Opinión | Carrascazos
Pezqueñines no, gracias

Xabi Alonso, extécnico del Real Madrid. / ÓSCAR DEL POZO / AFP
Debe ser por deformación profesional que me resulte habitual trasladarme mentalmente a alguna campaña publicitaria para describir la actualidad. Hoy me viene a la mente una campaña de cuando era imberbe, hace ya 40 años, que seguro que recuerdan y en la que se nos invitaba a no consumir pescaditos de pequeño calibre para proteger la fauna marina y fomentar la compra responsable bajo el lema “Pezqueñines, no gracias”. Pero… ¿qué hacer si el pezqueñín, en este caso, no es que no haya crecido aún, sino que de ser gigantesco ha pasado a ser minúsculo?
Hubo un tiempo en que el Real Madrid fue grande y entraba al Camp Nou como quien invade Roma. Hoy entraría como quien visita un museo: en silencio, con respeto y esperando no tocar nada. Contra el Barça, el gran coloso blanco se ha convertido en un equipo pequeño, de esos que celebran no ser goleados y que confunden la dignidad con el simple hecho de seguir vivos en el minuto 90.
El Barça ya no juega contra el Madrid: juega con él. Lo mueve, lo observa, lo deja respirar un rato y luego vuelve a recordarle quién manda. Y el Madrid, feliz. Feliz por competir. Feliz por “dar la cara”. Feliz por no salir en la foto de la humillación. El listón ha bajado tanto, que Florentino debería pedir licencia de ONG.
Antes, contra el Barça, el Madrid quería ganar. Ahora quiere resistir. Antes hablaba de gloria. Ahora habla de “detalles” y de “partidos serios”. Un vocabulario propio de equipo menor que se sabe inferior y que firma el empate antes de que ruede el balón.
El Barça, en cambio, juega como quien se sabe superior. Sin ansiedad, sin urgencias, sin necesidad de discursos. Juguetea, administra, espera.Y lo más triste no es la derrota blanca, sino su patética celebración de no salir humillado. Porque cuando el mayor éxito es no ser goleado, cuando la épica es sobrevivir, cuando competir ya es un premio… entonces sí: te has convertidoen pequeño, en minúsculo, en una cándida realidad a proteger.
Y el Barça, mientras tanto, sonríe. Y, lo entrene Alonso, Arbeloa o un cono: “Ganas de volver a veros…” ¿Lo entienden ahora?
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