La Lupa
El Barça muere para volver a nacer, por Albert Blaya
LA CRÓNICA: Lamine lo cambia todo en un Barça que entra en el top-8 de la Champions
LA CONTRACRÓNICA: El Barça marca cuatro goles y el Camp Nou celebra cinco

EL PERIÓDICO

El centro del campo es la reliquia que el Barça usa como espejo y fertilizante de un mundo que domina y en el que quiere vivir siempre. Ante el Copenhague, Flick no contaba ni con Pedri, que es el marco y el reflejo, ni con Frenkie De Jong, siempre criticado pero un jugador al que el balón no le quema. Ante esta disyuntiva su mensaje fue valiente, pero quizás la lectura evidenció que ni Fermín ni Olmo son centrocampistas. Es todo un engaño. Sí son atacantes (formados como tal), que juegan como centrocampistas pero que, al ponerse ante el espejo azulgrana, que es el de la verdad absoluta, les dice que era todo un efecto óptico. Complementaba la idea Eric, central que por muy bien que juegue es eso, y más si a su lado los futbolistas se alejan y no se acercan. ¿Qué le queda al Barça sin su reliquia? Lamine.
A Yamal la Champions le pone como a Piqué los insultos. Una gasolina que le hace creer al Barça que siempre tendrá más opciones que el rival, una suerte de trampa sensorial que se convierte en realidad cuando el pequeño genio enciende la grada. Asistió en el primero tras un desmarque más de Pedrito que de Neymar, marcó el segundo con la suerte de quiénes la merecen y provocó el tercero con un pase que es ya patrimonio del fútbol. Antes, solo el de Rocafonda parecía tener las herramientas para superar el bache emocional en el que el Barça se había metido, como casi siempre, por bisoñez.
Un equipo incompleto
Este Barça es un equipo incompleto. Es como ver a ese actor que no es guapo pero, a la vez, es muy atractivo. Hipnótico. Te gustan sus defectos de la misma forma que adoras la nariz rota de Marlon Brando. El culé ya empieza a cogerle el gusto a eso de encajar pronto, una forma muy clara de entender la mortalidad: durante muchos minutos el aficionado entendió que no pasaría entre los mejores, y quizás es ese descenso intermitente a los infiernos lo que dota de ese toque épico, como a epopeya lejana, cada triunfo. Encajar pronto es la nariz rota de Brando.

Dani Olmo, Raphinha y Fermín celebran el 3 1. / Jordi Cotrina
Una vez hace clic, este Barça entra en momentos de fútbol dulces. Lo mejor para Flick es que, sin Pedri ni Frenkie, Bernal tuvo un segundo tiempo refrescante que recordó al de antes de su lesión. Imponente para ganar duelos y marcar diferencias desde su físico que se niega a ser adolescente, sino un adulto precoz al que la cara le delata. El Barça marcó cuatro, que pudieron ser seis, pero sobre todo alejó las transiciones y tuvo mucho más control con un Bernal que hizo parecer repleto al medio del campo vacío hasta ese momento.
El Barça se veía en un cataclismo atávico a la media hora, algo muy suyo, haciendo unas cábalas que quedaban en papel mojado. Y terminó la noche viendo como el mourinhismo se autodestruía bajo la lluvia, con un Arbeloa haciendo verdad el alegato mourinhista de la previa, dándole una épica y una vida que ya no tenía el portugués. Así es el fútbol. 90 minutos que dan para una vida.
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