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Opinión | Apunte

De Lux y otros lujos

Hansi Flick y Lamine Yamal, durante un partido de esta temporada.

Hansi Flick y Lamine Yamal, durante un partido de esta temporada. / JORDI COTRINA

Una de las noticias elegidas por los redactores jefe de este periódico que fueron, por un día, Joan Roca y Javier Cercas, nos llevó indefectiblemente al nuevo trabajo de Rosalía. No hay quien no hable o utilice alguno de sus temas para acompañar intensos textos en Instagram. Una producción elaboradísima en la que el talento es directamente proporcional a la piedra que ha picado la catalana para ofrecer semejante variedad de propuestas, a cual más loable.

Roca y Cercas, a los que de ingenio poco hay que explicarles, valoraron también otro lujo como es el de tener en el FC Barcelona a una jugadora que suma tres Balones de Oro, Aitana Bonmatí. A las puertas se quedaron el Barça de Flick y Lamine Yamal, Marc Márquez, Carlitos Alcaraz o María Pérez, lo cual sitúa al club azulgrana en una posición que el día a día, siempre atropellando, nos impide darle el valor que merece.

Cerrar 2025 como lo ha hecho la entidad culer a pesar de sí misma tiene un mérito impresionante. Sus gestores, que han tenido al socio en un sinvivir con el retorno al estadio y haciendo equilibrios sobre el alambre de la economía y las decisiones improvisadas, han respirado hondo gracias a los logros de sus profesionales en las secciones femenina y masculina de fútbol.

Aitana Bonmatí y el Femení son referencia con mayúsculas mientras que Hansi Flick ha logrado lo que parecía una entelequia: estabilidad y 'bunkerizar' el vestuario para preservarlo de los de dentro y de los de fuera. Un profesional que, a sus 60 años, se ha ganado el derecho a decidir. Y cuando no le compense, se irá por donde ha venido dejando la que seguramente será una de las mejores herencias que puede recibir el barcelonismo.

A Flick no conseguirá alterarlo ni siquiera un Florentino Pérez desatado y cuyo único lujo es precisamente el que no lo es: poder comprarlo todo menos lo que no tiene precio. Su soberbia es de las pocas cosas que no le han abandonado y su referencia constante a los arbitrajes, la prueba de que a nivel futbolístico le ha invadido la pobreza.

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