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NBA

Jordi Fernández sufre una paliza histórica en el Garden ante los Knicks: "Soy el responsable"

Los Knicks rompen una racha de 4 derrotas con una victoria récord de 54 puntos sobre los Nets (120-66)

Jordi Fernández con los brazos en jarra durante el partido entre Brooklyn Nets y New York Knicks.

Jordi Fernández con los brazos en jarra durante el partido entre Brooklyn Nets y New York Knicks. / SARAH STIER / Getty Images via AFP

Giacomo Leoni Amat

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Ya son 13 las derrotas seguidas que suman los Brooklyn Nets frente a los New York Knicks. Es la racha más larga entre las dos franquicias del Este de EEUU, que hace más de dos años que no disputan un derbi en condiciones. La desigualdad entre uno y otro equipo volvió a ser evidente en su último enfrentamiento, y esta vez los de Jordi Fernández no pudieron escapar a una humillación histórica en el Madison Square Garden.

Los Nets ya perdieron el primer duelo de la temporada de manera estrepitosa (134-98), y en lugar de aprovechar la mala racha de su rival, sufrieron otra paliza memorable que supone la mayor diferencia de puntos en un triunfo de toda la historia de los Knicks (120-66).

"Nunca he perdido contra los Knicks", dijo Nic Claxton en enero de 2023 cuando el barrio de Brooklyn todavía gozaba del talento de Kyrie Irving, James Harden y Kevin Durant. Desde entonces, el pívot de 26 años no ha vuelto a ganar contra el rival de la ciudad que nunca duerme. Los Knicks llegaban al partido habiendo perdido 9 de sus últimos 11 partidos, y los Nets tenían la oportunidad de hurgar en la herida a la vez que frenar la desastrosa dinámica entre las dos franquicias, pero fue todo lo contrario. "Soy el responsable", declaró Jordi Fernandez en la rueda de prensa posterior al choque para proteger a sus jugadores, que en ningún caso quedaron exentos de responsabilidad tras una actuación que pasará a la historia por la increíble diferencia récord de 54 puntos.

Más que una victoria

La NBA cada vez es más esclava de las estadísticas, pero Jalen Brunson sabe bien que nada es más importante que el simple hecho de ganar, sea cual sea el resultado final. El capitán de los Knicks respondió con humor tras ser preguntado por lo que les había faltado en la racha de cuatro derrotas seguidas y que últimamente no se ha visto lo suficiente: "Una victoria", respondió el máximo anotador del partido (20 puntos, 4 rebotes, 5 asistencias).

Su compañero de equipo Karl-Anthony Towns repitió sus mismas palabras, y añadió: "Eso era lo más importante, simplemente encontrar la manera de romper el hielo. La constancia es lo que hace a los campeones, tenemos que mostrar esta intensidad, energía y ejecución cada noche".

Landry Shamet, actual alero de Nueva York que llegó a disputar 61 partidos como jugador de los Brooklyn Nets y apenas volvía de una lesión de hombro, vio como entraron los seis triples que intentó tras salir del banquillo. Terminó el partido con 18 puntos y también le quiso quitar importancia al abultado marcador que reflejaba el luminoso del Garden: "Una paliza en el último cuarto, genial, da igual."

Mikal Bridges, con quien vuelve a coincidir en el equipo tras su etapa en Phoenix, alcanzó los 600 partidos seguidos, la racha activa más larga de la NBA. Bridges fue traspasado de Brooklyn a Nueva York en verano de 2024, pocos meses después de que Jordi Fernández fuera nombrado entrenador de los Nets.

Rivalidad asistente

La rivalidad entre ambas franquicias está llena de historias y jugadores que han vestido ambas camisetas, hasta 69, y la llegada de Mike Brown al banquillo de Nueva York añade todavía más alicientes. El entrenador de 55 años firmó con los Knicks el pasado verano después de una exitosa etapa en Sacramento, donde Jordi Fernández era su asistente.

En 2009 ya le abrió la puerta a la NBA cuando solo tenía 26 años para que se formara en el departamento de desarrollo de jugadores de los Cleveland Cavaliers de LeBron James. Curiosamente, la primera vez que se vieron las caras desde banquillos opuestos el de Badalona se llevó la victoria, aportando al despido de Brown que se produjo tan solo un mes después. "Es más que mi mentor, es familia, no estaría aquí si no fuera por él", dijo entonces Jordi Fernández.