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LA INDUSTRIA DEL DEPORTE

El fútbol europeo, 'on tour'

Ese miedo a quedarse fuera nos empuja a pagar precios que, en un contexto racional, nos harían levantar la ceja

Nikola Jokić, de los Denver Nuggets, ante los Minnesota Timberwolves en el día de Navidad.

Nikola Jokić, de los Denver Nuggets, ante los Minnesota Timberwolves en el día de Navidad. / David Zalubowski / AP

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El otro día, mientras intentaba comprar entradas para un concierto de Rosalía y un peluche de CAT —sí, el merchandising también genera ansiedad—, pensé que el fútbol, bien mirado, funciona cada vez más como una gira de conciertos. Los pases no los conseguí, pero el peluche sí, y en ambos casos hay un ingrediente clave: el FOMO. Ese miedo a quedarse fuera que nos empuja a pagar precios que, en un contexto racional, nos harían levantar la ceja. Aquí no. Aquí pagamos y listo, porque queremos estar.

Una de las grandes virtudes del deporte de alta competición es la estabilidad que le da la recurrencia. Un club, sea cual sea su disciplina, juega al menos 15 partidos en casa por temporada. Y hay miles de personas dispuestas a pagar por adelantado para tener su asiento fijo en todos ellos. Dinero anticipado, previsibilidad y menos presión por llenar cada jornada. Pónganlo en perspectiva: Rosalía hará unas 42 fechas en todo el mundo en 2026, con apenas dos o tres conciertos por ciudad. Cada uno es irrepetible. Cada uno es “el día que no queremos quedarnos sin story para Instagram”. Aquí no buscamos hard fans, sino un “pasaba por aquí y esto me apetece hoy”.

Esta semana hemos tenido un buen recordatorio de cómo se construyen esos momentos. Dos partidos de la NFL en Navidad, con show de Snoop Dogg incluido; otro de la NBA; y un Boxing Day de la Premier League que, aunque algo descafeinado, vuelve a poner sobre la mesa lo que no tenemos: fútbol entendido como evento navideño. En España jugamos en vísperas de Reyes, sí, pero nunca hemos sabido dotar esa jornada de un relato especial que invite a ir al estadio más allá de que “cae bien por fechas”.

Y ahí está la clave. Plataformas como Netflix, YouTube o Prime Video buscan justo eso: convertir la rutina en momentos memorables. Porque en el mundo de la televisión, la recurrencia no garantiza ingresos; introduce un riesgo nuevo: sabemos que habrá más partidos y aceptamos perdernos uno.

La Serie A y LaLiga han renunciado, por ahora, a llevar partidos oficiales al extranjero entre presiones regulatorias y amenazas económicas. No entraré en el debate sobre la integridad de la competición que nadie se plantea con NBA y NFL porque si todos dicen que sí, al parecer la magia elimina esos riesgos, pero conviene recordarlo: cada oportunidad que unos dejan pasar, otros la capitalizan. Y si no es un partido internacional —porque la Supercopa ya cumple ese rol de exportación—, quizá toca pensar cómo “vestimos” la rutina. Cómo logramos que, al menos una vez al año, incluso los abonados sintamos que no podemos faltar. Como en un concierto. Aunque el partido, sobre el papel, no se juegue nada.

Un Espanyol más ambicioso

El otro día tuve la oportunidad de sentarme y charlar un rato con Antonio Dávila, una de las personas de confianza del nuevo dueño del RCD Espanyol. Y el mensaje es claro: el objetivo ya no es sólo resistir, sino crecer con ambición y método. Tras cerrar 2024-2025 en beneficios, el Espanyol se ha fijado como horizonte alcanzar los 100 millones de euros de ingresos para ser autosuficiente sin depender de traspasos.

En su regreso a LaLiga, el club ya ha elevado su cifra de negocio hasta los 68 millones y apunta a rozar los 80 millones en 2025-2026, con el foco puesto en aumentar el límite salarial y sostener un proyecto deportivo atractivo.

Liberado prácticamente de deuda financiera, ALK Capital apuesta por un cambio cultural interno: pasar de una gestión defensiva a otra más proactiva, potenciando el talento ya existente y reorganizando estructuras. La prioridad ahora está en hacer crecer el negocio comercial y el matchday, ganar visibilidad y asumir inversiones de marketing con retorno. En definitiva, un Espanyol que quiere dejar atrás la supervivencia y empezar a pensar en grande.

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