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La industria del deporte

Deporte femenino, año E; por Marc Menchén

Alexia Putellas, defendida por Jule Branden en la vuelta de la final de la Nations.

Alexia Putellas, defendida por Jule Branden en la vuelta de la final de la Nations. / JAVIER SORIANO / AFP

Marc Menchén

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Hay años que no son de despegue, sino de examen. Y 2026 apunta a ser uno de ellos para el deporte femenino, especialmente para el fútbol. No porque falte convicción por parte de la industria, ni siquiera inversión, sino porque toca ver si el producto ya está preparado para caminar solo como entretenimiento de masas, algo que hoy solo parece que ocurre con el tenis. Y aquí influyen muchos otros factores más relacionados con la demanda de los consumidores que con la calidad de la oferta.

En España, el ciclo es bastante claro. Tras más de cuatro años de impulso, la profesionalización de la Liga F ha venido acompañada de una inyección pública y privada que supera los 100 millones de euros. Se ha invertido en estructuras, talento y en construir un relato que conecte con el gran público. Era necesario para darle una visibilidad que ha situado a la competición incluso por encima del balonmano o el fútbol sala en términos de relevancia mediática. Sin ese empujón inicial, hoy no estaríamos hablando de fútbol femenino profesional, sino de una buena intención permanente.

La duda es si es suficiente el tiempo que se está comprando con dinero para la estimulación de la demanda --llenar más estadios, cobrar suscripciones y generar audiencia que llame a patrocinadores-. O si, por el contrario, van a ser muchos más años de inversión. Y, en Europa, el tiempo juega en contra: mercado y audiencias fragmentadas por países, y una competencia feroz por la atención. Nada que ver con Estados Unidos, donde el ecosistema está diseñado para escalar más rápido en un mercado único mayor que Europa, con grandes territorios asignados a cada franquicia y una narrativa común. No es casualidad que la WNBA viva su mejor momento en lo económico -en lo laboral, se habla de huelga- ni que surjan formatos como Unrivaled.

Contexto de saturación

Quizá hemos infravalorado lo que cuesta consolidar una nueva competición en un contexto de saturación absoluta de oferta de entretenimiento. Si no crece la base de aficionados y aficionadas -se confiaba en una mayor incorporación de la mujer como espectadora-, el riesgo es evidente: empujar a clubes y ligas a competir por un pastel que no aumenta. Canibalizar ingresos y tensionar costes más por las expectativas que por la demanda real.

Aquí está el verdadero desafío de este año. Porque si no crecen las audiencias y el impacto mediático, será muy difícil sostener el apoyo inicial de televisiones y patrocinadores a los niveles que lo han hecho. Hoy todavía pesa el componente de valores, de apuesta estratégica y de posicionamiento. Pero, antes o después, llegarán los objetivos fríos de retorno. Y entonces ya no bastará con creer. Tocará demostrar.

El ‘gurú’ de la inversión deportiva

Con el cambio de año se cierra una de las grandes operaciones en la industria del deporte. El fondo estadounidense KKR ha adquirido Arctos Partners, inversor especializado en activos deportivos premium que gestiona cerca de 14.000 millones de dólares (12.000 millones de euros), según Bloomberg. La transacción valora Arctos en unos 1.000 millones de dólares (853 millones de euros), a la espera de la aprobación de las principales ligas profesionales de Estados Unidos.

El acuerdo incluye incentivos para el equipo directivo, entre ellos su cofundador Ian Charles, que continuará al frente de la firma y recibirá acciones de KKR. Estos bonus podrían elevar la valoración total hasta cerca de 1.500 millones de dólares (1.280 millones de euros).

Arctos cuenta con participaciones minoritarias en clubs como PSG, Liverpool FC o Aston Martin, además de franquicias como Golden State Warriors, Utah Jazz o Los Angeles Dodgers. Su modelo se basa en tomar porcentajes reducidos en activos de alto valor, una estrategia que ahora se integra en un gigante del capital privado con más de 700.000 millones de dólares en activos bajo gestión.

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