Opinión | Golpe franco
Ese gol de Lamine, por Juan Cruz Ruiz

Lamine Yamal junto a Ferran Torres en el triunfo del Barça en Elche. / Pablo Miranzo / EFE
Estuvo a punto de marcar el Barcelona cerca de 30 veces, que se dice pronto. El equipo jugó como si se estuviera entrenando, alegre y entretenido. Parecía estrenarse, como si en esas jugadas, desde el principio hasta el final, estuviera cifrando el porvenir de la temporada.
El partido lo vi en Santa Cruz de Tenerife, ante el televisor gigante del Hotel Mencey, al lado de fotografías de Richard Burton y de Elizabeth Taylor, y también de Mario Vargas Llosa, personajes que han pasado por la isla y a los que tuve la oportunidad de entrevistar cuando, en los años setenta, ya era un periodista veterano.
Ahora, cuando estoy en la capital de la isla, siempre veo aquí los partidos del Barça, y esta vez, además, lo vi como si el equipo fuera a perder: creyendo que el Elche, al que tanto admiro desde la era de Ré, nos iba a romper la temporada.
Eso me ocurre siempre que empiezan los partidos, contra cualquier contrincante: en cualquier momento el equipo rival, grande o pequeño, nos va a robar la temporada. Quienes estaban a mi lado decían, en esta ocasión, desde que empezó la contienda, que este partido estaba ganado.
Y la verdad es que muy pronto un gol que no fue (de Lamine, como suele ser habitual) estuvo a punto de laminar mi certeza de que muy pronto íbamos a generar una goleada. A mi jefe de EL PERIÓDICO le había apostado que ganaría el Barça por cinco a cero. Y la historia iba por esos lares cuando el equipo marcó un gol que parecía de oro dada la peligrosa presencia de una delantera, la del Elche, entrenada para rompernos en esta ocasión.
El empate resultó el principio del miedo, porque los que hacen la defensa y la media azulgrana ahora no son tan diestros como aquellos que habitualmente son comandados por la destreza de Pedri. El empate con el que se alzó el Elche dejó al Barça solo ante el peligro de una delantera, la ilicitana, capaz de carreras que tan solo puede atajar Joan Garcia.
Este ufff que se impuso en el graderío improvisado del Mencey fue poco a poco amainado, porque el 1-2 le dio alas a la delantera (ahora animada por Lewandowski y por Lamine Yamal) para que el Elche no rompiera los nervios del espectador azulgrana.
Cuando Lamine consolidó la mejor de sus jugadas de todo el encuentro, y sirvió un gol precioso que marcaría Marcus Rashford, esta garganta de azulgrana gritó ante la imagen de Liz Taylor: “¡Es el gol de Lamine!”. Si ustedes se fijan, nadie marcó ese gol sino Lamine, que lo regaló para que el Barça y yo durmiéramos tranquilos.
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