FÚTBOL AMERICANO
La defensa de los Seattle Seahawks apabulla a los New England Patriots en la Super Bowl de Bad Bunny
Drake Maye, el quarterback prodigio de New England, se muestra incapaz de superar la dominante línea de protección de Seattle
Bad Bunny planta la bandera latina en la Super Bowl 2026 para reivindicar que América es mucho más que EEUU

Sam Darnold, quarterback de los Seattle Seahawks, celebra el éxito en la Super Bowl. / Matt Slocum / AP

Una defensa de acero elevó a los Seattle Seahawks en la Super Bowl de Bud Bunny. Los New England Patriots se dieron de bruces una y otra vez contra la musculada línea de protección de los Seahawks, campeones por segunda vez en su historia (29-13). La revancha por la derrota de 2015, cuando fueron derrotados por los Patriots, se consumó 11 años después en San Francisco, sede de una final poco exuberante, algo animada en el último periodo, y sobre todo por el show del descanso del artista portorriqueño.
Fue una Super Bowl de 'drives' cortos y juego a ras del pasto. Escaseó el vuelo del ovalado y las defensas se cuadraron, sobre todo la del equipo dirigido por Mike McDonald en la banda y Sam Darnold en el puesto cardinal de quarterback. El primer touchdown, del equipo del oeste, no llegó hasta el último cuarto. Hasta entonces solo se había puntuado con patadas a la H. Hubo un espejismo de igualdad. Fue breve. La defensa de Seattle acabó de devorar a New England.
Los Patriots aspiraban a destacarse como la franquicia con más Super Bowls de toda la NFL -sus seis trofeos están igualados por los Pittsburgh Steelers- de la mano de Drake Maye, el segundo quarterback más joven en jugar la cita por excelencia del deporte norteamericano. Pero Maye, de 23 años y fama de prodigio, fue atropellado y sepultado por una manada de búfalos, que lo tumbaron una y otra vez. No logró liderar a su equipo y la sombra de Tom Brady se antoja aún demasiado grande. Su día de gloria tendrá que esperar.
Seattle controló con éxito desde el principio los riesgos. Proliferaron los pases a la mano a Kenneth Walker, el 'running back' convertido en muleta de Darnold y elegido MVP del encuentro. Walker percutió sin desmayo en busca del agujero en la retaguardia de los Patriots, un martillo pertinaz. Y los agujeros acabaron apareciendo. Acompañó a la línea defensiva, que dejó en blanco a la franquicia de Boston durante tres cuartos de partido, y también al kicker Jason Myers, quien con cinco field goals batió un récord en la Super Bowl.
Historia de redención
Los mayores honores no fueron esta vez para el quarterback ganador, un Sam Darnold que protagoniza una historia de redención también muy norteamericana. No cumplió las expectativas con que se presentó en la NFL hace 8 temporadas. Fue dando tumbos, de un equipo a otro, sin asentarse en ninguna parte. Hasta que la campaña pasada despegó con los Minnesota Vikings. En su propósito de reconstrucción, los Seahawks apostaron por él y le firmaron un contrato de 100 millones de dólares por tres años. Apuesta acertada.

Sam Darnold y Kenneth Walker, el MVP de la Super Bowl, tras el partido. / KEVIN C. COX / Getty Images via AFP
Es un quarterback de glamour reducido, sin el carisma de otros compañeros del gremio, pero ofrece un equilibrio de prestaciones y ha pasado por delante de estrellas de su generación en presumir de una Super Bowl. "Todos mis compañeros, todos los entrenadores que he tenido, siempre creyeron en mí. Y yo siempre he creído en mí mismo... Mientras creas en ti mismo, todo es posible", proclamó el jugador de 28 años nada más acabar el encuentro, un acontecimiento de masas en EEUU y que crece en todo el mundo.
En audiencia televisiva no tiene rival -récord de 142 millones de telespectadores- y las celebridades desfilan en altas cantidades para impulsar el valor del producto. Se vio en el Levi's Stadium a Adam Sandler, Bon Jovi, Macaulay Culkin, Sofia Vergara, Roger Federer, Jay Z, Travis Scott, Pedro Pascal o J Balvin, por citar algunos. Este año parecía que la actuación de Bad Bunny, tan repudiada por el movimiento MAGA, rivalizaba con el partido en sí.

Drake Maye, el quarterback derrotado de los New England Patriots. / Godofredo A. Vásquez / AP
Al final, la gloria deportiva se impone siempre y la familia de Paul Allen, el cocreador de Microsoft junto a Bill Gates, pudo celebrar el éxito entre los seguidores del estado de Washington. Pasados unos días escuchará, como propietaria de los Seahawks que es, ofertas de los mejores postores. Efectivamente, una franquicia campeona de la NFL está en venta. No podía colgar mejor anuncio.
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