Golpe franco
El gol escrito de Lamine, por Juan Cruz Ruiz
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Lamine Yamal celebra su gol, el 0-1 ante el Albacete. / Dani Barbeito / SPO

El Barça tiene mucho más que un talismán, y no porque tenga, y eso es así, a Lamine Yamal. Es que en todas las oportunidades que concurrieron anoche en el partido más importante de esta competición el Barça explicó fútbol como un himno al esfuerzo y a la alegría.
Dicho esto, conviene centrarse por un instante en el gol de Lamine. Ese muchacho ahora ya no es solo un goleador refunfuñado sino un futbolista que, en sus compañeros, busca la esencia del juego, no en su propio trabajo, que es ingente, sorprendente, abundante y seguro.
Ese gol suyo, que parecía resolver el desafío, fue mucho más que un acierto: fue la reiteración de acciones como ésta en la que el gol proviene del aire, como sí atrajera la pelota en las condiciones en que esta parecía volar lejos del ámbito de la cancha para perderse en la nada.
Cruyff, Kubala, Messi
Pues él, que siempre está cerca, hizo de esa oportunidad algo increíble que, perdonen si exagero, lo pone a la altura de aquel gol de Cruyff que parecía saltar por encima de los defensas para regarle al Barça de entonces el mejor gol del que quizá sea el mejor de sus delanteros, con Kubala y con Messi.
Sentí que era como un gol escrito, que se hubiera llevado Lamine como unos apuntes que alguien le regaló antes de emprender el viaje colectivo que ahora desembocó, en Albacete, como el desafío en el que este futbolista se empeña como si siguiera aprendiendo fútbol y no fuera multimillonario de fútbol y de dinero.
El partido tuvo otros momentos, claro está; debe decirse que ninguno de sus futbolistas decepcionó. Estuvo el equipo, me parece a mí, a la altura moral del Albacete, y esto no es un modo de pasarle la mano por encima al equipo local, sino que es una manera de decir que el fútbol es esto, no es una marrullería que le regala al futuro cualquier cosa que se parece al juego, sino que es fútbol verdaderamente el que salió anoche del césped, del estadio y del grito de los aficionados.
Pocas veces he visto esta unanimidad, de calidad, de pasión, de cercanía al balón como esencia de la raíz del juego. Si en el fútbol de hoy no hubiera todavía un canon de lo que es una jugada, guardemos en la memoria para enseñarlo ese gol de Lamine, y guardemos una lección que merece el abrazo y el respeto de los ganadores: la lección del Albacete.
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