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Oviedo - Girona (1-0)

El Girona se duerme y se lleva un chasco en Oviedo

Los de Míchel ven cómo un gol de Ilyas Chaira en la segunda parte corta la buena racha de 2026 y les condena a seguir mirando hacia abajo

Los jugadores del Oviedo celebran su triunfo ante el Girona en el Tartiere, con Ter Stegen de fondo.

Los jugadores del Oviedo celebran su triunfo ante el Girona en el Tartiere, con Ter Stegen de fondo. / Eloy Alonso / Efe

Marc Brugués

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El día en que nadie lo esperaba y que todos tenían marcado para despegar y hacer el clic que permitiera mirar más hacia arriba que hacia abajo, 'pam'. El Girona se ha estrellado en el campo del colista Oviedo en un partido en el que ha tenido de todo menos determinación e instinto a la hora de buscar lo más importante: el gol. Porque por mucha sensación de superioridad que tuviera el equipo ante un colista que solo había ganado dos partidos hasta hoy, si no se chuta a portería ni se marca, es imposible. Un gol del ex blanquirrojo Ilyas Chaira, en la segunda parte, ha castigado la inocencia de los gerundenses, que han visto cómo tiraban por la borda una gran oportunidad de alejarse todavía más del descenso. No se lo han creído los de Míchel, que, confiado, ha ido dejando pasar los minutos pensando que el gol llegaría. No lo ha hecho. Ni con Ter Stegen incorporado al ataque en el último córner. Que no se echen de menos estos puntos.

Las sensaciones con las que llegaba el Girona al Tartiere eran inmejorables. Tres victorias consecutivas y un empate con sabor a victoria en el último suspiro en el debut de Ter Stegen contra el Getafe no solo habían sacado al Girona a flote para distanciarlo del descenso, sino que le habían dado un impulso anímico considerable de cara a la segunda vuelta. Tocaba mantenerlo y consolidarlo ante un rival, colista destacado y que solo había ganado dos partidos y marcado once goles —tres de ellos en Montilivi—. Para intentarlo, Míchel repitió el once titular de la última jornada con Ter Stegen en la portería, Fran Beltrán como pivote y Lemar en la mediapunta, y la única novedad del regreso de Arnau Martínez al lateral derecho en lugar de Rincón.

Entró muy bien en el partido el Girona, con una intensa sensación de superioridad ante un Oviedo al que robaba la pelota con facilidad para empezar a pisar área con cierto peligro. Arnau, Tsygankov, Iván Martín, Lemar… todos conectaban y triangulaban con fluidez. Faltaba, eso sí, instinto para rematar. Como el que le faltó a Vanat tras un gran pase de Arnau que no controló bien, solo ante el portero. El ucraniano se toparía con Aarón Escandell poco después en un centro de Bryan Gil que el guardameta rechazó en el primer palo, en el único —aunque parezca mentira— remate a puerta de los gerundenses.

La desesperación de Míchel

Míchel se desesperaba y pedía más ritmo, más instinto a sus hombres. Se lo había dicho durante la semana y no le hacían caso. Un pase de más, un control extra o lo que fuera hacía que el Girona no terminara las jugadas ante un rival inofensivo durante una primera parte que, eso sí, acabó con un disparo de Ilyas Chaira a manos de Ter Stegen. Un aviso para el Girona que, aun así, vio cómo no le subía un gol de Iván Martín al marcador porque la pelota había salido dos dedos antes del centro de Bryan Gil desde la banda izquierda. Se llegaba, pues, al descanso con la sensación de que el Girona había jugado en tercera y había desaprovechado 45 minutos para liquidar el partido.

Un poco más de ritmo y determinación era lo que necesitaba el Girona tras la reanudación. Eso y seguir sólido atrás, sin conceder nada a un Oviedo que daría un pequeño y lógico paso adelante. En los primeros minutos de la segunda parte, el asturiano Hassan pondría a prueba a Ter Stegen sin consecuencias. El Girona había perdido fluidez y no encontraba el camino del gol. Míchel sacudiría al equipo dando entrada a Rincón, Witsel y Echeverri. Lemar lo probaría con un disparo alto, ligeramente desviado.

A partir de ahí, el partido se abriría y el Girona sería castigado en una buena acción por la banda izquierda en la que Javi López centraría e Ilyas, en el segundo palo, enviaría la pelota al fondo de la red. La necesidad de supervivencia del Oviedo superaba a la de un Girona confiado, que tenía un cuarto de hora para evitar el desastre. Stuani entraría al campo para intentar cazar algún remate.

Con el cronómetro en contra, Stuani lo intentó de cabeza y Aarón Escandell salvó una falta de Tsygankov que iba dentro. En el añadido no hubo la suerte del lunes contra el Getafe y Àlex Moreno no llegó, por poco, a rematar —con Ter Stegen incorporado al ataque— la última jugada del partido. Cara de tonto se les quedó a los jugadores del Girona mientras el Tartiere estallaba de euforia con el pitido final.

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