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UN LÍDER DE HIERRO: 27 PUNTOS DE 27

El 'coloso Joan Garcia' multiplica la potencia del Barça: un derbi para el museo

La crónica: Joan Garcia dignifiça un derbi coronado por Fermín (0-2)

La contracrónica: El Espanyol dicta la receta del derbi y Fermín la cocina

Las reacciones: Flick da las gracias a Joan Garcia por el triunfo

Hansi Flick felicita efusivamente a Joan Garcia al final del derbi.

Hansi Flick felicita efusivamente a Joan Garcia al final del derbi. / FCB

Marcos López

Marcos López

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Acabado y ganado el derbi, Flick salió eufórico. Iba corriendo al centro del campo. Tenía una misión. Y la logró. Abrazó y acunó a Joan Garcia, el hierático portero del Barça que firmó una actuación sensacional, digna de entrar en el Museo firmando seis paradas (un par de ellas colosales) que silenció Cornellà-El Prat, al tiempo que deprimía a los pericos y desanimaba a los perseguidores.

Suma el Barcelona nueve victorias consecutivas en la Liga. Cayó en el clásico del Bernabéu y desde entonces se subió a un cohete: 27 puntos de 27 posibles. Y Flick un tipo agradecido, se entregó como el barcelonismo a un joven que dictó una lección de contundencia en su área. Y el Barça, en la contraria.

"Madre del amor hermoso, qué portero", exclama Lamine

"Ta loco", escribió Lamine Yamal en su cuenta de Instagram respondiendo a una historia del meta azulgrana. "Madre del amor hermoso, qué portero", exclamó la joven estrella sobre su compañero, quien en apenas cinco meses se ha ganado al barcelonismo.

Tiene 24 años, pero parece que lleva toda la vida en el Camp Nou y su coste (Deco ejecutó este pasado verano la cláusula de rescisión de 26 millones para arrancarlo del Espanyol), le ha convertido en un negocio redondo para el club azulgrana.

Fermín abraza a Dani Olmo tras el primer gol del Barça en el derbi contra el Espanyol.

Fermín abraza a Dani Olmo tras el primer gol del Barça en el derbi contra el Espanyol. / Associated Press/LaPresse / LAP

Flick, inquieto por los malos 80 minutos iniciales del Barça, estaba, sin embargo tranquilo porque tenía a Joan guardando su hogar. Es un portero que vale por tres, digno sucesor de Valdés, héroe de las paradas imposibles, tal si fuera Casillas en el pasado o Courtois en el presente, y posee un arsenal de recursos (entraron Fermín, que dio dos asistencias, Olmo, que marcó el 0-1, y Lewandowski, que anotó el 0-2) que modificaron en el área perica el árido paisaje de la noche barcelonesa.

Flick no fue el único que abrazó entusiasmado a Joan Garcia. También Szczesny, el suplente y ahora número tres en el escalafón a la espera de saber si Ter Stegen se marcha al Girona o decide calentar banquillo durante seis meses, pisó el césped para rendirle homenaje a su colega.

Y hasta Dmitrovic, el meta del Espanyol, autor de dos enormes paradas, la segunda a Eric Garcia también fue 'casillesca', se fundió en un singular abrazo con su antecesor. "¿Qué le dije a Joan? Primero fueron cosas humanas. Es un gran chico, está haciendo una gran temporada. Ha demostrado que es uno de los mejores porteros del mundo", relató el meta del Espanyol, anonadado por la exhibición que había desfilado ante sus ojos.

Un partido perfecto

90 minutos, portería a cero -cuarta consecutiva del Barça-, seis remates a puerta, seis paradas (100%), dos salidas buenas de dos intentos (100%), 24 pases buenos de 24 en campo propio (100%), 4 pases buenos de 7 largos (57%).

O sea si existe la perfección fue lo que se vio en Cornellà-El Prat, capaz como fue Joan Garcia de dictar una lección de sabiduria futbolística y de gestión emocional de la noche más compleja de su vida.

Joan Garcia, ahir a Cornellà. | JORDI COTRINA

Joan Garcia, ayer, en Cornellà / Jordi Cotrina

En el campo dominó todos los registros. Hizo seis paradas que fueron, en realidad, siete porque en un gesto tan osado como eficaz empujó a Gerard Martín, tal si fuera una bola de billar, al encuentro de Pere Milla para evitar el 1-0 del Espanyol.

Un meta de ciencia ficción

Tal vez, ninguna tan impresionante como esa prodigiosa mano derecha que sacó, y eso que iba corriendo hacia atrás, cuando Pere Milla cabeceó en la primera mitad a bocajarro -ya en el área pequeña- y sin tiempo apenas para la reacción de un portero normal.

Pero Joan no lo es. Parece un meta de ciencia ficción, que corriendo hacia atrás se inventó una parada que no existía en ningún catálogo. Algo que acreditó, de nuevo, en la segunda ante Roberto haciéndose infinito y gigante para sacar otra vez su inacabable mano derecha y evitar el 1-0. El Espanyol entendió que era imposible abrir esa puerta.

Fermín corona el derbi del porter | JORDI COTRINA

Fermín festeja su asistencia a Lewandowski en el 0-2 del Barça al Espanyol. / Jordi Cotrina

Pero la grandeza de Joan Garcia no se midió solo en sus seis paradas que construyeron un relato lleno de épica. Desde el minuto 20 (ahí nació la primera a Roberto y luego la que creó empujando a Gerard Martín) hasta el 76 (la única en la que usó la mano izquierda para desviar el disparo envenenado de Carlos Romero).

Y en el viaje para la historia del meta azulgrana quedó el cabezazo frustrado a Pere Milla (m. 39), la parada a otro testarazo de Cabrera (m. 42) o cuando detuvo el tiempo ante Roberto, que terminó en el banquillo atormentado por no hallar la rendija (m. 55 y m. 70).

Manolo González, tècnic de l’Espanyol, dona instruccions als seus futbolistes. | JORDI COTRINA

Flick da instrucciones a Balde durante el derbi que ganó el Barça al Espanyol (0-2). / Jordi Cotrina

Eso estaba en las manos de Joan Garcia. Y era bien visible para todos. Lo que no se veía fue también de una grandeza descomunal porque jugó el partido de su vida -pitado desde que salió a calentar, con imágenes de ratas en las gradas a su espalda- como si estuviera en el jardín de su casa.

Dueño de sus emociones

Con la sobriedad por bandera. Ni un mal gesto. Ni una emoción destiló. Ni siquiera cuando protagonizó paradas que se recordarán con el paso del tiempo, elevadas a la condición de recuerdos inolvidables, tanto para el Barça -Flick le dio las gracias por el triunfo- como para el Espanyol, angustiado y abatido porque se topó con un imposible.

No festejó las paradas, ni las inhumanas. Tampoco los dos goles de sus compañeros. Respetuoso estuvo en todo momento con su pasado -ni una mala palabra se le ha oído nunca sobre el Espanyol- y respetuoso, sobre todo, con el juego, sin dejarse atrapar por un clima volcánico como sí les ocurrió en su día a Laudrup y Figo cuando volvieron al Camp Nou vestidos de blanco madridista.

Joan desandó el camino hacia la portería tras el 0-1 de Olmo y el 0-2 de Lewandowski, ajeno al estallido de euforia de sus compañeros. Se refugió en sus rituales y abandonó el RCDE Stadium, su antiguo hogar, transformado en un santo para el Barça.

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