundial como no lo había preparado desde hacía 10 años y gracias al mundial de 2019 conseguí clasificarme para Tokio. Ya estaba tocado de la cadera y los juegos estaban previstos para el 2020, no para el 2021, eso trastocó todos los planes. Allí ya fue ir a participar, nunca mejor dicho.
Un atleta en política. ¿No se sentía un bicho raro?
En la política, al final, la cuestión es hacer como un tercer estómago. Si te adaptas a eso, puedes continuar. Hay personas que básicamente se dedican a la política y aguantan carros y carretas y saben serpentear y otras que no. Yo eso lo superé, pero al final no continuar como concejal pues me ha permitido dedicarle más tiempo a otras cosas que estaba haciendo. De hecho, los años de la política fueron complicados, porque la política no tiene horarios e implica renuncias. Me ponía de los nervios estar en una comisión y no saber a qué hora me podía ir para ponerme a entrenar.
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