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Andá p'allá, bobo

Laporta le regala a su amigo Yuste una noche de gala

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

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Empieza a ser ridículo que el pueblo se crea que, por lo que hace referencia a su persona, a su ‘tarannà’, a su forma de actuar y, especialmente, a la campaña para volver a ser presidente del FC Barcelona, que empezó, no lo olviden, hace más de un año, con la celebración del 125 aniversario del ‘més que un club’ en el Liceo, por cierto, donde no estuvo Leo Messi, es casual, improvisado, ¡vaya, cuánta gente ha venido el día de mi despedida!

Es posible, muy posible, demasiado posible, peligrosamente posible, que Joan Laporta no tenga plan alguno mientras gobierna el Barça en compañía de su familia y, por supuesto, con 'pit i collons'. Ahí sí que creo (ya han visto cuantas veces nos mintieron todos, desde el propio presidente hasta la vicepresidenta Elena Fort) que ha habido una improvisación tremenda que, a veces, rozó el ridículo.

Pero no, en lo del intercambio de insignias de oro por sus 50 años como socios culé, en el antepalco del Spotify Camp Nou, minutos antes de que arrancase el plácido Barça-Mallorca, no solo no hubo improvisación sino que fue hasta vergonzoso. En la despedida, en el Spotify Camp Nou, donde parodió ante los suyos el lema de la lona frente al Santiago Bernabéu (“me voy con ganas de volver a veros”), tampoco hubo improvisación.

Joan Laporta está siendo muy generoso con su amigo Rafa Yuste. No solo lo ha convertido, de pronto, en presidente del FC Barcelona, el sueño de cualquier culé, no solo le ha impuesto la insignia de oro del Barça sino que, anoche, le regaló, ausentándose, una gala de lujo para él solito.

Y, que lo sepan, anoche, la llamativa ausencia de Joan Laporta, en la ‘Nit de la Ràdio’, tampoco estuvo improvisada, ni mucho menos. Laporta no fue porque no quería eclipsar la figura de Rafa Yuste, que no cesa de estrenar, siempre que puede, que es siempre, su nuevo cargo. Así que, además de regalarle una insignia de oro, Laporta le regaló a su amigo una noche de gala.

Hay quien piensa e, incluso, corrió por la gala donde triunfó el gran, el único, el inigualable Joan Manuel Serrat y el no menos prodigioso Raphinha, que si Rafa Yuste ha llegado a ser presidente del Barça, no debe ser muy difícil alcanzar esa meta. Pero sí, todos los precandidatos, todos, desde Víctor Font (16.679 votos) hasta Joan Camprubí Montal, pasando por Xavier Vilajoana y Marc Ciria, creen que hay partido, sí, pero que Laporta parte como claro favorito.

Joan Laporta, amb Rafael Yuste, ahir a la llotja del Camp Nou, on es va disputar el Barça-Mallorca. | JORDI COTRINA

Rafa Yuste y Joan Laporta, en el palco del Spotify Camp Nou. / JORDI COTRINA

Lo que no se entiende, perdón, lo que no entiendo, es por qué todo el mundo, todo el mundo, repite, medita, asegura, está convencido de que si juntos ya tienen pocas posibilidades de ganar, imagínense, ellos, ellos, que se lo imaginen ellos, separados. No tiene ningún sentido.

Y menos sentido tiene que si, al parecer, las bases que sostienen el programa, la propuesta, la idea de Víctor Font y, sobre todo, el mensaje de que estas elecciones son, simplemente, un plebiscito o “Barça o Laporta”, no se hayan puesto de acuerdo ¡ya! en crear, repito, sobre esa idea, que es brillante, una candidatura única, donde cada especialista defienda, organice y exponga su plan, lejos del personalismo y presidencialismo ("yo tomo decisiones") que mantiene con firmeza Laporta, ya saben, solo él tiene el club en su cabeza.

Si los precandidatos comulgan con la propuesta de Víctor Font, en el sentido de que no estamos frente a unas elecciones al uso sino ante un plebiscito "Barça o Laporta", no entiendo cómo no se unen, antes de las firmas, para demostrar que su idea, la de todos, es regresar a los valores que han hecho grande y admirado al 'mès que un club'.

Sé que hay gente trabajando para fusionar a los precandidatos en esa dirección, repito, la única vía de presentar (algo) de batalla. Pero a esa gente, liderada, en principio, por Joan Camprubí Montal, le quedan muy pocos días. Me explicaré. La única manera de acabar con los egos, tan peligrosos en unas elecciones (y no estoy hablando no, de los friquis que dicen que se presentan, no), es ver quién saca más firmas (hay que recoger 2.337).

Si esperan a ese momento, no se los creerá nadie.¿Por qué?, porque si se fusionan después de recoger las firmas, todo el mundo pensará (con razón) que lo hacen para tener algún cargo (importante) en la futura junta, pretendiendo, incluso, que el número de firmas recogidas les facilite una mayor proximidad a la cúspide. Mientras que si unen antes de las firmas, recibirán más apoyos, sumarán y la masa social, cuyo 50%, exactamente el 50%, les da igual quien sea presidente, es más, ni siquiera votan, se los empezarán a tomar en serio, como una alternativa creíble.

Pues eso, insisto, que Laporta haya gobernado montado en la improvisación, no significa, ni mucho menos, que su campaña vaya a ser una excursión de risas, que las habrá, pero ya verán como el primer paso (por eso deben unirse) será enterrarlos así, de entrada, en firmas. Es más, ya las debe tener, fijo.

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