LA CONTRACRÓNICA
Joan Garcia gana el derbi
Cuando salió a calentar 47 minutos antes del partido, ya supo lo que le esperaba. Calentó hasta los oídos.

El guardameta azulgrana Joan García atento al balon en un tiro raso junto al poste en su regreso al RCDE Stadium / JORDI COTRINA

Una humareda acompañada de olor a pólvora invadía el estadio segundos después de que sonaran los primeros aplausos con la irrupción de Manolo González en el césped para ser entrevistado por la televisión. A las 20.13 tronaba una monumental bronca con la aparición de Joan Garcia en la portería de El Prat para calentar, la contraria a la de la Curva. Las gradas no estaban ocupadas ni por un 10% de la gente. El 90% estaba repartido en las exasperantes colas de acceso con registros más minuciosos y la lluvia que agravaba la espera.
Calentó Joan Garcia los oídos, también, para lo que vendría. Que iba ser peor, por supuesto. A la portería mala para el visitante y no tanto por el ambiente, sino por el fútbol en sí. Él y el Barça defendían 19 años de imbatibilidad liguera en territorio blanquiazul.

Gerard Martín, empujado por Joan Garcia, choca con Pere Milla. / Jordi Cotrina
Un gigante para Roberto
Cuando le tocó intervenir por primera vez, demostró que estaba preparado. Se le plantó solo directo hacia él Roberto, en carrera, pero fue el delantero del Espanyol el que se arrugó, disparándole a un cuerpo que se le agigantó demasiado.
Hasta entonces, el meta azulgrana solo había tenido que atender a tres córners seguidos que no le remataron entre los tres palos y manejarse con los pies, en cesiones de sus compañeros. Acciones muy fáciles para un portero moderno como él, máxime cuando en el Barça vive situaciones de vértigo. Varias, según el partido.
Una intervención para aplaudir
Como la que se produjo 20 minutos después. Mucho más meritoria por improvista y cercana, en un cabezazo a bocajarro de Pere Milla ante el que respondió con una extraordinaria parada con la mano derecha, fuerte, para desviar un gol cantado. Tan estratosférica fue que un señor mayor, perico, se puso en pie y le aplaudió, rendido de admiración.
Nadie abucheó ni recriminó al aficionado. Por la edad, por la filiación y por lo justificada que era su reacción. A su alrededor había miradas y cuchicheos. Pol Lozano se acercó a su antiguo compañero, seguramente amigo. Debió felicitar a Joan, a tenor de la palmada en el culo del colega. Carlos Romero hizo un significativo gesto con la mano perfectamente interpretable como "¡vaya parada!".
En el mismo sector de la tribuna fueron más de una decena de personas las que se levantaron cuando Roberto encaró a Joan Garcia por segunda vez en carrera, sin defensas que le atosigaran. Ya en la segunda mitad. El delantero intentó regatearle para marcar a portería vacía. Veía la gloria, la tocaba, pero la maldita mano de Joan tocó el balón, la realidad, y le devolvió de la ensoñación que no se cumpliría, negándole de nuevo. Habría una tercera vez, en un tiro junto al poste.
Roberto se marchó sustituido. Frustrado, maldiciendo su suerte, el papel negado de héroe. La hinchada coreó su nombre a modo de desagravio. Hizo lo máximo y se topó con una respuesta superior. Desde el banquillo vio aparecer la mano izquierda del portero para apartar un envenenado tiro de Romero con el Barça desarbolado, salvado por un portero consagrado a los 24 años.
Iras, pitos y elogios
Había ganado el derbi Joan Garcia, negando al Espanyol. Capitalizó el meta de Sallent todas las iras y todos los pitos; un insulto exclusivo, el más típico, y compartió con los demás el "Puta Barça" de rigor. Los demás vivieron muy tranquilos. La animadversión hacia Lamine Yamal fue muy tenue. El extremo acabo diluido sin merecer la atención.

Fermín celebra el primer gol del Barça durante el derbi. / JORDI COTRINA / EPC
«Joan es increíble, es un porterazo. Ante su exafición ha hecho un partidazo, dejando la portería a cero», dijo con admiración Dani Olmo, autor de un golazo que plasmaba la victoria que estaba gestando Joan Garcia.
No llovieron ratas de ningún tamaño. Cayeron elogios de sus compañeros y de los ex. Solo volaron botellas en el córner donde Fermín López celebró sus dos asistencias.
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