PRIMER TEST DEL AÑO
La F-1 arranca la temporada en Barcelona inmersa en un gran caos
Coches nuevos, reglamento nuevo y, sobre todo, un enorme desconcierto en muchos de los favoritos al título. La F-1 se presenta, hoy, en Barcelona, en el Circuit, con Mercedes y Ferrari como las únicas escuderías que han hecho los deberes. Eso sí, el Ferrari se rompió a los 18 minutos de ponerlo sobre la pista de Fiorano, lo que ya es un primer desastre.

El bicampeón Fernando Alonso, en su Aston Martin. / ASTON MARTIN MEDIA

Mientras Madrid, IFEMA (Institución Ferial de Madrid), el Ayuntamiento de la capital y la Comunidad Autónoma, ambas instituciones gobernadas por el PP, el mismo partido que ya arruinó a Valencia con la construcción de un circuito urbano ‘a lo Montecarlo’ para albergar, temporalmente, un GP de F-1, estudian cómo seguir adelante con el compromiso adquirido con el ‘gran circo’ al quedarse sin inversores y patrocinadores privados, el Circuit de Catalunya, uno de los trazados más consolidados en el mundo del ‘motorsport’, será, a partir de hoy y hasta el viernes (eso sí, a puerta cerrada), el primer escenario en el que las escuderías empezarán a probar sus nuevos coches.
La presentación de los nuevos modelos se antoja, de momento, un absoluto caos. La F-1 arranca inmersa en un desconcierto total. El nuevo reglamento técnico, que pretende, cosa que hace ya muchos años que persiguen pero no logran, que los coches puedan ir pegados, uno a otro, para poder adelantarse, está basado en la mejora de la parte eléctrica del motor y en una aerodinámica diferente, especialmente con la posibilidad de que los aleros del morro se muevan, al ser flexibles.
Mientras el grandilocuente circuito urbano de Madrid se queda sin inversores privados, lo que obligará a las administraciones públicas (tipo la ruina de Valencia) a ayudar a sus promotores, el Circuit, una instalación modélica, vuelve a ser el escenario predilecto de los equipos de F-1.
El desconcierto es tan bestia en cuanto hace referencia a los primeros pasos de los nuevos coches, que ya ha habido manifestaciones tan esperpénticas como las del francés David Sánchez, jefe técnico de Alpine, que ha confirmado que vienen a Barcelona “simplemente a aprender, a ver qué soluciones aparecen en los otros coches, que nos permitan mejorar el nuestro”. Y, en ese sentido, es seguro que todos, todos, los equipos distribuirán, a lo largo del trazado catalán, a sus fotógrafos para que con sus enormes teleobjetivos fotografíen, para luego copiar, las novedades de los monoplazas de los favoritos.
A esa frase tan sorprendente, se añade que el equipo Williams-Mercedes, en el que milita Carlos Sainz, no estará en estos ensayos porque no ha superado el test de seguridad, el conocido ‘Crash Test’, lo que no deja de ser algo ridículo y, sobre todo, obligará a Williams a empezar de cero con el diseño de su chasis y aerodinámica. Ferrari sí ha llegado a tiempo al primer día de test , pero su coche se averió a los 18 minutos de ponerlo sobre la pista de Fiorano. Tremendo ¿no?

Max Verstappen, líder del Oracle Red Bull Racing. / Mark Thompson
Insisto, estos solo son tres detalles del caos en el que vive inmersa la nueva era, si puede llamarse así, de la sofisticada F-1. Son cosas que pasan, dicen, por haber reducido los presupuestos de los equipos, que antes eran infinitos, llegando alguno de ellos, por ejemplo, Ferrari, a superar los 400 millones de dólares y, ahora, están limitados a 215 millones, aunque en esa cifra no están incluidos los salarios de sus pilotos ni las tres fichas más altas de su ‘staff’ técnico y/o dirigentes.
Con ‘solo’ 215 millones de dólares, muchas escuderías ya no pueden mantener, al mismo tiempo, simultáneamente, dos equipos técnicos, uno para mejorar el coche, carrera a carrera, y otro para diseñar, fabricar y evolucionar el monoplaza del año siguiente. Mercedes, por ejemplo, que, a mitad de 2025, ya no tenía opción de ganar el título, dejó de desarrollar su coche para centrarse, antes y mejor que nadie, en el F-1 de este año. Por eso todo el mundo dice que el Mercedes que se verá en Montmeló es, con mucho, el monoplaza a batir, a fotografiar, a copiar. Si pueden.
Mercedes se presenta en Barcelona con mucha ventaja sobre el resto de competidores, que intentarán observar con todo lujo de detalles, incluido el espionaje de sus fotógrafos, las grandes novedades que luzca el monoplaza de la 'flecha plateada'.
Esa posibilidad, la de trabajar a partir de la mitad del 2025 en el coche de 2026, no la tuvieron ni McLaren-Mercedes ni Red Bull-Honda, ya que sus pilotos (Lando Norris, Óscar Piastri y el campeonísimo Max Verstappen) lucharon hasta la única carrera por conseguir el título y, por tanto, todas las fuerzas de McLaren y de Red Bull estaban centradas en esa conquista, lo que les impidió adelantar el trabajo del coche de este año, como sí hizo la ‘flecha plateada’ alemana.
Así pues, Mercedes arranca como la gran favorita, no solo por su coche, motor y aerodinámica revolucionaria sino porque, al parecer (cosa que ha denunciado Ferrari ante la Federación Internacional, de momento, sin demasiado éxito), la fábrica alemana ha construido su motor con unos materiales especiales, únicos, que se calientan y dilatan a lo largo de la carrera, aumentando el rendimiento de sus cilindros, pillería que, según ‘la Scuderia’, va contra la norma del reglamento.
Todo el mundo piensa que, pese a su desastroso debut, el Ferrari funcionará bien este año aunque, insisto, su bautismo ha sido desastroso. Y todo el mundo piensa que McLaren y Red Bull recuperarán, poco a poco, el tiempo perdido, aunque no será fácil codearse con los Mercedes.

Lando Norris (McLaren), flamante campeón del mundo de F-1. / Eric Alonso / DPPI
El año pasado, Red Bull, que este año equipoará sus coches con motores Ford, que, en realidad, son Red Bull, pues el equipo de Verstappen se quedó con toda la tecnología Honda, recuperó casi un segundo a McLaren, que era quien lideraba, de calle, el Mundial, a lo largo de la pasada campaña. Y, ¡ojo!, Red Bull sigue contando con el portentoso Verstappen, de largo, el mejor piloto de la F-1.
Mercedes, Ferrari, McLaren y Red Bull, nadie más puede ganar el Mundial. El título, de nuevo, será para un Mercedes, que, por cierto, en Montmeló contará con la información que le proporcionaran seis de sus ocho pilotos distribuidos entre las diversas escudería que montan sus motores (Lando Norris, Oscar Piastri, Kimi Antonelli, George Russell, Franco Colapinto y Pierre Gasly, ausentes Carlos Sainz y Alexander Albon), un Ferrari, un McLaren o un Red Bull. Y, de las cuatro grandes escuderías, se lo llevará la que sea capaz de ir evolucionando, más, mejor y más rápidamente, su monoplaza.
Y, luego, ya viene ‘el carro del pescado’, es decir, los equipos, las escuderías, que, a 26 de enero, no tienen nada que hacer y tienen (casi) imposible ganar uno solo de los 24 grandes premios que se disputan este año, empezando por Melbourne (Australia), el próximo 8 de marzo: Alpine, Aston Martin, Audi, Cadillac, Haas, Racing Bull o Williams.
Empecemos, como ya hemos comentado, por el desastre del equipo de Carlos Sainz, que ni siquiera tiene aún listo su monoplaza. Sigamos por la escudería del otro piloto español, el bicampeón Fernando Alonso, de cuya 33ª victoria se viene hablando y pronosticando desde hace un montón de años.
El descontrol, el caos, en el arranque de la F-1 es tal que el equipo Williams no tiene aún terminado su monoplaza, McLaren, el campeón, está muy retrasado en su evolución, el Ferrari se rompió a los 18 minutos de estrenarlo en Fiorano y nadie sabe cómo será el motor Honda de los Red Bull.
El mago de la F-1, Adrian Newey llegó a Aston Martin y lo primero que hizo fue prescindir de Dan Follows, un cerebro al que consideró un ‘traidor’ y, no solo eso, también prescindió de los fichajes que había hecho Follows, por lo que tuvo que empezar de nuevo todo el proyecto. Nadie sabe si el motor Honda de los Aston Martin será la bomba, pues los japoneses, que decidieron jubilarse al abandonar Red Bull al finalizar el 2025, han vuelto a la F-1 por petición expresa de la FIA, pero las cosas en los palacios japoneses van muy, muy, lentas, son excesivamente burocráticos y, el mejor ejemplo, es MotoGP.
Haas, con motor Ferrari, mira, podría hacer algo, pero nada sonado. Podría ser, tal vez, el líder de este segundo pelotón, sobre todo porque, al parecer, cada vez cuenta con más ayuda, financiera y técnica, del mayor fabricante de coches del mundo, Toyota, cuyo departamento de competición de Colonia ayuda mucho a Haas. Es más, hay quien piensa que Toyota acabará quedándose con el equipo Haas para codearse, también en la F-1, con Audi y Cadillac, que se estrenan este año, sin hacerse, de momento, demasiadas ilusiones. Es decir, de la misma manera que Audi compró Sauber para entrar en la F-1, no es descartable que Toyota adquiera Haas para lucir palmito en la parrilla.
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