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La industria del deporte

Mufasa y el ciclo de LaLiga, por Marc Menchén

Lamine Yamal, durante un partido del Barça en Anoeta.

Lamine Yamal, durante un partido del Barça en Anoeta. / Juan Herrero / EFE

Marc Menchén

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Cada mercado de traspasos, vuelve a sonar la misma música: el fútbol español está en decadencia económica, deportiva y competitiva. Cada salida de un futbolista con rumbo a otra liga europea se interpreta como un ejemplo más de que los clubs de LaLiga son incapaces de retener a los mejores. Unos lo atribuyen al control económico, que consideran una losa. Otros apuntan a las capacidades de gestión dentro de los equipos. Y hay quien asume como yo que en el ciclo de la vida que nos explicaba Mufasa en El Rey León, el grande siempre se va a comer al pequeño por espabilado que sea.

Y entendiendo que la ley de la jungla es la misma que impera en el mercatto, los datos de 2024-2025 empiezan a ofrecernos una fotografía en la que al león de la Premier League puede empezar a costarle algo más cazar presas en España. El negocio agregado de los clubs de Primera División alcanzó los 4.600 millones de euros, un 1% más que el anterior récord histórico. No es espectacular, pero sí significativo por cómo se produce. El 75% de los equipos mejoraron su facturación y un 60% lo hizo a doble dígito.

La clave está en dónde crece el negocio. El avance no viene del pilar tradicional —la televisión bajó su aportación—, sino del área comercial y, sobre todo, la taquilla. Las inversiones en estadios empiezan a dar frutos. Aquí podemos hablar de subidas generalizadas que confirman que el estadio y la experiencia del día de partido se han convertido en un vector estructural de crecimiento. Y aún hay mucho margen para crecer ahí.

Pirámide clara

En términos de rentabilidad, el fútbol español todavía no gana dinero de forma agregada, pero las pérdidas se han reducido un 96%. Sólo siete clubs cerraron en negativo, y hay matices. Hay pérdidas asociadas a fases inversoras y de crecimiento —Mallorca o Celta— y otras de carácter más estructural, como el Sevilla.

La salud real del sistema es buena y la pirámide sigue siendo clara. Real Madrid y Barça superan los 1.000 millones; el Atlético de Madrid ocupa una tierra intermedia; y por debajo emerge un bloque cada vez más sólido en el entorno de los 200 millones. Incluso el suelo de la categoría ha subido, aunque equipos con masa social escasa son los que más sufrirán en esta etapa.

Todo esto importa cuando se mira al exterior. UEFA aprieta con sus reglas de sostenibilidad, la Premier empieza a poner límites a un modelo a pérdidas, Italia no crece y Francia va rumbo al desfiladero. ¿Y el fútbol español? Llega a este nuevo ciclo más ordenado, con un negocio al alza y menor necesidad del salvavidas de los traspasos. No son los rasgos para convertirse en Simba, pero sí para dejar de ser la presa fácil del ecosistema.

Fondos soberanos para la NBA Europa

La NBA abre la puerta a un cambio relevante en su política de inversión a través de NBA Europe. El comisionado Adam Silver ha reconocido que la futura liga europea puede servir como banco de pruebas para permitir una mayor entrada de fondos soberanos, hoy limitados al 5% del capital de una franquicia en Estados Unidos. No es un matiz menor: el proyecto maneja valoraciones de 1.000 millones de dólares por equipo, una barrera de entrada que explica la necesidad de ampliar el abanico de inversores.

La competición, que mantiene la fecha de arranque para octubre de 2027, aspira a contar con 16 equipos en grandes mercados europeos. Silver insiste en que se trata de una apuesta a muy largo plazo, comparable al desarrollo inicial de la WNBA, y advierte de que la viabilidad comercial no será inmediata. Con semejantes exigencias financieras, la apertura a capital estatal deja de ser ideológica para convertirse en necesaria.

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