EL APUNTE
¡Que dejes de llorar, niño!
Flick (capítulo II) mejor que Flick (capítulo I) en la Liga

Lamine Yamal, durante el Villarreal-Barça. / AFP7 vía Europa Press

Que no. Que no llores mirando al cielo, ni tan siquiera al silbato de ningún árbitro para explicar por qué el Barça va líder y huele a triunfo. Que no. Que el Barcelona no ganó por la acción o inacción arbitral. Lo hizo porque aun preparando y cocinando el fútbol con un desajustado y peligroso colador defensivo, tras esos devaneos, hay ahora un tapón de seguridad llamado Joan Garcia, que no permite perder ni un spaguetti en la pica, y ya suma tres partidos seguidos con la portería a cero.
Que no. Que no le regalaron ningún penalti al equipo blaugrana y que, por mucho que se retuerza el frame congelado, Comesaña, una vez superado, obstruye con el cuerpo y derriba a Raphinha.
Que no. Que la expulsión de Renato Veiga es del todo diáfana y normativa. Una roja más bermellona que la camiseta de su país. Entrada fea, sin balón, con los tacos por delante, como presentación, y con riesgo de daño severo evidente.
Que no. Que el chut de puntera de Lamine Yamal no es un churro, es el recurso del barrio, la pillería del zorro y la rapidez del pistolero que desenfunda entre el polvo, todo en uno, cuando ve las piernas abiertas de su oponente, invitando a ser perforadas y penetradas. Y esos pobres niños que lloran y lloran ya no les queda ni poder comparar. Y es que el pillo de Rocafonda y el bullas de Sao Gonçalo han quedado, ya no solo en pantallas diferentes, sino en diferentes videojuegos. Mientras uno es, cada semana, inteligencia callejera, admiración de la grada, fútbol de instinto y rendimiento incluso diezmado (9 goles, 10 asistencias), el otro es incapaz de estar 14 minutos sin dirigirse al público y a la vez, suma ya 14 partidos sin ver portería en lo que, ya no es una mala racha, es un desierto plagado de disparates, caras de enfado y risas de burla en los banquillos.
¡Que no, niño, que no! Que el Barça gana porque es mejor cuando toca serlo. Lo demás son lloriqueos: el húmedo murmullo del que no soporta que, a veces, al fútbol, se gana simplemente jugando mejor a fútbol. Bon Nadal!
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