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Andà p'allá, bobo

Carlitos, es de bien nacidos ser agradecidos

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

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Si le preguntas a la Inteligencia Artificial (IA) que significa el refrán “es de bien nacidos ser agradecidos”, te contesta, ya saben, de inmediato: “Es un refrán español que subraya la importancia de reconocer y agradecer los favores, ayudas o bondades recibidas. Indica que la gratitud es una virtud propia de personas con buena educación, valores y nobleza. Es un llamado a la reciprocidad y a valorar la generosidad”.

Perdona campeonísimo Carlitos Alcaraz, casi único (al menos a tu edad), ¿qué parte del refrán no has entendido? ¿qué trozo de ese refrán no te enseñaron en casa, en esa maravillosa familia que te acompaña para que te sientas arropado siempre? ¿qué línea de algo tan sencillo como eso, ser agradecido, no figura en el aprendizaje que tuviste para convertirte, tal vez, en el mejor deportista español de todos los tiempos?

¿Crees que has llegado ahí por ti o solo por ti? Mira, me importa un pimiento lo que ha ocurrido entre Juan Carlos Ferrero y tú. Y vosotros. Me importa un bledo si ha sido un duelo de academias entre la de papá y la de ‘Juanca’. Menos me interesa si el divorcio fue porque Ferrero quería más porcentaje de tus premios. Ya ni te digo si la disputa fue porque ‘Juanca’ quería tenerte más cerca.

Pocas semanas después de romper una relación maravillosa y fructífera de siete intensos y victoriosos años, Carlitos Alcaraz se convierte en uno de los jóvenes más prodigiosos del deporte mundial y, en la lista de agradecimientos, no está, ni pronuncia, el hombre de Juan Carlos Ferrero. Feo, muy feo, ¿no?

Aunque te lo creas, no estás en la cima del mundo (del tenis) por ti o solo por ti. Y, sí, te gustará, te encantará, será muy amigo tuyo y puede, como has dicho en multitud de declaraciones, que ‘Samu’ López sea ya el mejor entrenador del mundo. O casi. Pero el entrenador, el tipo, el coach, el tutor, que te llevó a ser el nº 1 y te dejó en todo lo alto, fue Juan Carlos Ferrero, al que no te has dignado nombrar en las casi 48 horas que llevas contemplando el mundo, de forma muy, muy, merecida, desde la cima del planeta.

Tuviste palabras maravillosas, sinceras, brutales, ciertas, merecidas, elogiosas para Novak Djokovic, que estuvo espectacular en Melbourne. Cuando te dirigiste a Rafa Nadal, que estaba en el palco o, como poco, no sé, en la primera fila de la platea, estuviste también prodigioso, sincero, enorme, ejemplar. También cuando te emocionaste al dirigirte y agradecerle a tu equipo y a tu familia todo lo que te han apoyado.

Carlos Alcaraz, a la pista de la Rod Laver de Melbourne, després de guanyar ahir Novak Djokovic en la final de l’Open d’Austràlia. | PAUL CROCK / AFP

El tenista murciano Carlos Alcaraz, en la pista central de Melbourne. / Paul Crock / AFP

Todo eso, todo lo que representa Djokovic, Nadal, tu equipo y tu familia, todo, lo ha sido y representado Juan Carlos Ferrero a lo largo de esos siete años de formación, aprendizaje, aparición y explosión en la élite del tenis. Vale, no fue tu padre. Solo le faltó eso. No fue tu tutor, vale, igual ‘Samu’ te gusta más, de acuerdo. Pero, fue quien te dio la mano, las lágrimas, las emociones, las horas, la experiencia y los consejos para que llegases ahí.

Mal si te crees que has llegado ahí solo. O con tu actual equipo, que es el mismo que creó ‘Juanca’. Si te crees que todo ese camino, ese crecimiento, esa entrada y explosión en la élite del tenis no merecen un recuerdo, solo un recuerdo, no te pido, ni siquiera, la mitad de elogios que lanzaste sobre ‘Novak’, la mitad de bondades que dijiste de ‘Rafita’, ni siquiera una cuarta parte de las verdades y agradecimientos, ¡Dios agradecimiento!, que lanzaste sobre todos los tuyos. No, solo te reclamo un "gracias, Juan Carlos", ni siquiera un "gracias, amigo 'Juanca'". Y, no, tampoco te pido esa frase que dijiste al final mirando a todos los tuyos: “Esta victoria, esta copa, también es vuestra”. Solo te pido nombrar a Juan Carlos Ferrero, solo eso.

No sé lo que ocurrió entre vosotros, todos, ni me importa, solo sé que el hombre, padre, tutor, 'coach' y entrenador, que te condujo hasta la cima del tenis mundial, ha desaparecido de tu vida, incluso el día que te coronas 'rey de reyes', gracias a él, no lo dudes.

No sé que aprendiste de Rafa Nadal. Ni siquiera sé si aprendiste algo, pero, desde luego, el día que Rafa, que era casi a diario, impartió clase de educación y agradecimientos, hiciste ‘campana’, no fuiste a clase. No busques fantasmas donde no los hay. La gente te adora, eres un ídolo de masas para todos (para mí, también), el pueblo te admira, pero muchos recordaremos, más a menudo de lo que quisiéramos, que el domingo de Melbourne-2026 te olvidaste de nombrar, de agradecer, de compartir con Ferrero el triunfo en el Open de Australia. ¡Fueron siete años juntos, Carlitos, siete!

Nadie puede creerse que ganaste al mejor de todos los tiempos por lo que has hecho en el último mes. No, Carlitos, no. Nadie. Repito, me importa un pimiento lo que ocurrió entre vosotros. Un bledo. Porque te diré más, si encima tu ‘olvido’ estuvo meditado, consensuado, si encima habéis sido todos, tú, tu familia, tu equipo, quienes habéis decidido no nombrar a Ferrero, entonces el error se convierte en algo que, tal vez, ni siquiera estes a tiempo de arreglar.

Que en el tsunami de nombres, agradecimientos y elogios que has lanzado en las últimas 48 horas, desde tu discurso sobre la misma pista Rod Laver hasta la última entrevista que has concedido, no aparezca Juan Carlos Ferrero, te pregunten o no por él, es un error y cualquier día de estos, no sé si hoy o, a lo sumo, mañana, deberías repetir, sin rubor, la frase que pronunció en su día el emérito cazador de elefantes: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir".

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