Opinión | Golpe franco
La esencia viaja en frascos misteriosos

Raphinha, en plena celebración en Yeda. / Efe
El Barça tiene ahora un equipo esencial, trabajado, hecho a la vez del amor por el fútbol y de la alegría de verse jugar. Los futbolistas, y los que lo están viendo desde la grada o desde el banquillo, se agitan a la vez que los futbolistas se disponen a ganar los partidos, o al menos a jugarlos con las ganas con las que se supone que entrenan.
El Athletic, con el que el Barça ha viajado allende los mares para sentirse lejos en la competición más local de todas las que se juegan, se dio cuenta desde el principio de que no tenía la lección aprendida.
Tanto esperó el equipo vasco por hacerse con el campo que no tuvo ni siquiera el último suspiro para decir aquí estoy yo. Un símbolo mayor, y triste, de su desistimiento fue la situación de Iñaki Williams jugando sin ganas, lejos de la pelota, en la pura grada.
Podría decirse, la verdad, que todos, incluido el portero, que es tan bueno como Joan Garcia, se mostraron más preocupados que ocupados en la tarea de jugar que en la idea de improvisar y de querer. El Athletic ni improvisó ni quiso, seguramente porque llegó al campo preguntándose lo que se dijo a sí mismo el otro hermano Williams: que no valía la pena ir tan lejos para jugar un partido que, en definitiva, era local.
En esa situación tan desigual fue lógico que el Barça se hiciera con todo, hasta con los sueños; todos jugaron bien, como si estuvieran compitiendo para decir quién era el mejor, cuando ya se sabe que el primero es Pedri, esté o no esté. Para mí fue Raphinha 'el otro mejor' porque domina la estética, y hasta la ética, con una veteranía que ya le acerca, y no peligrosamente, a Messi. Fermín fue el otro puntal de este himno a la alegría que fue este partido jugado tan lejos.
Todo lo que se vio, de los jóvenes, de los mayores, hace augurar un mundo nuevo en el que el Barça se distingue, me parece, por la decisión de ser mejor a menudo que se le ponga cuesta arriba la decisión de los otros (el Madrid, el Atlético) de hacerles difíciles los encuentros.
Este Barça es més que un club, y ahora va en serio: la esencia de su viaje está dentro de frascos que sólo hierven entre inteligencias que juegan contentas.
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