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Opinión | Carrascazos

Las rebajas son mentira

Joan Laporta, en la gala de los Globe Soccer Awards 2025 en Dubai.

Joan Laporta, en la gala de los Globe Soccer Awards 2025 en Dubai. / Fabio Ferrari / LaPresse

Cada mes de enero, el barcelonismo sufre una especie de brote estacional. Se abren las rebajas, suena el tintinear del mercado de invierno y, de repente, nos preguntamos: “¿A quién fichamos?”. La respuesta, este año y el pasado y probablemente el siguiente, es tan simple como incómoda: a nadie. No por convicción estratégica, ni por iluminada superioridad moral. No. No vamos a fichar porque tenemos el 'fair play' financiero en la UCI desde hace años, porque no tenemos un duro, y, además, porque ya somos muchos y buenos.

No es una decisión deportiva, es una decisión reglamentaria y bancaria. No es táctica, es contable. El club no está para ir de rebajas, está para mirar el extracto y apagar luces. Pretender fichajes en enero es como entrar en un concesionario con la tarjeta bloqueada y exigir un Ferrari “porque mi 'look' lo merece”. Y no. Mi 'look', desgraciadamente, no paga mis facturas.

Seamos cautos, ya hay suficientes efectivos. La plantilla no es ni larga ni corta, es milagrosa. El problema del Barça no es la cantidad, ni la calidad, es el encaje, y para eso ya tenemos al mejor, ya tenemos a super-Flick.

Fichar en invierno suele ser un gesto para tranquilizar conciencias, vender ilusión efímera y satisfacer electores poco exigentes mientras alguien asegura que se ha hecho algo. Pero hacer algo no siempre es hacer lo correcto. Añadir un jugador a una plantilla ya solvente no soluciona problemas estructurales, los disimula durante las semanas que se tarda en descubrir que ese recién llegado era del todo prescindible.

El Barça no necesita fichajes. Necesita tiempo, coherencia y asumir su realidad sin anestesia. Necesita menos trabajo en los despachos deportivos y más en los de gestión. Menos titulares y portadas, y más contenido. Y, sobre todo, menos mirar escaparates y más aceptar que, ahora mismo, el lujo es sobrevivir sin gastar.

Porque no tenemos ni un duro. Y porque podemos decir con orgullo, que ya somos más que suficientes para enamorar al culé y acojonar al merengue. ¡Suficientes, para ganar!

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