Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Fútbol sala

España vence a Portugal y se proclama campeona de Europa de fútbol sala (3-5)

La selección española recupera el trono continental tras una final vibrante en la que supo resistir el empuje inicial de Portugal, golpear con una pegada letal y dominar la segunda parte con autoridad, liderada por un Antonio Pérez descomunal que firmó un hat-trick y fue elegido el MVP del torneo.

Entrevista con Antonio: "Los estudios me han ayudado a ser más inteligente en la toma de decisiones"

Antonio celebra uno de sus goles en la final de Ljubliana.

Antonio celebra uno de sus goles en la final de Ljubliana. / Futsal RFEF

Mariona Carol Roc

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

El Stozice Arena, testigo de viejos fantasmas, volvió a reunir a Portugal y España ocho años después, pero la puesta en escena española fue un desafío directo a la historia: personalidad, acierto y una eficacia demoledora en una selección que recuperó en Ljubliana la corona europea (3-5) liderada por un fantástico Antonio, gran artífice del octavo título europeo de la historia española.

Portugal salió como un vendaval, presionando arriba, mordiendo cada salida y obligando a España a jugar en zonas incómodas. Varias acciones divididas encendieron las alarmas, pero justo cuando la selección lusa parecía imponer su plan, España encontró el modo de quebrarlo.

En una jugada nacida de la insistencia, un balón suelto tras una pisadita de Pablo Ramírez quedó perfecto para Antonio, que fusiló el 0-1. Un golpe de autoridad en pleno asedio portugués.

El segundo llegó como un trueno. Raya recuperó el esférico, conectó con Cecilio y él mismo apareció en el costado derecho para culminar la acción con un derechazo seco y poner el 0-2 en el marcador. España era un ciclón. Dos llegadas, dos goles, dos ejemplos de precisión quirúrgica en una final que no perdona errores.

Reacción lusa

Pero Portugal nunca se rinde, y menos en una final. Afonso Jesús recortó distancias empujando un balón tras una acción polémica en la que Cecilio cayó al suelo sin que los árbitros señalaran falta. Ese 1-2 reactivó a la selección lusa, que encontró su hábitat natural: el balón parado. En un córner, Rúben Dois recibió en la frontal, se giró con potencia y clavó el empate. El Stozice Arena rugió. El partido, de nuevo, empezaba de cero.

La intensidad se disparó. Cada duelo era una batalla. Portugal, con su presión en 30 metros, encerró a España, que empezó a perder balones peligrosos y a necesitar respirar con posesiones más largas. La selección lusa transmitía más confianza; España, obligada a resistir, buscaba reencontrarse con el balón para recuperar sensaciones.

En medio del intercambio de golpes, llegó una acción clave: la sexta falta portuguesa. En un forcejeo, Erick golpeó con el codo a Pablo Ramírez y España obtuvo un doble penalti que valía oro. Antonio asumió la responsabilidad. Su disparo entró pese a que el portero llegó a tocar el balón con la mano. El 2-3 devolvía la ventaja en un momento crítico, cuando Portugal parecía más cómoda y España necesitaba un impulso emocional.

Altísimo voltaje

El descanso llegó con España por delante gracias a un imponente Antonio, autor de dos goles y líder absoluto en una primera parte de enorme desgaste. Las estadísticas reflejaban igualdad, pero el marcador premiaba la pegada española en un duelo de altísimo voltaje.

La final estaba abierta, vibrante, imprevisible. Y los primeros 20 minutos habían sido solo el prólogo de una batalla que prometía más fuego.

España salió del descanso con una determinación que se notaba en cada pase. El 2-3 no era un refugio, sino un punto de partida. La segunda parte arrancó con una selección más suelta, más reconocible, capaz de golpear con muy poco. Portugal quiso mandar desde la posesión, amasando ataques largos y buscando fisuras, pero cada recuperación española era un latigazo que desnudaba a la defensa lusa.

Las ocasiones comenzaron a caer una tras otra. España encontraba ventajas con facilidad, aceleraba cuando quería y generaba una sensación de peligro constante. Faltaba el último toque, ese detalle que convierte la superioridad en sentencia. Bernardo Paçó mantuvo con vida a Portugal con dos intervenciones decisivas que evitaron el 2-4 y sostuvieron a un equipo que empezaba a sufrir más de la cuenta.

Madurez contra ansiedad

El plan español estaba donde debía: presión inteligente, anticipación quirúrgica y una lectura perfecta de los tiempos. Los de Jesús Velasco jugaban con una madurez que contrastaba con la ansiedad portuguesa. Pero en una final, un error pesa mucho. Cortés, exigido por la presión alta lusa, perdió un balón comprometido. Pany Varela lo cazó al vuelo y asistió a Pauleta, que definió con un toque sutil a la escuadra. Un golazo que devolvía el empate y reabría un partido que España parecía tener controlado.

La respuesta fue inmediata, casi visceral. Antonio, otra vez Antonio. El jugador jiennense, en estado de gracia durante todo el torneo, firmó su hat-trick culminando una jugada combinada que él mismo había iniciado con una paralela para Cecilio. El pase atrás del cordobés encontró a un Antonio desatado, que fusiló la portería portuguesa para el 3-4. España recuperaba la ventaja y, sobre todo, recuperaba el pulso emocional de la final.

El tramo final fue una prueba de carácter. Con poco más de dos minutos por jugar, Portugal apostó por el portero-jugador. El Stozice Arena contuvo la respiración. La defensa española, impecable, tapó líneas de pase y obligó a los lusos a circular lejos del área. Cada segundo era una victoria.

Y cuando el reloj agonizaba, apareció el broche definitivo. Antonio, omnipresente, forzó un saque de banda. En la reanudación, recibió, arrancó y filtró un pase perfecto para Adolfo, que empujó el 3-5 y desató la celebración. España se coronaba campeona de Europa por octava vez.

El título no solo devuelve el trono: devuelve la autoestima, la identidad y la convicción. Portugal fue mejor en la primera parte, pero España supo sufrir, golpear y resistir. En la segunda, la selección fue superior, más sólida, más madura, más equipo. El trabajo de Jesús Velasco y su cuerpo técnico se reflejó en cada detalle, en cada ajuste, en cada gesto de compromiso.

Y en el centro de todo, Antonio Pérez, MVP indiscutible del torneo. Goles, liderazgo, personalidad, ambición. Un europeo gigantesco para un jugador que ha marcado el camino de una selección que vuelve a mirar a Europa desde lo más alto.

Ficha técnica:

3 - PORTUGAL: Bernardo Paçó; Tomás Paçó, Erick, Bruno Coelho, Pany Varela -equipo inicial- Edu Sousa (ps), André Coelho, Afonso Jesus, Rúben Góis, Kutchy, Lucio Jr, Diogo Santos, Tiago Brito, Pauleta.

5 - ESPAÑA: Dídac Plana; Antonio Pérez, Pablo Ramírez, Cortés, Mellado -equipo inicial- Chemi (ps), Cecilio, Ricardo Mayor, Adrián Rivera, Raya, Adolfo, Rivillos, Gordillo, Novoa.

GOLES: 0-1 Antonio Pérez (1’), 0-2 Raya (2’), 1-2 Afonso Jesus (4’), 2-2 Rúben Góis (6’), 2-3 Antonio Pérez (19’), 3-3 Pauleta (29’), 3-4 Antonio Pérez (35’), 3-5 Adolfo (39’).

Suscríbete para seguir leyendo