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Opinión | Carrascazos

Se me'n fot, por Lluís Carrasco

Ferran Torres se lamenta tras la anulación de su gol a Osasuna por fuera de juego en el córner lanzado.

Ferran Torres se lamenta tras la anulación de su gol a Osasuna por fuera de juego en el córner lanzado. / Associated Press / LaPresse / LAP

Los catalanes tenemos esta expresión para definir aquello que realmente “nos trae sin cuidado”, “nos importa un huevo” o, más soez, “nos la suda” … Y en este caso, me refiero al reglamento de la RFEF. El sábado, el fútbol cruzó una nueva frontera. No la del progreso, ni la de la justicia, sino la del estúpido y el absurdo. Por primera vez en la historia, se sancionó fuera de juego en un pase hacia atrás. Y más concretamente tocando el banderín del córner, sí, sí… ¡En un córner! Un momento de aplicación reglamentaria tan normativo… como completamente idiota.

No se molesten en citarme el reglamento. No me interesa. De verdad. Porque hay sanciones que, aun tipificadas, caen en lo ridículo y lo grotesco. Sancionar con fuera de juego por pasarla hacia atrás a años luz de la portería contraria y sin conseguir ningún tipo de ventaja geográfica o táctica, es como sancionar a un equipo por no sacar rápido una falta cuando el rival está atándose las botas o como castigar por perder tiempo al equipo que va perdiendo. ¿Normativa? toda. ¿Sentido común? ninguno.

El fuera de juego

El fuera de juego existe para evitar ventajas ilegítimas. Para impedir que alguien se quede cazando goles como un francotirador en el área. No para castigar a un jugador que decide hacer el famoso “gilicorner” pasándose en corto para construir a partir de ahí, Sr. Del Cerro, ¡No quiera inventar el futbol y limítese a vigilar al tramposo! Y más en una jugada sin espacio, sin innovación, sin sorpresa y sin beneficio alguno.

No, perturbado fiscal del espectáculo, su intervención no mejoró ni el juego ni mucho menos el espectáculo, lo empequeñeció. Con su intervención, hace del futbol un ejercicio burocrático donde el VAR, lejos de engendrar justicia, eyacula tontería. No interpreta, recita. Y donde el aficionado ya ni celebra ni protesta: simplemente, alucina. ¡Que me da igual el reglamento! Del todo. El fútbol se entiende con los sentidos, no con los silbidos. Y cuando el presente necesita una tesis doctoral para justificarse, quizá, alguno, se está cargando el futuro.

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