SEGUNDA VIDA (31)
Rafa Marañón: "El fútbol es como una herida que te deja una marca, no te lo quitas nunca"
Olga García, exfutbolista: "No echo de menos el fútbol y no volvería a jugar por perderme todo esto"
Dani Solsona: "Claro que habría jugado en el Barça, aunque yo siempre seré del Espanyol"

Retrato de Rafa Marañón, leyenda del RCD Espanyol, durante una entrevista con EL PERIÓDICO, en el RCDE Stadium. / ZOWY VOETEN

Que cuando Rafa Marañón disparaba su bota izquierda se convertía en un cañón se acuerda bien quien lo vio jugar en Sarrià. Nacido en Olite (Navarra) hace 77 años como Rafael Carlos Pérez González (lo de Marañón le viene del segundo apellido de su tío, también futbolista), permanece como el máximo goleador histórico del Espanyol con 144 goles, que marcó en nueve temporadas, entre 1974 y 1983. Se retiró en el Sabadell en 1986. Arquitecto y aparejador, es doctor en Arquitectura con una tesis sobre Rafael Masó. Del fútbol pasó a la docencia en la Universitat Politécnica de Catalunya. Jugó en el Madrid, el Sporting y el Onteniente antes de fichar por el Espanyol. En su partido de debut se enfrentó a Pelé. Ahora es asesor del club blanquiazul y presidente de la Asociación de Veteranos. Leyenda total.
Su último partido fue con 37 años, en el Sabadell y marcando tres goles. ¿Le daba miedo colgar las botas?
Hombre, el que diga que no, o es muy espabilado o… Todo el mundo lo teme. Aparece un túnel con una cierta oscuridad. Lo que pasa es que siempre se vislumbra, al final, una luz. Es un túnel de estos cortos que ves un camino, al menos yo lo veía. Pero dudaba también. El camino más simple, teóricamente, era el fútbol, pero no sacaba partido a lo que yo había estudiado durante mi carrera. Pensé: ‘¿para qué me vale que yo haya estudiado tantos años? Evidentemente, cuando tú terminas la escuela de arquitectura con treinta y tantos años eres un advenedizo, porque el 90% de los chavales terminan a los 23, 24, 25. Me sentía un poco fuera de juego en este sentido. Sin embargo, me gustaba, y creo que tenía aptitudes. Así que opté por lo que sería una tercera carrera, que fue la docencia, un camino en el que me podía expresar mejor. Y a través de una oposiciones conseguí una plaza en la Universidad Politécnica de Catalunya, y ahí empieza ese periplo mío de 36 años, pero siempre sin dejar el fútbol.

Rafa Marañón, leyenda del RCD Espanyol, posa en el estadio del club blanquiazul. / Zowy Voeten / EPC
En su época no era muy normal que los futbolistas estudiaran. ¿Generaba extrañeza en sus clubs o en el vestuario?
Recuerdo que entre mis compañeros generaba un poco de admiración. A mi, por ejemplo, me encantaba Gárate como futbolista, pero le admiraba más porque se hizo ingeniero. Pero el que me incitó a estudiar, cuando estaba en el Real Madrid, fue Pirri.
Hizo medicina.
Sí, lo hizo después, pero al principio su idea era arquitectura. Y fuimos los primeros que nos matriculamos, aunque él era un poco mayor que yo. Fue para mi un referente. Valoraba a los futbolistas que eran capaces de jugar y estudiar. En el Espanyol nadie me objetó nunca nada. En el Madrid tampoco, aunque Santiago Bernabéu siempre decía que había que estar por la labor, por el fútbol. Y eso que él fue futbolista y también abogado. Pero no quise dejarlo.
¿Y de dónde le viene a usted la afición por la arquitectura?
Cuando estudiaba artes gráficas en Pamplona, en los Salesianos, hice tipografía. Y un día leí que Gutenberg, el inventor de la imprenta, había dicho que la tipografía era la arquitectura de las letras. Esa frase me quedó grabada. Entonces, cuando fui a Madrid, en cuanto pude, me matriculé en la Escuela de Arquitectura Técnica con la idea de sacarme una carrera más simple, porque estando en el Madrid era mucho más difícil estudiar. Y cuando salí del Madrid, tenía varias ofertas pero escojo el Espanyol porque en Barcelona había más posibilidades de horarios, podía ir a clase por la tarde.

Rafa Marañón, durante la entrevista con EL PERIÓDICO, en la sala de juntas del Espanyol. / Zowy Voeten / EPC
¿Y le gustaba ejercer de profesor?
Sí, claro, tienes unos conocimientos, porque terminé la carrera de aparejador, terminé la de arquitectura, me saqué el doctorado con una tesis doctoral sobre Rafael Masó, pero dando clase siempre aprendes más cosas. Cuando acabé el doctorado pensé: ‘de aquel recuerdo sobre la arquitectura de las letras, mira donde estoy’. Como que no me lo creía. Pero el fútbol no lo olvidas nunca. O sea, es como una herida profunda que te deja una marca y no te la quitas nunca.
Al retirarse, ¿vio que se había gestionado bien patrimonial y económicamente?
Es que en nuestra época no se ganaban las cantidades que se ganan ahora. Al acabar la carrera ves que has estado jugando durante 20 años, has ganado un dinero, tienes una casa, un buen coche, pero no vives de lo que te queda. Y llega un 30 de junio en el que dices, ‘a ver cómo gano esto que gano’. Y me convierto en funcionario. Pero funcionario de carrera, de profesión, en algo que me gusta. Me gustaba mucho la docencia de la arquitectura. Además, daba dibujo arquitectónico. Y en mis clases les hablaba a los alumnos de Gaudí, de Domènech i Montaner, de Puig i Cadafalch, de los modernistas y tal. Todas esas cosas me satisfacían.
¿Y se exigía más, por el hecho de ser exfutbolista, para desmontar los prejuicios que pudieran haber?
No. Siempre he estado seguro de que mis conocimientos eran suficientes.
Desde su posición, ¿va a los jugadores del Espanyol a recomendarles de que estudien?
Alguna vez he hablado con Puado que, aparte de un gran futbolista, es un chico que está terminando la carrera de Económicas, y yo le digo siempre, ‘oye, no lo dejes, estudia por las tardes un rato y tal’. Porque mientras eres futbolista se puede. Mira ahora a Miguel Rubio, que es ingeniero aeroespacial. Yo, si no hubiese sido futbolista, probablemente hubiera acabado en Olite trabajando en el campo. Mi abuelo, Leoncio Campante, tenía unas viñas y me decía: ‘oye, vente, que aquí tienes tú el cocido’.

Rafa Marañón, en las gradas vacías del RCDE Stadium. / Zowy Voeten / EPC
Usted propuso un proyecto en el concurso del estadio de Cornellà, ¿verdad?
Mira, yo en el Espanyol he hecho de todo. Primero jugador. Después he sido segundo entrenador de Vicente Miera, he sido entrenador del B, he sido ojeador, he estado en la comisión de patrimonio del club y me he presentado a concursos. Yo he diseñado la Ciudad Deportiva, hecha bajo mi proyecto y dirección. Y luego, sí, me presenté al concurso para el RCDE Stadium con un grupo norteamericano, yo como arquitecto regional. Estuvimos a punto de ganar.
¿Era muy distinto su idea respecto a la que ganó?
Este estadio a mí me gusta, pero me gustaba también el nuestro. El concepto era distinto. Desde fuera tenía una perspectiva como de monumento, más museístico, un Guggenheim, entre comillas, pero en el interior era un campo de fútbol, claro. En el exterior era más rompedor, sin decir que este actual esté mal, ni mucho menos.
¿Qué sintió cuando se derribó Sarrià?
Para mí, Sarriá lo es todo. Ahora lo estoy viendo desde aquí [mira un cuadro colgado en la sala de juntas del club perico] y era un estadio emblemático, siendo el más destartalado. Cada tribuna era de su padre. Sin embargo, tenía algo que atraía. Yo creo que era la cercanía del campo, en medio de la ciudad, se podía ir andando, el olor a la hierba…
¿Pero le apenó mucho?
Pues hombre, sientes como que se te va algo importante Es donde he tenido mis éxitos, donde me han chillado, me han aplaudido. Quiero decir, que es todo. Y le tienes un cariño, pero ves que es el futuro.
¿Siente nostalgia cuando pasa por esa zona?
Bueno, de hecho, vivo por ahí cerca. Me pude comprar un piso cuando podía comprármelo. Ahora no podría. Y ya me he acostumbrado.

Marañón saluda a Javi Puado en el acto de renovación del delantero. / Valentí Enrich / SPO
Miremos su etapa de jugador. Llegó al Real Madrid con 18 años y se fue en la 73-74. ¿Por qué dejó el club blanco?
Tenía muchas ilusiones, pero era muy difícil jugar. Pensaba: 'aquí voy quemando años y la vida pasa'. Jugaba pero no con la regularidad que quería, así que a los 24 o 25 decido partir peras. En el Espanyol pasé también mis peripecias al principio, no creas. Al final de la primera temporada me quiso vender. Un día vi que Santamaría, que era quien me había traído del Madrid, me quería cambiar y entonces apareció un balón y de cabeza marqué gol. Me fui corriendo hacia él como un poseso y gritando: ‘¡va, cámbiame ahora, venga!’.
Debutó con el Espanyol en el Trofeo Ramón Carranza contra Pelé. ¿Impresionaba?
Hombre, claro. Para mí es el mejor jugador de la historia.
Y usted ha jugado contra Maradona y Cruyff.
He jugado contra muy buenos. Y Pelé es el mejor. Lo tenía todo. Completísimo. Le pegaba con las dos piernas. Ágil. Saltaba rápido. Iba bien de cabeza. Tiraba faltas, penaltis. Fútbol total. Tenía algo que le hacía mejor que nadie en el mundo.
¿Habló con él ese día, el del debut?
Sí, pero nada, muy poco. Recuerdo que quería darle la camiseta a Molinos, que lo marcó muy bien, sin pegarle.
Antes al delantero se le pegaba más, ¿no?
Un día Amancio me dijo: ¡somos unos héroes’. Porque antes te daban lo que no se da ahora. Te la estabas jugando en cada momento. A mí me rompió la clavícula un jugador del Betis en Sarrià. En la penúltima jugada del partido. Y el árbitro estaba delante y no pitó ni falta. Entró de frente con la bota. Me rompió en un momento importante. Llevaba siete goles en tres partidos y estuve tres meses sin jugar. Y al partido de vuelta, en el campo del Betis, ese señor vino y me dijo: ‘como no he podido ir a verte a la clínica hoy te voy a dejar que pases todas las que quieras’. Y la primera jugada que hubo, ¡pam!, me pegó fuerte. ¿Dónde? ¡En la clavícula!

Pelé, en un partido entre el Santos y el Espanyol en el trofeo Ramón de Carranza. / Sport
¿Usted daba también?
A mí no me han expulsado nunca. Bueno, la única vez acabaron expulsando a todo el equipo. En un torneo en Cáceres, contra el Manchester City, uno me hizo una entrada y vi el balón ahí, fui a darle y el tío tocó la pelota, así que le di a él. Saltaron del campo todos los jugadores, uno me pegó un puñetazo y se armó una buena tangana. El árbitro era Pes Pérez. Y expulsó a los 22. Y bajó el gobernador de Cáceres y dijo que el partido tenía que seguir. Y se decidió que había que quitar a uno de cada equipo, que lo eligiéramos entre nosotros. Los de Manchester me escogieron a mí, claro. Íbamos 1-0 y había metido el gol. Pues esa es la única vez.
¿Y algún defensa en particular al que temiera?
A mí me ha marcado muy bien Camacho. Me ha marcado fenomenalmente. Era inexpugnable.
¿Y qué hay de cierto en que estuvo a punto de fichar por el Barça?
Estando en la selección, en el Mundial 78 de Argentina, Kubala me llamó. Estábamos en un entreno entre partido y partido, concentrados en La Martona, un club de campo donde pasamos frío y la comida era horrible. Y me dice: ‘en estos momentos está usted fichando por el Barcelona’. Y digo, ‘¿yo?’ Te digo lo que me han contado. El Barça de Núñez quería a Solsona. Él había salido de una hepatitis. Entonces dijeron que lo querían a prueba. Y el presidente Manuel Meller dijo que no, a prueba, no. ‘Pues entonces queremos a Marañón’. Yo tenía 28 años. Y a todo ello apareció el Valencia y vendieron a Solsona. Y ya se acabó el problema, porque el Espanyol en aquella época tenía que vender un jugador cada año para subsanar su economía.

Los exjugadores del Espanyol Raúl Tamudo y Rafa Marañón se bañan en cava para celebrar un nuevo récord de goles del exfutbolista de Santa Coloma en Liga, en 2007. / JORDI COTRINA / Bcn
¿Cuánto dinero ofrecían? ¿Se sabe?
Pues no. Yo creo que el Valencia pagó 25 millones de pesetas por Solsona. Me imagino que estaría por ahí. Era un profesional y habría ido, pero hubiera seguido siendo del Espanyol. Es mi casa, a pesar de que ha habido mis malos momentos.
¿Cuáles fueron esos momentos malos?
Hay uno en mi carrera que es crítico. Estoy a punto de ganar el Pichichi y en la última jornada me lo arrebató Mario Alberto Kempes. Le pasaba por un gol y él metió dos en campo del Atlético. Y yo en Sevilla no tuve ni una oportunidad. Empatamos a cero. Me escoció. Me dolió bastante el orgullo. 'Qué mala suerte, macho', pensaba. También te digo una cosa: Kempes era un pelotero sensacional, pero el Atlético de Madrid había sido campeón la semana anterior contra el Madrid y estaban todos un poco de vacaciones. Encima, Kempes tenía un montón de amigos en el Atlético. Ayala, Pereira, Panadero… No sé cuántos. O sea, si hubiera necesitado seis goles, los habría metido. El Valencia ganó 2-3 y no sé si había ganado fuera de casa algún partido ese año.
¿Echa de menos la adrenalina del gol?
Sí, y un poco por eso me metí en el equipo de los veteranos en cuanto me retiré. Me hinché a meter goles. Ahora soy el presidente de veteranos del club. Pero ya te digo, he jugado más de 500 partidos con los veteranos.
¿Cuándo fue su último partido?
Me hicieron un homenaje en Sitges y tuve que jugar un rato el año pasado. Tiré una falta y casi la meto. Pero lo que es jugar lo hice hasta los 70 años. Luego algún partido suelto. Pero de continuo, hasta los 70. Hay compañeros que me dicen que vaya, que tal, y yo digo, no, que tengo ya la rodilla un poco para los leones.
Pues ya estaríamos, muchas gracias.
Esto es para EL PERIÓDICO, ¿no? Una vez hubo un partido en que un periodista de su diario escribió de mí: ‘Ni pudo ni quiso’. Cómo me cabreó. Que no pude, vale, ¿pero que no quise? Cogí y me fui a la redacción. Pregunté por él, me dejaron pasar y llamé a la puerta de su despacho, dispuesto a cantarle las cuarenta. Me abrió y empezamos a hablar. No le dije nada feo. Al final, quedamos como amigos.
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