Barraca y Tangana
El asistente de paraguas, por Enrique Ballester
Si el Real Madrid me hubiese contratado como asistente de paraguas, ahora estaría en el famoso ‘Topocho’ de la Champions

José Mourinho, en l’entrenament d’ahir del Benfica. | FILIPE AMORIM / AFP

En el fútbol faltan asistentes. Hay pocos. Creo que aquí propuse hace un tiempo el asistente de paraguas, pero nadie me hizo caso, por lo que fuera, con el asistente de paraguas. Y ahora, en muy pocos días, hemos visto a dos de las personas más importantes del mundo occidental, Hansi Flick y Álvaro Arbeloa, exponerse a un catarro por no disponer de un asistente de paraguas.
Es increíble. Barcelona y Real Madrid, organizaciones fundamentales para el bienestar de media humanidad, sociedades que mueven miles de millones al año se arriesgan, cada vez que llueve, a sufrir una pérdida capital por dejar a descubierto a sus entrenadores. Es algo que no tiene ningún sentido, porque la solución es muy sencilla y pasa por pagarme el salario mínimo por sujetar un paraguas cuando salgan al área técnica a dar sus instrucciones.
Dentro de unas décadas veremos a un entrenador mojándose junto al banquillo, en los resúmenes del fútbol actual, y nos parecerá del todo inexplicable. Será tan raro como ver ahora a un entrenador fumando. Cuando vuestros hijos pidan ser asistentes de paraguas, espero que recordéis que aquí lo leísteis antes.
El 'Topocho'
Si el Real Madrid me hubiese contratado como asistente de paraguas, ahora estaría en el famoso Topocho de la Champions y no tendría que jugar la temida eliminatoria extra. El Madrid cometió en Lisboa un error incomprensible: no avisar al Benfica de que necesitaba otro gol para clasificarse. De haberlo sabido unos minutos antes, el Benfica no habría perdido tiempo con el 3-2.
Mourinho habría hecho cambios ofensivos y se hubiese lanzado al ataque a la desesperada, dejando en consecuencia los espacios necesarios para que el Madrid lograra, en esos minutos del añadido, el empate que anhelaba. Pero no estaba yo de asistente de paraguas para actualizar la app de Livescore y decirle a Arbeloa ‘oye, que Chendo se acerque al banquillo del Benfica que las matemáticas no son su fuerte’. No estaba yo allí con el paraguas. Yo estaba comiendo empanadillas en el sofá y el Benfica no se enteró de lo del gol hasta la última jugada. Y no hace falta que explique qué pasó en la última jugada.
Les falta calle
Les falta calle. Tanto análisis de datos y tantas métricas y variables, y nadie repara en lo relevante. Ahora que lo pienso, el asistente de paraguas, que también serviría para evitar insolaciones, debería complementarse con un asistente de calle. Un buen asistente de calle es tan importante como un especialista en pelota parada, una cuñada pediatra o un exfutbolista que compagina el trabajo de tertuliano con el de representante de jugadores.
El asistente de calle asumiría misiones dispares. Una de las más importantes sería condicionar a los árbitros para la siguiente jugada. También debería estar atento para esconder a los recogepelotas en las situaciones adecuadas o para desestabilizar a los del banquillo rival con gestos a distancia. Intimidar en las tanganas, muy serio y calmado, con una carpetita en la mano baja. Eso estaría muy bien valorado en el mundo de los asistentes de calle.
Es decir, lo que ya hacen, pero con convenio, cargo y formación regulada.
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