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Albacete - Barcelona (1-2)

El Barça rechaza la prepotencia en Albacete y avanza a las semifinales de la Copa

Hansi Flick se niega a especular y echa a volar en el Carlos Belmonte a Lamine Yamal. Araujo marca un gol redentor, pero es Gerard Martín quien detiene a los manchegos en el último minuto

Lamine Yamal celebra su gol en el Carlos Belmonte ante el Albacete.

Lamine Yamal celebra su gol en el Carlos Belmonte ante el Albacete. / Associated Press/LaPresse

Francisco Cabezas

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En el Carlos Belmonte de Albacete, Álvaro Arbeloa, en su puesta de largo como entrenador del Real Madrid, fue zarandeado tras pensar que con cuatro cañas tendría para seguir adelante en la Copa. En el fútbol, un deporte tan dado al cuidado del ego y al desprecio del jornalero, es sencillo caer en la prepotencia.

Hansi Flick, en ese mismo escenario y con el acceso a las semifinales en juego, midió al Albacete con la misma vara que a cualquiera. Más allá del ingreso de Araujo, quien comienza a dejar atrás los demonios, o del desconcertante Cancelo, cargó al equipo de titulares. Incluso echó mano de su pieza más preciada, un Lamine Yamal que correspondió tanto a su capataz como a sus compañeros abriendo la puerta al triunfo. Los equipos ganadores jamás pueden especular. Tampoco en el Carlos Belmonte, donde el Barça creyó que podía permitirse sestear al menos en la última curva y a punto estuvo de llevarse un disgusto.

Pudo sentirse orgullo Hansi Flick por la acción que propició el 0-1, cuando el dificultoso primer acto ya se desmayaba. De Jong y Rashford, un martes al filo de la diez de la noche y en un estadio donde juega el duodécimo clasificado de la Segunda División, fueron a la presión como si no hubiera un mañana. Entre los dos recuperaron la pelota y el neerlandés, por increíble que parezca, cada vez más suelto en las inmediaciones del área, ofreció la pelota a Lamine para que fuera él quien culminara a su manera. Es decir, enroscando el balón al rincón donde los porteros no acostumbran a llegar.

La advertencia a Rashford

Tuvo el episodio especial relevancia para Marcus Rashford. Venía Flick de lanzarle una de aquellas advertencias que, pronunciadas en el púlpito mediático, sólo admiten dos respuestas: o el señalado se cabrea o reacciona de una vez. Vino el técnico alemán a decir que le importaba un comino que el delantero inglés marcara más o menos goles (amontona diez, no son pocos). Lo que no podía admitir es que no explotara sus extraordinarias condiciones. Flick, entonces, hizo su parte. Lesionado Raphinha, le concedió la titularidad en la orilla izquierda. Y Rashford, que amaneció fallando dos ocasiones clamorosas –en un uno contra uno ni siquiera tiró entre los tres palos–, en vez de maldecir su mala pata y echar raíces en la nada, siguió corriendo e intentándolo. Flick aplaudía encerrado en su chaquetón.

No tuvo motivos el técnico alemán para hacer lo propio con Cancelo. Su llegada en este mercado invernal no tiene demasiado sentido a nivel deportivo. Lo de la polivalencia no cuela demasiado. Frente al Albacete, Flick tuvo suficiente con alinearlo durante 45 minutos. Jugó el portugués de lateral derecho. No mezcló con Lamine; le dio una patada sin sentido a un rival que le llevó a ganarse la amonestación al cuarto de hora; y se libró de que el árbitro tuviera la tentación de expulsarlo antes del entreacto por un pisotón.

Javi Moreno, del Albacete, marca el 1-2 en el Carlos Belmonte.

Javi Moreno, del Albacete, marca el 1-2 en el Carlos Belmonte. / Ismael Herrero / Efe

No estaba dispuesto Flick a arriesgar con nada. Desconfiaba de esa pareja de atacantes –Medina y Puertas– que tanto animaba al Albacete. Raudo, se sacó de encima a Cancelo y no agitó al equipo mucho más hasta ver que Ronald Araujo aclaraba el asunto en su feliz regreso a la titularidad. El uruguayo, que comienza a dejar atrás la nube que le cercó tras su expulsión en Stamford Bridge, recibió los abrazos sinceros de esos compañeros que tanto le comprenden tras marcar de estético testarazo.

Con el camino a las semifinales abierto fue, ya sí, el momento de relajarse. Mal asunto frente a un creyente Albacete. Bernal había acusado la rapidez con la que parece obligado a demostrar tantas cosas. Le sustituyó Casadó, al que la cara de ilusión no le cambia esté con chanclas o con las botas puestas. Fermín, que había salido a celebrar a lo grande el gol de Lamine desde el banco, tuvo un rato, como Ferran. Lewandowski se sentó para ver anochecer porque el tiempo no se detiene. Y al Albacete, un gran adversario que quiso soñar con un cabezazo de Javi Moreno y un gol anulado a Ferran, le despertó Gerard Martín al sacar un balón bajo palos. Nadie sobra en este Barça que todo lo quiere.

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