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BARRACA Y TANGANA

Este es idiota y aún no lo sabe, por Enrique Ballester

No hay nada como saber mucho sobre algo cercano para entender lo poco que sabes sobre lo demás. Y aun así, sentenciamos

Pedri, durante el triunfo del Barça frente al Eintracht en el Spotify Camp Nou.

Pedri, durante el triunfo del Barça frente al Eintracht en el Spotify Camp Nou. / JORDI COTRINA

Enrique Ballester

Enrique Ballester

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Soy el típico señor mayor que ya no se aclara. Vi un vídeo en el teléfono móvil, uno de esos que saltan en cadena y después se evaporan en cualquier red social, y como soy el típico señor mayor que ya no se aclara luego no supe encontrar ese vídeo para verlo de nuevo y citarlo aquí de la manera adecuada.

En ese vídeo misterioso, un jugador contaba en una entrevista su experiencia en Las Palmas. Subió un jovencísimo Pedri a entrenar con el equipo profesional y enseguida Pedri cogió la pelota y nadie se la quitaba.

Esta persona enigmática recordó una frase de Pepe Mel, entonces entrenador de Las Palmas. Un día hablaban sobre el prometedor Pedri y Pepe Mel dijo: «Este es millonario y aún no lo sabe». Me pareció una bonita manera de explicarlo.

Pensé entonces qué dirían de mí los profesores en el instituto: «Este es idiota y aún no lo sabe». O qué dirían de mí en la redacción del periódico cuando empecé en esto, todavía con algo de entusiasmo: «Este es un desgraciado y aún no lo sabe».

El lujo del silencio

Aquí va un dato que no le importa a nadie, ni siquiera a mí: en 2026 cumpliré 20 años escribiendo columnas. Sin ánimo de profundizar acerca de la experiencia, deslizaré un apunte sobre la mesa: al principio pensaba que disponer de una tribuna para opinar es un privilegio, y ahora diría que el verdadero lujo es el silencio.

Obvio: «A este le van a pedir su opinión siempre y aún no lo sabe».

Durante las últimas dos décadas, el fútbol ha sido exprimido. Han crecido los esfuerzos y su intensidad, la resistencia y la velocidad, el dinero y sus caminos al éxito. Han crecido los análisis y los datos, han crecido los presupuestos y los salarios, ha crecido hasta la extensión de la jornada. Pero nada ha crecido tanto como el ruido.

Imagen del video de Youtube;  'My house tour' sobre el piso de  Lamine Yamal

Imagen del video de Youtube; 'My house tour' sobre el piso de Lamine Yamal / EPC

En este fútbol que hemos construido, el silencio es intolerable. No opinar después de un partido es algo sospechoso, casi una falta de compromiso. Pero no todo lo que importa necesita ser dicho. Ni gritado.

Existen futbolistas que necesitan distancia para ser entendidos. El derecho a no concluir debería protegerse por escrito. Urge una reivindicación del titubeo honesto y de los silencios incómodos. De los misterios que sostienen la duda. El joven Enrique, cuanto menos sabía de su club, más sentenciaba. Ahora sé más, sé quizá demasiado y respondo con evasivas, cuando me preguntan. Puedo notar la decepción en sus caras.

Puedo notar algo más cuando me hablan. Un homenaje al joven Enrique: cuanto menos saben, más seguros están de lo que dicen. Este fenómeno es tan frecuente que se construyen ficticios estados de opinión y, en extensión, se asimilan certezas que no son más que delirios cacareados. En ese escenario de fantasía remamos.

No hay nada como saber mucho sobre algo cercano para entender lo poco que sabes sobre lo demás. Y aun así, sentenciamos.

Da igual si el tema es la convivencia en el vestuario del Real Madrid, la lluvia de mañana o los hábitos vitales de Lamine Yamal. No sé. No termino de creerme que lo sepáis todo.

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