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FÚTBOL

El manicomio táctico en la pizarra de Arbeloa desorienta al vestuario del Real Madrid

El técnico ha conseguido que haya jugadores enfadados, castigados y confundidos y el grupo no sepa cuál es la propuesta de juego

Álvaro Arbeloa conversa con Eduardo Camavinga y Dean Huijsen durante el partido del Real Madrid ante el Rayo Vallecano

Álvaro Arbeloa conversa con Eduardo Camavinga y Dean Huijsen durante el partido del Real Madrid ante el Rayo Vallecano / J. J. Guillén / EFE

Fermín de la Calle

Fermín de la Calle

Madrid
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El primer mandamiento de la pizarra táctica de Álvaro Arbeloa dice algo que Florentino Pérez repite como un karma a todos aquellos que le escuchan hablar de fútbol: "Los buenos siempre tienen que estar en el campo". Lo que equivale a que Vinícius, Mbappé y Bellingham siempre van a estar en el césped, para alegría del presidente. Y luego todos los demás contingentes, menos Courtois, que es necesario.

Centrocampistas en la defensa

El partido ante el Rayo Vallecano evidencia el absoluto naufragio táctico del técnico del Castilla hasta hace menos de un mes. Arbeloa apostó por un once en el que los laterales lo ocupaban dos centrocampistas sin naturaleza ni calidad defensiva. Y con la actitud no le vale. En la derecha se entiende porque Carvajal y Trent Alexander-Arnold han estado lesionados y ultiman sus procesos de recuperación. En la izquierda es muy difícil entender por qué apostó por Camavinga, otro de los jugadores fetiche de Florentino, dejando en el banquillo a dos laterales zurdos naturales como Carreras y Fran García. A Carreras parece claro que lo castigó por lo de Lisboa, donde el Benfica se cebó con el de Ferrol. García venía del Rayo, pero no le pareció suficientemente argumento.

Los centrales titulares, Huijsen y Asencio, volvieron a generar muchas dudas. Asencio, que fue sustituido debido a las molestias que sufre por la fisura en la tibia, ha mostrado deficiencias defensivas, como el error en Lisboa al ir al suelo cuando no debía, mientras Huijsen tiene problemas en los desafíos físicos y ha perdido la confianza. Paradójicamente los dos únicos defensas que tenía en el campo acabaron sustituidos, y no es la primera vez. No les tiene y prefiere sacrificarlos en el baile de cambios, haciendo recular a Tchouameni.

El gol del Rayo, con Álvaro ganando la espalda a Valverde y De Frutos robando la cartera a Tchouameni delatan la deriva defensiva de unos jugadores obligados a jugar fuera de su posición. Es curioso porque Arbeloa comenzó alineando en la medular una pareja con mucho músculo, Camavinha y Tchouameni, y ante el Rayo acabó echándose a los brazos de Arda y Ceballos, desterrado en el banquillo. Dos jugadores asociativos y de buen pie que no tienen nada que ver con los franceses.

Mastantuono, cara; Arda, cruz

Arda ni siquiera se enfadó ya al ser sustituido, como sí ocurrió en Lisboa. Lo volvió a sustituir cuando comenzó a amontonar delanteros sin sentido en el césped. Mastantuono no se sabe a qué juega, ni de qué. Cuentan en los pasillos del club que las razones de su titularidad se cimentan en el despacho presidencial. Pero la realidad es que el argentino no ha dado razones para mantenerse en el once. Juega a la derecha, a pie cambiado, pero ni es desequilibrante a la hora de encarar ni especialmente agresivo, en ataque o en la presión.

Jude Bellingham se duele tras caer lesionado a los nueve minutos del partido entre el Real Madrid y al Rayo Vallecano

Jude Bellingham se duele tras caer lesionado a los nueve minutos del partido entre el Real Madrid y al Rayo Vallecano / J.J. Guillen / EFE

La salida de Bellingham abrió la puerta a Brahim, que jugó de todo y de nada ante el Rayo. Acudió al rescate de sus compañeros en los espacios para tirar paredes y filtró algún pase a los delanteros. De los pocos, junto a Arda, que mejoraban la circulación cuando la pelota pasaba por sus pies. Pero sale barato sustituir a Arda y el turco terminó en el banquillo sentado, como casi siempre. Las dos estampidas del Rayo sin ningún jugador blanco cerrando en defensa dejando 60 metros libres hablan mal de los futbolistas y peor del entrenador, que no ha logrado ordenar el juego de su equipo. Especialmente en defensa.

La coartada de Arbeloa es que no ha podido entrenar con sus jugadores en estos días: "Hemos tenido más partidos que entrenamientos... Han sido muchos, además, de recuperación, de menor intensidad. Echo de menos esos entrenamientos, como entrenador, para poder mejorar individual y colectivamente. Ahora necesitamos trabajar desde la confianza de las victorias. Vamos a tener dos semanas para trabajar, algo que casi no tuvimos en estos 15 o 20 días". Y repitió el tono tribunero de pasadas intervenciones, agradeciendo su apoyo al Bernabéu, que le despidió con una pitada sobresaliente y con gritos de "¡fuera, fuera!". "Ha sido una victoria de mucho corazón, mucha alma, empujados por el Bernabéu, que nos ayudó a sacar un partido complicado", apuntó.

Arbeloa quiso sacar músculo regalando los oídos, una vez más a sus futbolistas, en la sala de prensa, a la que tardó en salir una hora. "Hay 17 jugadores en el Madrid que han sido campeones de Europa en el último año y medio", puntualizó. Lo que no contó es que después de seis partidos, el manicomio táctico de su pizarra ha terminado por convertir a Courtois en el portero que más paradas hace de la Champions. Entre esos 17 jugadores campeones de Europa hay algunos enfadados por ser siempre sustituidos, como Arda, otros castigados como Carreras, y algunos aparcados como Gonzalo o Ceballos. Arbeloa ha conseguido desorientar a un vestuario que no quiso jugar a lo que pedía Xabi Alonso y que ahora no sabe a qué juega con Arbeloa.

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