Segunda vida (26)
Laura Ester: "Nunca es fácil buscar trabajo, pero quiero entrar en la industria farmacéutica"
Luis Milla: "Fui al banco a pagar mi cláusula para irme del Barça al Madrid y Hacienda me hizo una inspección"
Jordi Villacampa: "Cuando jugaba me habría ido bien un psicólogo, pero entonces se veía de débil"

Laura Ester, exwaterpolista olímpica, en las instalaciones del CE Mediterrani. / Zowy Voeten

Mira Laura Ester (22 de enero de 1990, Barcelona) de reojo la piscina del Club Esportiu Mediterrani, donde todo comenzó y donde todo acabó. La mejor portera de siempre del waterpolo español se retiró el pasado mayo después de haberlo ganado todo, incluido el oro olímpico en París con el que cerró el círculo. ‘Pajarito’, ahora, no toca el agua. Sonríe. Sabe que otra vida es también posible.
Se crio cerca de esta piscina del Mediterrani.
A diez minutos de aquí caminando. En el barrio de La Bordeta. ¡Si la inauguré yo!
¿El barrio lo lleva dentro?
Sí, es verdad. Además, ahora también estoy vinculada al 'Medi'. Sigo aquí un poco para no irme del waterpolo del todo. El club es el club. Aunque toda mi trayectoria deportiva y donde conseguí todos mis éxitos fue en el Sabadell, aquí es donde empecé y donde acabé.
¿Su familia sigue viviendo por aquí?
Y yo también. En Sants. Como mis padres y mis hermanos.
Las raíces atrapan.
No sé si acabaré aquí. Ahora estoy empezando mi otra vida. Tengo que saber hacia dónde dirigirla. Acabé mi carrera deportiva. Sigo de momento en el Mediterrani como segunda entrenadora del primer equipo femenino. Pero a lo mejor en uno o dos meses ya no. Ahora ayudo a mi mejor amiga, con quien empecé a jugar a waterpolo: Marian Díaz. Mientras, busco trabajo.

Barcelona, 12/12/2025. Deportes. Retratos de Laura Ester, exwaterpolista olímpica, para la sección ‘Segunda Vida’, en las instalaciones del CE Mediterrani. Foto: Zowy Voeten / El Periódico. / Zowy Voeten / EPC
Antes de concluir su carrera deportiva, ¿había enviado curriculums?
Lo tenía hecho, aunque no lo enviaba cada día porque aún estaba vinculada a mi equipo. Tenía un compromiso y no quería dejarlo. Pero sí que fui adquiriendo contactos y enviando curriculums. Ahora ya los mando más en serio. También tenía página en LinkedIn. Ya la tengo un poco mejor hecha [ríe].
¿Qué le gustaría encontrar?
Mi idea es intentar meterme en la industria farmacéutica. Estudié y soy graduada en Bioquímica. ¿Es difícil? Sí. ¿Imposible? No lo creo. Pero claro, tengo 35 años y cero experiencia. Hay muchas empresas que me dicen: 'Tu curriculum es muy bueno, pero no tienes experiencia'. ¡Pero tendré que empezar para tener esa experiencia! ¡Alguien me tendrá que dar esa oportunidad! Nunca es fácil buscar trabajo, no sale de un día para otro. No llevo tres años buscándolo. Pero ahí estoy, con paciencia y poco a poco.
¿No hay un punto de injusticia? Ha dedicado toda su vida al deporte de alto nivel, y ahora comienza todo desde cero.
Por una parte, sí. Pero es verdad que cuando decidimos dedicarnos al deporte y dejas la vida laboral de lado, sí sabes que esto va a pasar. Aunque hasta que no te encuentras en el momento no llegas a ser tan consciente. En cualquier caso, yo tengo mis años cotizados. Al poco tiempo de fichar como jugadora por el Sabadell ya regularizaron la situación.
¿Ha llegado a hacer entrevistas de trabajo?
Sí.
¿Qué le suelen preguntar? Es un perfil muy diferente al de las personas que salen de la universidad con 21 años.
Están las típicas preguntas para todo el mundo, pero también mucho sobre mi experiencia deportiva, que es el curriculum que tengo. Me preguntan qué puedo aportar a la empresa con esa vida que he llevado. Es algo positivo, y todo el mundo lo dice. El deportista puede dar mucho en el mundo laboral en cualquier empresa a la que vaya. Y tengo un punto a favor: vengo de un deporte de equipo. Llevo acostumbrada toda la vida a trabajar en equipo. Y eso no todo el mundo lo tiene.
¿Le ha dado tiempo a tener miedo al vacío?
No. Miedo como tal, no. Sí que hay momentos de agobio. De querer empezar ya a hacer algo. Cuando volví de vacaciones me pregunté: '¿Y ahora qué hago?'. Necesitaba ocupar mi tiempo en algo.
Descubrió el aburrimiento.
No me gustaba eso. Sientes que no sirves para nada. No te sientes útil. Pensaba: 'Necesito encontrar algo, necesito trabajar, descubrir otros mundos; que yo servía para el deporte, pero también para otras cosas'. Necesitaba también tener una rutina, porque los deportistas siempre las tenemos.

Laura Ester, exwaterpolista olímpica. / Zowy Voeten
¿Cuál es su rutina ahora?
Por las mañanas vengo al gimnasio. Pero el agua no la toco.
¿No la toca?
Para la ducha, sí. Hay que ducharse [ríe].
Pero no está nadando.
No. En verano, cuando venga el sol, aún me puedo tirar a la piscina.
¿Por qué?
Porque me da pereza. Yo era portera y nadaba lo justo y necesario. Ahora no le encuentro la gracia y tirarme al agua... Me aburre.
Pero el agua ha sido su vida.
El waterpolo. Pero nadar... ¿Sola? Estaba acostumbrada a entrenar con gente, con una pelotita. Pasándomelo bien. O también sufriendo. Pero nadar... Yo sola... No le encuentro la gracia. He sido portera, y prácticamente no nadaba. ¿Me voy a poner a nadar lo que no he nadado cuando estaba en activo?
Alguna vez dijo que nunca aprendió a nadar del todo.
[Sigue riendo]. Siempre lo he dicho. Me vieron nadar y dijeron: 'Mejor quédate en la portería'.
Fue una de las mejores porteras del mundo sin tener el físico habitual. No solo sobrevivió, sino que triunfó.
Los animales se adaptan al medio, como las personas. No medía dos metros, pero tampoco 1'80m. Estoy en 1'71m, y algún día, 1'72m [retumba la carcajada]. Tenía que buscar alguna manera para suplir esa envergadura que algunas contrincantes tenían. Como era ligera, tenía que ser ágil, explosiva. Tenía que tardar lo mismo en llegar a la pelota dando un salto, que otra portera solo sacando el brazo. Tampoco lo veía como una desventaja. Para llegar a la escuadra, tenía que saltar más y ser más rápida.

Laura Ester, durante los JJOO de Londres en 2012. / Alberto Estévez / Efe
¿Se dio mucha caña en el gimnasio?
He entrenado, sí. En el waterpolo, siendo un deporte acuático, tienes que entrenar, entrenar y entrenar. Si estás dos días sin tirarte al agua, lo pierdes todo. Es un deporte muy desagradecido en ese sentido. Si no trabajas, si no te lo curras día a día, lo pierdes en nada.
¿La mente la trabajó?
Sí, pero quizá no tanto como lo que se trabaja ahora, que se han roto las barreras y se puede hablar de salud mental. Vas al psicólogo y no hay problema. Antes se veía mal. Pero sobre todo en los primeros años en que entré en la selección absoluta estuve trabajando con un psicólogo deportivo en el CAR, Pep Marí. Y me ayudó a ir creciendo. Y a que, siendo portera, no me afectara cualquier gol o error. Aprendí a saber diferenciar qué goles podían ser por cagadas mías o por situaciones de equipo. No todos los goles tenían que ser culpa de la portera.
¿Tuvo alguna vez un bajón importante?
No. Quizá en los primeros años de selección me costaba; la presión no me dejaba jugar suelta. Y en una portería, si estás agarrotada, es más complicado. El psicólogo me ayudó a estar cada vez más suelta, a no pensar siempre en el error, a tener diferentes herramientas para poder crecer. ¿Algún bajón de no querer jugar y querer dejarlo todo? No. Sí que hubo momentos en que podía ir a entrenar y pensaba: 'Qué necesidad tengo de estar aquí'. Pero podía ser un día, dos, pero no una racha larga.
La recompensa a nivel económico, además, no era grande.
En el waterpolo no jugamos por dinero. Ahora sí que es verdad que casi todas las jugadoras, sobre todo las de la selección, cobran su sueldo. Están bien. Pero cuando empecé, era yo la que pagaba por jugar: la cuota de socio.

Laura Ester, exwaterpolita olímpica. / Zowy Voeten
Su carrera, de todos modos, ha sido muy larga.
Desde que empecé, más de 20 años. En la selección, 16. En el Sabadell, 15 temporadas.
Hay quien lo deja antes si no le compensa. Debía gustarle mucho.
Nos apasiona lo que hacemos. Hay también jugadoras que lo dejan porque no están en la selección y tienen que buscar un trabajo. La beca ADO es una gran ayuda que tenemos para poder vivir. En los deportes minoritarios, al no tener un sueldo de futbolista, la beca ADO nos ayuda mucho a poder seguir. Mientras dura el deporte vivimos de ello. Ahí sí que somos afortunados. Pero claro, mi carrera universitaria no me la saqué en cuatro años.
¿En cuánto?
En el doble, y un poquito más. En diez años. Pero me la saqué. Nunca sabes lo que te puede pasar: una lesión, si el entrenador no va a contar contigo... Tú puedes decir que quieres durar hasta los 35 años, pero la vida da mil vueltas y nunca sabes qué va a pasar. Siempre hay que tener un plan B. A todas las jóvenes que han ido entrando [en el waterpolo] les hemos insistido siempre en que estudien.
¿Y les hacían caso?
Sí. Todas están estudiando. Hace poco estuve en la presentación del libro de Paula Leitón [también oro olímpico en París] y ha sido una a la que más machacamos en su día con eso, porque entró muy joven. Y ella admitió que cuánta razón teníamos cuando nosotras le insistíamos.
¿Usted cómo se lo montaba para estudiar?
En teoría mi carrera era presencial. Los dos primeros años, clases por la tarde y prácticas por la mañana. Para las prácticas, intentaba compaginarlo o alguna vez le decía al entrenador que no podía ir o que llegaría más tarde. Y en cuanto a las clases, pues las hacía entre los entrenamientos de la mañana y de la tarde.
¿Sus padres estaban muy encima?
No tenían la necesidad. Sabían que no iba a dejarlo.

Laura Ester, a la izquierda, junto a Jennifer Pareja, Mati Ortiz y Maica García, en 2014. / Jordi Cotrina
Cuando un deportista acaba su carrera deportiva, ¿no sería necesaria también la guía de un psicólogo para afrontar lo que viene?
Los que lo tienen más claro son los de deportes individuales, que tienen su psicólogo. No sé si en el mundo del waterpolo somos muy felices. También tengo muchas amigas que van, pero no sólo por el deporte, sino por su día a día. Es algo muy habitual. En mi caso, seguramente me habría ayudado en algún momento. Pero al no trabajar desde siempre con un psicólogo, tampoco he tenido la necesidad. Es una herramienta muy útil, aunque yo no la utilice.
¿Se ha aficionado a otro tipo de cosas? ¿Nuevos placeres?
Al principio pensaba: 'Cuando deje de jugar, haré cosas diferentes'. Pero al estar aún vinculada a un equipo, pues vengo aquí al gimnasio, me quedo algunos días al entrenamiento, los fines de semana hay partidos... Sigo metida en el círculo, aunque sin echarlo de menos. Veo el agua, y me digo: 'No me apetecería tener que estar ahí'. Es curioso. Yo que siempre tenía algo de miedo con el 'qué pasará'. '¿Podré ver un partido tranquilamente?'. El pasado verano veía el Mundial de waterpolo por la tele, y me ponía nerviosa. Sufría con ellas. Me levantaba del sofá celebrando los goles. Y pensaba: 'Menos mal que no me está viendo nadie'. ¡Yo jugaba desde el sofá! Me alegra haber acabado de esta manera porque puedo seguir disfrutando de este deporte. De otra forma, pero sin echarlo de menos.

Laura Ester, emocionada en el centro, antes de colgarse el oro en los JJOO de París en la piscina de La Défense. / Lavandeira Jr. / Efe
Siempre fue muy sufridora.
Sí.
Mucho.
Sí.
La recuerdo en el banquillo de la final de los Juegos Olímpicos de París, en la piscina de La Défense. Para el recuerdo, sus lágrimas.
La imagen que salió por todos los lados [ríe]. Se sufre más fuera del agua que dentro. Muchísimo más. Aquella medalla de oro era lo que me faltaba. Me dije: 'Ya está'.

Laura Ester, entre Pili Peña y Maica García, en un entrenamiento de la selección en 2018. / DANNY CAMINAL
¿Qué ha hecho con todas las medallas?
Siguen en sus cajas, las que nos dan en los Europeos, los Mundiales y los Juegos. Una encima de la otra. No sé cuántas tengo. Más de 50. Tendría que ponerme a pensar. Sí sé que tengo siete Champions, tres olímpicas, y en cuanto a las de Europeos y Mundiales, tengo que pensar. [Y piensa]. Medallas de Europeos tengo tres oros, dos platas y un bronce. Creo. Y de Mundiales, un oro, tres platas y un bronce. Creo que es algo así.
Y tres veces mejor jugadora del mundo.
Eso es.
Quizá en otros deportes, tener ese palmarés la llevaría a tener un estatus diferencial de por vida. Sin el peligro de que te olviden.
No lo pienso. Hace poco estuve con Jennifer Pareja [exjugadora de la selección española] y Alejandro Blanco [presidente del COE]. Y Jenni decía que yo era una de las deportistas españolas con mayor palmarés en deportes de equipo. Todo lo que tengo, poca gente lo tiene. Pero cuando estás metida en la rueda de competición, vas haciendo. Consigues la medalla, lo celebras, pero ya vas a lo siguiente. No te paras a pensar.

Laura Ester, durante el Mundial de Barcelona en 2013 en que España fue campeona. / JOSEP LAGO / AFP
Pero ahora sí puede.
Pero ya está. Ya lo he hecho. No me paro a pensar en todo lo que he conseguido. Y de esto no voy a vivir. Me toca otra etapa de la vida.
¿Y no tiene el sentimiento de que quizá merecería otro tipo de segunda vida?
Sí que piensas, jolín, que el reconocimiento lo tienes un día, y al siguiente ya se olvida. Y da rabia. Pero llega un momento en que lo normalizas.
¿Cuál es su sueño?
Me pregunto: '¿Y ahora qué? ¿Qué se hace después del deporte?'. Los deportistas vivimos muchos años de nuestra pasión. Una vez se aparta... ¿Y ahora qué? Cuando lo dejas, nunca nada te va a apasionar ni llenar tanto. Pero también quiero empezar una vida diferente. Hacer algo nuevo. Es como cuando abres un regalo y quieres saber qué hay dentro. Quiero saber cómo es esa nueva vida.
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