EL ANÁLISIS
Cuando falla la defensa y Flick mira a la delantera
El técnico mete en el campo a Lewandowski y Rashford buscando el segundo gol antes que proteger el 0-1 pese al caos de la última línea

Raphinha y Lamine Yamal se abrazan tras el 0-1 mientras los compañeros vuelven hacia el campo. / Dani Barbeito / SPO

Ningún menor de edad nacido después del 20 de noviembre de 2007 ha visto palmar al Barça en Villarreal. A menudo estuvo a punto de caer, y ha empatado seis veces. Pero aquella es la fecha de la última derrota azulgrana en el campo del submarino amarillo (3-1), un estadio que, hasta entonces, estaba minado. Quien lo diría. El Barça de Frank Rijkaard y Ronaldinho y Deco, sucumbió en cuatro de sus cinco visitas, por ejemplo.
Los números engañan, porque el Barça siempre anduvo al filo de la catástrofe, igual que pareció en la despedida del año con el dispositivo sin red de Hansi Flick. El equipo mantuvo el cero en la portería pese a que Koundé se marcó un autogol (luego invalidado por fuera de juego previo), Gerard Martín entregó dos balones al rival, Cubarsí regaló uno y Balde dio una asistencia a Buchanan en una mala cesión a Joan Garcia, el héroe que les salvó a todos de la lapidación pública de la que serían objeto con sus paradas.
"Tenemos que organizarnos un poco mejor, pero en el campo nos hemos sentido superiores; cómodos no quiero decir, pero la victoria ha sido merecida", dijo Frenkie de Jong, negando las sensaciones alarmistas que se desprendían del juego durante la primera hora de partido. El Villarreal, con un hombre menos desde el minuto 39, remató 14 veces y el Barça lo hizo 19.

Remate fallido del Villarreal ante las lamentaciones de Santi Comesaña. / Dani Barbeito / SPO
Christensen no lo arreglaría
No habría atenuado ese caos ni el gélido Andreas Christensen, que bastante tenía con sus penas, que son muchas. El defensa danés digería a solas, con sus íntimos, la penúltima desgracia que le asola. Conoció el resultado de las pruebas médicas que le hicieron tras lesionarse en el entrenamiento del sábado por la tarde y que le impidió volar con el equipo a Castellón.
Un mal gesto con la rodilla izquierda le deparó la peor noticia. No sale de una (la tendinopatía en el pie izquierdo y las roturas de sóleo derecho que redujeron a seis los partidos jugados el pasado año) que se mete en otra: esta vez sufre una rotura parcial del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Christensen no pasará por el quirófano, pero tampoco se ahorrará un mínimo de cuatro meses en la enfermería en la temporada final de su contrato (2026), mientras Deco y Flick barruntarán si vale la pena ir al mercado a buscar un sustituto. Aún no ha regresado Ronald Araujo de su descanso.

Lewandowski y Flick conversan antes de la entrada del delantero polaco al campo. / Dani Barbeito / SPO
Marcar y no defender
La defensa era un flan con el balón en los pies, pero el entrenador miró a la delantera. A la tentación de protegerse con alguna fórmula–bien es verdad que no había defensas en el banquillo, solo centrocampistas, como se comprobó luego–, Flick apostó por mejorar el ataque, y dio entrada a Lewandowski y Rashford. Marcar el 0-2 antes que proteger el 0-1, fue el lema o divulgado, pero claramente entendido. Al cabo de un minuto marcaba Lamine Yamal.
Con el tranquilizador segundo gol mediante el punterazo del extremo, se marchó Eric, el recordman de minutos, y poco después se lesionaba Koundé. Ocupó su puesto Marc Casadó, que ensayó en Guadalajara sin saber que el destino le haría repetir cinco días después.
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