Irrupción en el tablero
Marc Barceló, el prodigio de nueve años que asombra al mundo: "Todo empezó con un cubo de Rubik y un mapa"
El joven ajedrecista de Tarragona, hijo de zaragozano y ucraniana, es uno de los grandes alumbramientos del ajedrez mundial. Sus padres intentan que no deje sus rutinas escolares y siga comportándose como lo que es: un niño que juega

Entrevista con Marc Barceló, campeón del mundo de nueve años de ajedrez relámpago / JORDI COTRINA / VÍDEO: J. COTRINA / M. TUDELA

«El ajedrez, para mí, es como un juego. Pierdes, ganas, como en todos los juegos». Y Marc Barceló Melnyk, que nació un 22 de agosto de 2016 en Tarragona, amplía su sonrisa, pícara, mientras se recuesta en la silla.
Sobre la cama de Marc hay un mapa del mundo. Cada país, con su bandera y un símbolo que lo representa. Quería conocerlos todos, también sus capitales. No tardó en hacerlo. Desde su almohada, si vuelve la mirada hacia la estantería, junto a puzzles, libros de dinosaurios y un ejemplar de El Principito –el niño admite que, por ahora, no le gusta mucho leer– reposa un cubo de Rubik. A los cinco años, como pasó con el mapa, ya sabía cómo resolverlo. Tampoco tuvo que recurrir a un vídeo de Youtube. No le gustan ni los móviles ni las tabletas. Tampoco ponerse frente a la tele.
A los siete años, en el verano de 2024, comenzó a jugar a ajedrez con su padre, Javier, nacido en Zaragoza y que se dedica a la industria informática. Le enseñó a mover las piezas. En su familia no había tradición. Tampoco en la de su esposa, Olena, ucraniana nacida en Kiev, especializada en análisis de datos y que llegó a España hace 15 años. Olena admite no saber jugar. Ambos miran a Marc con una mezcla de orgullo y protección. Su hijo es uno de los mayores talentos precoces que ha dado la historia del ajedrez –en diciembre se proclamó campeón mundial de ajedrez relámpago y subcampeón en rápidas–, con registros que, a sus nueve años, ni siquiera habían alcanzado leyendas como Magnus Carlsen o Gary Kasparov.

El ajedrecista Marc Barceló, campeón del mundo, en su casa de Tarragona. / JORDI COTRINA
«Marc no ha dejado de hacer cosas de niño. Para nosotros es muy importante mantener sus hábitos, que siga yendo a los cumpleaños, al colegio... Muchos niños de su nivel, especialmente en los países del Este, no van a la escuela. Se presentan a los exámenes y ya está. Nosotros no queremos eso para él. Es importante que mantenga la relación con sus amigos», cuenta Olena en el salón de su casa de Tarragona, junto a la playa de l’Arrabassada.
Marc ya ha salido de la habitación y ha recibido con enorme alegría la llegada de uno de sus entrenadores, el Maestro Internacional venezolano José Sequera. «¡Por fin! Hoy todavía no había jugado», dice el niño. Ambos se ponen a jugar en uno de los dos tableros dispuestos en la mesa del comedor. También cuidan de su preparación el histórico campeón español Miguel Illescas (Gran Maestro Internacional) y Francesc Farran (Maestro FIDE), alma del Club Escacs Tarragona. Sequera considera que con el sistema educativo español «hay menos margen para potenciar las individualidades».
El aprendizaje
«Lo que nos comentan José o Miguel Illescas es que ellos aprendieron de los libros, por lo que el proceso era más lento. Ahora, si vas al ordenador, el ejercicio está colocado. O que te expliquen una apertura en un vídeo es diferente que leerlo en un libro», explica Javier cuando es cuestionado por la celeridad en el aprendizaje de su hijo.
José Sequera, uno de sus entrenadores, compara su talento al de leyendas como Karpov o Capablanca
Marc Barceló es el segundo jugador más joven en la historia en llegar a los 2.200 puntos ELO [el sistema utilizado para calificar a los jugadores], sólo por detrás de otro niño de su generación, el francés Luca Protopopescu (27 de marzo de 2016). Marc tiene en su cuarto el diploma que le acaba de llegar, el de Maestro Candidato (ya solo por debajo de Maestro FIDE, Maestro Internacional y Gran Maestro). Mientras, el argentino Faustino Oro (14 de octubre de 2013) está ya a punto de lograr el título de Gran Maestro de ajedrez y batir así todos los récord de precocidad.

Marc Barceló, durante un entrenamiento en su casa con José Sequera. / JORDI COTRINA
«Y Marc le va a la zaga. Creo que antes de los 14 años también será Gran Maestro», dice Sequera. «Estaría bien», interviene Marc, alegre. «En los 30 años que llevo enseñando ajedrez, no he visto a niños como él. Haciendo una proyección, no puedo evitar compararlo a leyendas como Capablanca o Karpov. Y no lo digo por decir, sino porque realmente estoy convencido de que la comparación es justa. Marc es un supertalento. Comprende el ajedrez de manera bestial, innata. Lo sé desde que lo vi con un tablero de por medio», insiste Sequera.
Marc conserva sus peluches junto a las más de cuarenta distinciones que se van amontonando en su habitación. Tiene también una foto de Carlsen. «Es mi ídolo. También Kasparov y Bobby Fischer», admite convencido. «He visto muchas de sus partidas». Son pensamientos que le acompañan hasta la cama. «Cuando sueño, imagino posiciones de ajedrez. Sueño que estoy jugando una partida», confiesa.
Niño con altas capacidades, tiene especial habilidad con las matemáticas y la memoria visual
Estudia Marc Barceló en La Salle Tarragona. «Nosotros ya notamos que algo había en él. A los tres años ya hacía puzzles para niños de ocho. Luego llegaron las banderas de los países, el cubo de Rubik... Es un niño con altas capacidades. Su profesora nos ofreció hacerle un test», cuenta su madre. Una vez a la semana tiene una clase especial de matemáticas avanzadas. Destaca en cálculo y memoria visual. «Si nos hubiesen propuesto avanzarlo un curso, tampoco habríamos aceptado. Él es muy abierto y sociable, tiene muchos amigos, también en el ajedrez. En esto, prácticamente todos los niños que destacan tienen altas capacidades», dice Javier. Olena explica cómo intenta que su hijo, además de ese inglés con el que trata de hacerse entender en los torneos, también hable ucraniano. "Cuando nació le hablaba en ruso, pero al comenzar la guerra dejé de hacerlo y cambié al ucraniano".
«Los profesores están contentos conmigo, tengo buenas notas. En Matemáticas siempre sacó excelente, es mi asignatura preferida. Y el cálculo se me da muy bien. Este trimestre saqué cuatro excelentes, tres notables y un satisfactorio en plástica, es lo que menos me gusta», cuenta Marc, que sigue jugando a fútbol con sus compañeros aunque dejara la extraescolar, y que también disfruta con el ping-pong.

El ajedrecista Marc Barceló, campeón del mundo, en su casa de Tarragona. / JORDI COTRINA
Echa Olena la vista atrás, al verano de 2023. A los días en que llevaron a su hijo al parque de El Retiro de Madrid para que se enfrentara a los asiduos del lugar. Vieron que su nivel era superior a lo normal. O Javier, que fue quien descargó la aplicación de Chess.com para que el niño fuera jugando a su aire, aprendiendo prácticamente solo con los vídeos de aspectos básicos que había allí almacenados: «Subía muy rápido».
Entrena Marc cuatro horas a la semana con Sequera. Forma parte también de un pequeño grupo de élite de la Federación Española con el que se prepara una hora y media por semana. A Francesc, en el Club, lo ve una vez cada dos semanas. Y luego, claro, compite, con sus padres encargándose de buscar torneos, cada vez de un mayor nivel.

Los trofeos de Marc Barceló ganados en el ajedrez reposan junto a sus peluches. / JORDI COTRINA
«José [Sequera] me dice que tengo que jugar duro, agresivo. Cuando pierdo, a veces me lo tomo mal. Me cabreo, sobre todo si la partida es larga. Pero hay que levantarse de la derrota y a la siguiente partida jugar mejor».
Marc no deja de sonreír. Disfruta el momento. Mira al periodista. Al tablero de su escritorio. Los peluches, desde muy arriba en la estantería, observan la escena.
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