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Andà p'alla, bobo

Espanyol-Barça, lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas / ·

Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

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Es muy posible que ya no lleguemos a tiempo. Bueno, seguro. Y mucho menos a dar lecciones a nadie. Es perder el tiempo. Cuando la situación ha llegado al punto en que nos asustamos tanto, tanto, que, además de declarar un partido de fútbol, un puto partido de fútbol, un deporte, un espectáculo, un juego, un simple entretenimiento, como un evento de “alto riesgo”, es que algo llevamos años, décadas, generaciones, haciendo mal, muy mal. O no haciendo, que es aún peor.

Y es evidente, como muy bien dijo ayer Manolo González, el reluciente, intrépido, triunfador, sincero y atrevido entrenador del RCD Espanyol, que nadie puede abrir la boca ni dar lecciones de nada. Nadie. Empezando por él, que duda del árbitro catalán del derbi porque fue invitado por el Barça a dirigir el Gamper. O por ser catalán y, como se equivoque a favor del Espanyol, “se tendrá que ir de Catalunya”.

Ni Manolo ni su club pueden dar lecciones de nada. El Barça no ha podido celebrar, como debía y merecía, la conquista de sus dos últimas Ligas porque en una ocasión casi les pegan en el mismo césped y, en la última, prefirieron salir corriendo antes de que sucediese algo parecido. Y el Barça, pues tampoco puede hablar mucho, ni pontificar. No solo por la cabeza de cerdo a Figo, no, sino por las veces que han enviado al Espanyol a Segunda. Aquí todos calladitos.

Temer a los suyos

Pero es que ha sido el Espanyol quien ha decidido poner redes negras en sus porterías, lo que significa, lo siento (o no), que no temen solo a los 30 idiotas de siempre (que los hay en todos, todos, los campos de España) sino que temen a muchos más y, sobre todo, que temen a los suyos.

Cuando Silvia Rodríguez, presidenta de la Federación Catalana de Peñas del RCD Espanyol, pide a su afición que mantenga la “cabeza fría” y actúe con serenidad porque LaLiga no se acaba el sábado en el derbi “sino que aún nos quedarán muchos partidos para ayudar a nuestro equipo” a conseguir la mejor clasificación de la historia, es porque teme que eso no sea así. Y si eso no es así, la culpa no será de quien haya estado avisando, sino de los protagonistas de los altercados.

Yo creí que los entrenadores, especialmente Manolo González, pues lo que iba a decir Hansi Flick ya lo sabíamos todos, pondrían un poco de sensatez en estos días previos al derbi. Y, la verdad, eso de que le da igual cómo reciban a Joan García o recordar que “aquí aún no hemos matado a nadie”, no sé si es una manera de calentar el partido, pero se le parece, la verdad.

Hansi Flick y Manolo González se fotografían en el RCDE Stadium antes del derbi.

Hansi Flick y Manolo González se fotografían en el RCDE Stadium antes del derbi. / MANU MITRU / EPC

De la misma manera que, aunque fuese, como fue, en un programa de humor, Pere Milla, una de las estrellas de este vistoso Espanyol, podría haberse ahorrado esa (graciosa) provocación de que él prefiere pisar a Lamine Yamal que a Joan García. Y Lamine Yamal, por descontado, hubiese podido ahorrarse también su chulesca respuesta. Sales, metes cuatro. No hay mejor respuesta.

Papás sensatos

Por eso digo e insisto en que llegamos tarde. Que entrando en 2026, en pleno siglo XXI, los hinchas del Barça tengan prohibido entrar en el estadio perico con símbolos de su equipo y, en el caso del Camp Nou, ocurra lo mismo, es que nos hemos equivocado mucho, estamos todos, todos, muy desquiciados y, en efecto, los padres, los padres más sensatos, harían bien en no llevar a sus hijos al fútbol para que no oigan determinadas cosas y, sobre todo, para no verse en el trance de no saber cómo y qué contestar cuando sus hijos les hagan determinadas preguntas. Han convertido el fútbol en algo que no apetece ver.

Esto ya está en marcha y, contrariamente a la opinión de Manolo González, que dice cuidarse solo del fútbol (pero no es verdad), nadie quiere ni está esperando que la afición blanquiazul se equivoque y la arme. Nadie.

Pero una cosa es pitar a Joan García durante los 98 minutos y otra, muy distinta, darle la razón a quien ha decidido poner redes en los goles. Y no se trata, no, de matar a alguien, se trata de que solo es un partido de fútbol. Lo más importante de las cosas menos importantes de la vida.

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