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Opinión | Apunte

Marchémonos de la Liga

Manolo González, técnico del Espanyol.

Manolo González, técnico del Espanyol. / Alejandro García / Efe

Veníamos de dos penaltis en contra pitados en casa ante el Girona, el segundo de ellos propio de un gag de Benny Hill. Ninguno de ellos mereció revisión arbitral: ni desde el campo, ni desde la sala VOR, para mí bautizada como la sala de VORmitar. Pero se pitó. Y se acabó. Alguien pensó: "A los pericos, ni agua".

Lo de Mestalla fue de traca, porque es absolutamente imposible que en el gol de penalti que facilita la victoria del Valencia en el minuto 94, el asistente, que está a dos metros de la jugada, no vea el empujón grosero que recibe Dolan. Insisto: es imposible. Es que el linier ni siquiera duda con la posibilidad de levantar el banderín con su brazo derecho. En un partido que en ese momento va empatado y con una falta a favor del Espanyol cerca del banderín de córner era una invitación a una posible victoria perica. Esto sólo se explica con una consigna que usted, sea perico o no, puede imaginarse.

En la jugada posterior y presumiblemente la última del partido (¡oh, casualidad divina!) llega el gol del Valencia de penalti. De acuerdo que la pena máxima hay que transformarla y que jamás es sinónimo de un gol, que conozco algunos colegas que por el hecho de recibir un penalti ya suman un gol al equipo del que escriben. Pero bueno, dejémoslo. Falta clarísima que recibe Roberto Sánchez. Eso no es una opinión, porque días después el Comité de Ábitros admite que hay falta no señalada al lateral espanyolista que además recibió una amarilla. Difícil traducir tanto hastío. Y el colegiado, a la nevera. Y aquí no pasa nada. Entonces, ¿para qué narices está el BAR?

Nuestra Liga, que 'ni por fas ni por nefás' es la mejor del mundo, está regida por unos jueces que aplican su criterio en función de los intereses de los clubs económicamente más poderosos. Entonces ya no es una Liga, sino un capricho, o una basura que nos hace perder el tiempo y jugar con los sentimientos de quienes no pertenecemos a esa élite económica. La Liga da asco.

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