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Opinión | Atlético-Barça de Copa

Jordi Puntí

Jordi Puntí

Escritor. Autor de 'Confeti' y 'Todo Messi. Ejercicios de estilo'.

La madre de todas las batallas

Hansi Flick abraza a Diego Simeone, durante un enfrentamiento entre el Barça y el Atlético.

Hansi Flick abraza a Diego Simeone, durante un enfrentamiento entre el Barça y el Atlético. / JORDI COTRINA

El pasado domingo, un periódico francés propuso uno de esos debates estériles que alimentan la previa de un partido. Jugaban Paris Saint-Germain y Olympique de Marsella, eternos rivales —bueno, eternos desde hace medio siglo, cuando se fundó el club parisino—, y se preguntaban cómo definirlo: ¿era “le Classique” o “le Clásico”, con entonación castiza? Va savoir! En realidad, la noticia me interesó porque siempre he creído que el “Clásico” original, entre Barça y Madrid, reflejo de los superclásicos argentinos, era solo un invento del fútbol global, por la misma razón que en Alemania se sacaron de la manga “Der Klassiker” (entre Bayern y Dortmund), o en los Países Bajos celebran “De Klassieker” (entre Ajax y Feyenord), y supongo que será lo mismo en otras ligas. Los derbis, como mínimo, buscan la rivalidad de dos equipos de la misma ciudad.

En el fondo, si le doy vueltas a la hipérbole, es porque la eliminatoria de Copa de este jueves entre Atlético de Madrid y Barça es ahora mismo el mejor duelo que se puede ver entre clubes de la Liga española. Pongámosle más adjetivos: el más intenso, incierto, enérgico, ambicioso, espectacular. Y además a doble partido. Son muchos los argumentos para esperar una buena noche de fútbol y goleadas. Para empezar, ambas aficiones recuerdan fechas históricas. En la memoria del Barça brilla esa remontada de hace casi 30 años (5-4) contra el Atlético de Antic&Pantic y con Pizzi como héroe blaugrana. Los colchoneros pueden rememorar el espíritu del 4-4 del año pasado, también en la ida de semifinales de Copa, cuando Sorloth empató en el último suspiro y aguó la fiesta del Camp Nou. Me gusta creer que este bagaje de goles predispone a los protagonistas a jugar con más entusiasmo, y que en noches como esta los dos entrenadores, de estilos antagónicos, defienden con más ganas su propuesta.

Queda por ver si la lluvia en Madrid habrá respetado un césped ya maltrecho, pero cuando me imagino el enfrentamiento, me quedo con el epíteto que en Atenas, cuna de los clásicos, le dan al derbi entre Panathinaikos y Olimpiakos: “La madre de todas las batallas”.

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