NBA
El despertar de la ciudad que nunca duerme: los New York Knicks vuelven a ser campeones tras 52 años de espera
La franquicia de Manhattan se impone a los San Antonio Spurs de Victor Wembanyama y se corona en la final de la Copa NBA en Las Vegas (124-113)

Karl-Anthony Towns levanta el trofeo de la NBA Cup junto a sus compañeros. / Ian Maule / AP
La gran manzana está de celebración. La magia de la copa ha levantado el hechizo que aterrorizaba la ciudad de Nueva York desde hace más de medio siglo. Los Knicks vuelven a ser campeones por primera vez desde 1973, año en que Walt Frazier, Wilis Reed y compañía lograron el segundo anillo de la histórica franquicia.
Ha ocurrido lejos del icónico Madison Square Garden, en mitad del desolado desierto de Las Vegas, pero ha sido todo un espectáculo entre dos rivales que no se median en una final desde 1999. Los San Antonio Spurs de Victor Wembanyama venían de eliminar a Oklahoma City Thunder, los vigentes campeones de la NBA, pero no pudieron con el equipo liderado por Jalen Brunson y dejaron escapar una ventaja de dobles dígitos para acabar perdiendo la final de la NBA Cup 124-113.
Brunson anotó 25 puntos, repartió 8 asistencias y se llevó el premio a mejor jugador del torneo, pero no fue el más destacado de la final. Wembanyama, que volvió a salir del banquillo en su segundo partido consecutivo tras volver de lesión y no pasó de los 18 puntos, tampoco lo fue. Mitchell Robinson, el gran responsable de que el extraterrestre francés no tuviera su mejor noche, acumuló hasta 10 rebotes ofensivos, pero tampoco fue el mejor jugador del partido. Jordan Clarkson y Tyler Kolek, el tándem de guards que revolucionaron el partido en la segunda parte a favor de los Knicks, se quedaron cerca de tener el mayor impacto, pero nadie fue tan importante como OG Anunoby.
El británico firmó una final para el recuerdo, en la que brilló de principio a fin en ambos lados de la cancha, registrando 28 puntos, 9 rebotes y 3 asistencias sin perder una sola pelota. Su capitán, Brunson, fue el primero en reconocerlo al ser entregado el MVP: "OG Anunoby, Tyler Kolek, Jordan Clarkson, Mitchell Robinson, se han dejado la piel esta noche. Sin ellos no hubiéramos ganado nada".
Wembanyama sabía del peligro que traía el equipo de Mike Brown, pues lo había dejado claro en la previa del partido: "No juegan un baloncesto tan sofisticado como Miami Heat o Thunder, pero su físico es el mejor de la liga, así que es un equipo muy difícil de enfrentar." Ni los 2,24 metros del fenómeno francés ni los 2,16 de Luke Kornet, ex de los Knicks, pudieron evitar los 32 puntos en segundas jugadas que desequilibraron la balanza en favor de Nueva York.
La verdad es que el físico de este equipo es difícil de medir, y probablemente tampoco sea el mejor del mundo, pero el esfuerzo y el sacrificio son innegociables para un grupo que aspira a levantar el Larry O'Brien a final de temporada. La pasada temporada se quedaron a las puertas de disputar las primeras Finales desde aquellas que perdieron contra los Spurs en 1999, pero desde la llegada de Brunson al equipo en el verano de 2022 han participado en todos los playoffs y cada año llegan más lejos. El relevo de Mike Brown a Tom Thibodeau en el banquillo ha elevado las expectativas, y ahora la presión es máxima para dar otro paso más hacia delante.
El cielo es el límite
Este título a mitad de campaña no cuenta como victoria para los Knicks ni derrota para los Spurs en la tabla de temporada regular, pues ambos siguen con un balance de 18 victorias y 7 derrotas, pero representa una prueba más superada y un impulso emotivo de cara a lo que se viene. Los Knicks perdieron el primer partido de copa contra los Chicago Bulls, pero han ganado los seis siguientes y ahora tienen un trofeo más en las vitrinas, un nuevo banner colgando del techo del Madison y el tanque de confianza lleno.
Mitch Johnson, entrenador de los Spurs, es consciente de que su plantilla sigue siendo muy joven y les queda mucho por construir sobre una excelente base: "Después de 25 partidos hemos mostrado algunas señales de que podemos ser un muy buen equipo". Para ambos, la experiencia de competir a este nivel es sinónimo de aprendizaje, y solo puede haber conclusiones positivas. "El cielo es el límite", dijo el rookie Dylan Harper, máximo anotador de su equipo con 21 puntos y 5 triples, un récord personal: "No hay que exagerar. Es sin duda una buena experiencia de aprendizaje. Nos enseña mucho sobre nosotros mismos, y es bueno que tengamos mucho margen de mejora sabiendo lo que hemos hecho hasta ahora".

Jordan Clarkson y Tyler Kolek celebran frente al lamento de Dylan Harper. / STEVE MARCUS / Getty Images via AFP
El trofeo que ha levantado el dominicano Karl-Antony Towns, por muy poco pedigrí que tenga respecto al de final de temporada, es más que un simple título. Para los jugadores de rotación supone un ingreso de 318,560 dólares solo por haber ganado la final, por un total de 530,933 dólares que se añaden a sus contratos anuales. Para las megaestrellas que cobran decenas de millones no supone una gran diferencia, para los novatos o los veteranos como Kolek y Clarkson es un incentivo económico que no podían dejar escapar.
Towns donará el dinero extra a su fundación en su país de origen, mientras que Kolek podrá comprarle un coche a su padre después de hacerle el mismo regalo a su madre con el dinero que recibió por clasificar a cuartos de final. Para Brunson, que renunció a varios millones en su extensión de contrato para otorgar mayor espacio salarial a la franquicia y poder construir un equipo más competitivo a su alrededor, no hay tiempo que perder: “Esto es genial y lo vamos a disfrutar, pero una vez que nos vayamos mañana, pasaremos página”.
Ilusión en el Este
La historia de los Knickerbockers ha estado plagada de desilusiones desde que ganaran su último título NBA en 1973. Su época dorada en los años 90 coincidió con el prime de Michael Jordan, y aprovecharon dos temporadas en las que el goat de los Bulls se tomaba un respiro para colarse en las Finales. En 1994 perdieron en el séptimo partido frente a los Houston Rockets de Hakeem Olajuwon, y en 1999 obraron el milagro de ser el primer equipo en clasificarse a las Finales desde la octava posición.
Sin embargo, fueron derrotados por la dinastía naciente de los Spurs de Popovich, Duncan y Robinson. Desde entonces no han vuelto a pisar el escenario más emblemático y codiciado por todo amante del baloncesto. Hace seis meses lograron clasificar a sus primeras finales de conferencia desde el 2000, donde cayeron a manos de los Indiana Pacers, sus verdugos en las últimas temporadas que este año han quedado fuera de la carrera por el anillo a causa de las lesiones.
Los Boston Celtics también han perdido a su líder en Jayson Tatum por lesión, y todo parece indicar que este puede ser su año, aunque Brunson insista que sigue siendo un reto mayúsculo: "No me gusta que se hable del Este como algo completamente abierto... es mucho mejor de lo que la gente cree y requiere un trabajo duro cada noche".
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