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Natación

Mahamadou Dambelleh, el nadador catalán ciego que sueña con los Juegos de Los Angeles: "Si Trump me deja entrar"

Subcampeón del mundo en los pasados campeonatos de Singapur, explica a EL PERIÓDICO su historia de superación desde que llegó a Catalunya con siete meses.

Mahamadou Dambelleh, plata en los pasados Mundiales de natación adaptada, en la piscina municipal de Castellfollit de la Roca.

Mahamadou Dambelleh, plata en los pasados Mundiales de natación adaptada, en la piscina municipal de Castellfollit de la Roca. / David Aparicio Fita

Arnau Segura

Olot
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"Tenía la medalla en la mesilla de noche del hotel y de vez en cuando me incorporaba para tocarla. Me decía: 'Hostia, no sé si esto es verdad o no'", sonríe Mahamadou Dambelleh (2005). En septiembre consiguió una medalla de plata en el Mundial de natación adaptada, en Singapur.

Nació en Kulary, Gambia, pero llegó a Catalunya cuando tenía apenas siete meses, primero a Blanes y luego ya a Olot. Con su madre, Binta, y con una discapacidad degenerativa en las retinas que le dejaría ciego a los 9 o 10 años. "Había cosas que veía y al cabo de un año dejaba de ver". Desde niño supo que se quedaría ciego: solo faltaba saber cuándo. "Respecto a amigos ciegos de nacimiento quizá tengo la ventaja que hay cosas que sí pude ver y eso me ha servido porque ahora cuando me explican alguna escena, algún objeto me es más fácil. Por ejemplo los colores sí que los había visto y sé qué es el verde", dice. Hace una pausa y matiza: "Es mucho mejor no haber visto nunca, claramente. Es mejor haber visto para saber cómo son las cosas, pero es sentir que lo tenías y ya no lo tienes. O lo medio tenías y ya no lo tienes. Si no lo has probado no sabes qué es, no lo echas de menos".

Castellfollit de la Roca 07/10/2025. Retratos a Mahamadou Dambelleh, plata en los pasados mundiales de natación adaptada, en la piscina municipal de Castellfollit de la Roca, donde comenzó a nadar  Autor: David Aparicio Fita

Mahamadou Dambelleh, plata en los pasados Mundiales de natación adaptada, en la piscina municipal de Castellfollit de la Roca. / David Aparicio Fita.

"Las cosas como son: el hecho de no ver en un mundo donde la enorme mayoría puede ver es una putada y evidentemente salgo perjudicado, pero con el tiempo me he dado cuenta de que ver me aportaría una serie de cosas que no necesito. Yo no he visto nunca a mis hermanos, yo no recuerdo la cara de mi madre, pero no necesito verles para saber que les quiero. No necesito juzgar una cosa por la portada, una persona por si es más alta o más baja. No me aporta nada y no lo necesito, no me hace falta", acentúa desde la humilde piscina del Club Natació Castellfollit. Se sabe de memoria las curvas desde Olot: "Ahora un badén. Luego a la izquierda, luego a la derecha y luego de nuevo a la izquierda", explica en el coche.

Podio mundial

Aquí empezó el camino que le ha llevado hasta el podio mundial, a los 10 años. La primera vez que saltó al agua la caída no acababa nunca. "Yo salté porque me dijeron que había agua", ríe. No tiene el recuerdo visual de ninguna piscina. En el agua, sin miedo a caer o a chocar, ha encontrado un refugio, paz y "libertad": "Fuera de la piscina tengo que estar pendiente de un montón de cosas, del ruido, del tacto, de los pies, del bastón, de las bicicletas, de los perros, de todo. En la piscina solo tengo que ir recto y contar las brazadas hasta llegar al otro lado. Y sé que si me desvío hay una corchera que me frenará".

No fue una infancia sencilla por la "suma" del color de la piel, la discapacidad y el bajo nivel económico de la familia, unido a la separación de sus padres. Cuando llegó a Catalunya su madre no sabía ni hablar ni escribir. Llegó a compaginar tres trabajos para mantener a la familia: en un supermercado, en un restaurante y limpiando casas. A veces apenas podía ver a sus hijos. A veces seguía a Mahamadou por la calle, preocupada. Él se enfadaba porque le hacía sentir menos válido. "Yo no la veía porque era cuando ya me había quedado ciego. Pero notaba el olor de su perfume". A esa suma particular había que añadir un factor general: el racismo.

Integración

Si tenían que cambiar de piso llamaba él porque a su madre siempre le decían que no porque se le notaba el acento. Aprendió que era mejor no decir su nombre de entrada, esconderlo. "Una vez llamé y nos dijeron que podíamos ir a ver un piso. Cuando nos vieron nos dijeron que no, que ya lo tenían alquilado. Había pasado media hora", recuerda. "La gente se puede llenar la boca con que nos tenemos que adaptar e integrar y todo lo que tú quieras, ¿pero a la hora de la verdad toda esa gente está dispuesta a que lo hagamos o no? Tú no puedes decir no hacen tal si tú no has hecho tal". No quiere que le regalen nada, solo que no le resten oportunidades.

Mahamadou Dambelleh, plata en los pasados Mundiales de natación adaptada.

Mahamadou Dambelleh, plata en los pasados Mundiales de natación adaptada. / Tatiana Pérez / DDG

Lamenta que le siguen hablando en castellano cuando entra en un bar o le paran por la calle. "Toda la gente negra nacida a partir del 2000 habla en catalán. Entre nosotros hablamos en catalán, pero cuando salimos allí todo el mundo nos habla en castellano", apunta. Salir allí. "A una persona negra se le habla en castellano porque es como que no tiene la obligación de hablar en catalán. Pero luego ves un argentino que no te atiende en catalán y él si que debería estar obligado", subraya.

Los compañeros de natación le dicen "molt honorable". Hace ya tiempo que dice que quiere ser el primer presidente negro y ciego de la Generalitat. Primero no era más que una broma. Ahora es un sueño más, aunque queda lejos. "De momento me centro en la piscina", recalca. Singapur, su segundo Mundial, fue "impresionante". Fue noveno en 400 libres, a un paso de la final, octavo en 100 libres, séptimo en 100 braza y, claro, subcampeón en 50 libres con 20 años recién cumplidos.

Chocó con la corchera, pero acabó segundo igual. Cuando llegó a la pared solo escuchó "mucho ruido". No sabía la posición, claro. Cuando se lo dijo su entrenador se quedó en shock: "Me quedé quieto sin saber qué hacer ni qué decir". Emana alegría, pero también responsabilidad, la certeza de que también lucha por una causa, no solo por medallas: "Hay toda una serie de cosas que si no fuera un deportista que ha llegado a tal, si no hubiera hecho una plata mundial seguirían estando ahí. Hay otras personas ciegas o negras".

Su siguiente gran reto son los Juegos Paralímpicos de 2028, en Los Ángeles. "Si Trump me deja entrar", ríe.

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