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EL APUNTE

El nuevo relato

Lamine Yamal, una estrella que aún crece

El Real Madrid se polariza: la grada apoya a Xabi y Florentino respalda a Vinicius

Lamine Yamal celebra su gol al Villarreal, el 0-2, en la última jornada de Liga.

Lamine Yamal celebra su gol al Villarreal, el 0-2, en la última jornada de Liga. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press

Carme Barceló

Carme Barceló

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Quedan avisados: el nuevo relato es que Lamine Yamal tiene trazas de Vinicius. Al loro que no estamos tan mal. Estamos peor. Los días previos a la desconexión navideña nos dejaron un nuevo fracaso del brasileño en el terreno de juego y una victoria del equipo de Xabi Alonso. De otro partido espantoso sólo quedó como positivo los puntos que sumó el Real Madrid y los turrones que se ha comido su técnico. El público del Bernabeu quiso mostrar su apoyo al entrenador pitando a Vinicius. Si fuera un Tió, pensaría que le dan palos para motivarle y que defeque goles, pero el respetable ya está harto de él, del equipo y de ese tufillo que les recuerda a lo vivido la última temporada. Esto es así pero ya dura demasiado. Para ellos y para alegría de los que viven enfrente y a 600 kilómetros.

Vinícius se retira al banquillo mientras el Bernabéu le pita.

Vinícius se retira al banquillo mientras el Bernabéu le pita. / AFP7 vía Europa Press

Toca, otra vez, poner el foco en Lamine Yamal. Aunque parece que el chaval tiene las espaldas anchas y bien curtido el carácter tras dos años de críticas, lo que menos podía esperar -él y una servidora, yo confieso- es que le vean ahora como este Vinicius al que ya nadie soporta y que muy poco aporta. Que está emergiendo el auténtico, el que celebra un gol reproduciendo el gesto de los pitos que le habían dedicado en La Cerámica. Antes sufrió una entrada de tarjeta roja y la rápida recuperación provocó el enfado del respetable. Pero el mal ya estaba hecho. Munición al enemigo que necesitaba nuevos argumentos para ir a por él. Cualquier parecido entre el brasileño y el catalán es pura coincidencia pero la rabia ya no va por barrios. Va mucho más allá.

Y es el que el Mundial marca otra diferencia. La de la camiseta de uno que ya está en la parrilla de salida y del que da lo mismo lo que consiga con su país y la de un chico que volverá a echarse la responsabilidad a la espalda con una lupa sólo para él. De nuevo quedan avisados: si pintan bastos, saldrá seguro en la foto. Y si cantan las cuarenta, será una victoria coral. Todo le va a costar siempre un poco más. Como desde que llegó al mundo y tuvo que gestionar ese miedo que un día pudo dejar atrás en el parque de Rocafonda.

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