Carrascazos
Cuando se rompa el hielo, por Lluís Carrasco
El Barça proporcionará chubasqueros en el palco del Camp Nou para las autoridades
El primer diluvio en el nuevo Camp Nou no fastidia el sueño de Cancelo

Dani Olmo levanta su puño tras anotar el primer gol durante del partido de liga entre el FC Barcelona y el Real Oviedo / JORDI COTRINA

Este invierno tiene aspecto de "calçotada" festiva. Nieva tanto y tan seguido que uno ya no distingue si el vapor de la boca sale por respirar bajo el frío o simplemente por reír al aire libre. Catalunya tiritando, los termómetros deprimidos y, curiosamente, el Barça calentito, en racha, y con esa sensación tan embriagadora de que las cosas tienen sentido. Como si alguien hubiera vuelto a poner el termostato futbolístico donde toca. Mientras aquí, pala en mano, despejamos aceras, el Barça despeja dudas. Ese lujo obsceno. El equipo avanza como una quitanieves bien engrasada limpiando partidos incómodos como el del domingo y dejando el camino transitable recordando que el clima no congela a quien no deja de moverse. Hay nieve, sí, pero también ideas. Y cuando hay ideas, el invierno es solo un 'story' para Instagram.
En cambio, en la capital, el Madrid mira al cielo buscando excusas meteorológicas mientras el suelo le resbala. No es la nieve, es el hielo fino de las dudas, ese que no se ve, pero te puede mandar al suelo con elegancia si Mbappé se despista, o el árbitro no cumple con su penalti de cada jornada. Arbeloa abriga a los suyos con gestos tranquilos, pero debajo del abrigo se le dibuja puro temblor.
Unos resbalan, otros patinan disparados
Aquí, mientras tanto, acumulamos agua y nieve, y si no, pregúntenle al pobre presidente que no encontró, entre tanta obra, un paraguas bajo el que guarecerse. La diferencia es que, de la nieve, nos quejamos y del Barça, en cambio, disfrutamos. El frío pasará. Las dudas blancas, quizá también. Pero este momento azulgrana, como esas nevadas históricas, se recordará durante años. Aunque solo sea para decir: "¿Te acuerdas de aquel invierno en el que todo estaba helado… menos nosotros?".
Y ojo, que cuando el deshielo llegue, porque siempre llega, habrá quien diga que era normal, que se veía venir. Pero ahora mismo, mientras unos resbalan, otros patinan disparados hacia la meta. ¿Oyen el crujido? No teman, es el que suena bajo los titubeantes pies merengues. Se hundirán. La verdad no aguantará el peso de un mal invento.
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