Opinión | Golpe franco
Maneras del gol

Robert Lewandowski, tras marcar el 0-2 al Espanyol en el último derbi en Cornellà. / JORDI COTRINA
A veces el empate es una costumbre que se instala en los hombros. Los futbolistas, los aficionados, aquellos que viven el fútbol como si fuera la consecuencia de una fatalidad del azar, llegan al último momento de los partidos diciéndose a sí mismos que así, como va el partido, empatado o perdido, así tenía que ser…
Y eso sucedió en el partido que inaugura este año con el desafío mayor del Barça: el Espanyol-Barcelona. Los dos equipos se han creado para mirarse de cerca y de lejos, como se dice en las novelas: para desencontrarse e incluso para descreerse. Ahora el Espanyol no es sólo grande cuando se enfrenta al Barça, es que ahora es grande en todas partes porque es temido, y es bueno. No tan solo es bueno por su entusiasmo, sino que es temible por lo que su entusiasmo explica: ahora está hecho para ganar.
Por eso, cuando puso en jaque al Barcelona de Flick no fue porque este equipo (que quizá) estuviera cayéndose como Lamine después de las semanas de asueto. Era porque juega mejor que nunca, o que en los últimos tiempos, combina el entusiasma con la calidad y el conocimiento. En este caso, con el conocimiento del contrario, sobre todo, y no porque sea el Barça el equipo que tenía enfrente, sino porque ahora el Espanyol es capaz de tutear al vecino de las grandes glorias.
Dio pavor, muchas veces, imaginar al Espanyol explicando fútbol en el área del que fue su gran portero, Joan Garcia, expuesto a ser goleado por sus antiguos compañeros, dejado a veces de la mano de Dios (o del diablo) por defensas que ahora están y no están a la vez. Pero este Garcia es mucho Garcia. Es más: es mucho más que un Garcia solo, es un futbolista que agranda su estatura hacia el cielo y hacia el suelo. Y no solo sólo porque delante tenga la revancha como asunto, sino porque sabe dónde está el aire y hasta donde le llegan las facultades de sus manos. Éstas a veces son infinitas. Y así se vió este sábado de reyes, en el que él, Joan Garcia, fue el rey del mambo y el mambo también…
Esas circunstancias que están lejos de lo que hace la delantera terminó estimulando a los de arriba. Y fueron tres de arriba, Fermín, Lewandowski, Olmo, los que se dispusieron, cuando yo tenía ya el empate en la garganta, a ganar un partido que parecía hecho para que el Real Madrid se diera un suspiro hoy por la tarde.
El triunfo fue de los goles, sobre todo de la manera de hacer los goles; pero también hubo en esa circunstancia, el hecho de ganar, una inteligencia que nace en la portería, se llama Joan y fue del Espanyol.
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