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Las jugadoras de la WNBA libran un largo pulso por una mejora salarial

Las jugadoras no piden cobrar lo mismo que Lebron o Curry, pero sí un reparto más equitativo de los ingresos ante el crecimiento de la asistencia a los pabellones y de las audiencias televisivas

Un encuentro de la WNBA entre Minnesota Lynx y Phoenix Mercury

Un encuentro de la WNBA entre Minnesota Lynx y Phoenix Mercury / NBAE / BARRY GOSSAGE/ GETTY

Roger Pascual

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Barcelona
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La WNBA, la liga de básquet femenino de EEUU, está atrapada en una auténtica paradoja. Por un lado, está en su momento de mayor crecimiento, batiendo récords de asistencia a los pabellones y de audiencias televisivas. Y, por otro, continúa la amenaza de una huelga que paralice el inicio de la próxima temporada. Las jugadoras, que cobran de media unas 200 veces menos que en la NBA, no piden percibir lo mismo que Lebron James, Stephen Curry o Nikola Jokic, pero sí un mejor reparto de los ingresos generados.

El convenio colectivo de la WNBA finalizó el pasado 31 de octubre sin alcanzar un acuerdo. El sindicato de jugadoras había amenazado con ir a un parón como el que ya hizo la NBA en 2011. Entonces los equipos pretendieron recortar el reparto de los ingresos, pasando del 57% al 47% para sus empleados, alegando motivos económicos. El ‘lockout’ masculino mantuvo la competición parada 161 días hasta que se llegó a un acuerdo para que las estrellas se quedaran con el 51%.

Varias prórrogas

En el caso de la WNBA, al no llegar a un pacto antes del 31 de octubre, ambas partes extendieron un mes más las negociaciones, hasta finales de noviembre. Aunque la patronal había mejorado su oferta las posiciones seguían alejadas por lo que el término se extendió hasta el 9 de enero.

El mínimo salarial está en 66.000 dólares (56.000 euros) y el máximo en 249.000 (213.000). La nueva propuesta es subir hasta 225.000 para las que menos cobran y un millón para las que más, incluyendo en ambos casos los porcentajes de ingresos. Pero la las jugadoras de la WNBA quieren precisamente más en este apartado. Su sindicato reclama pasar del 7% actual a un 30% de los 300 millones que generó el año pasado la floreciente liga.

El malestar se arrastra todo el año y se visualizó a finales de julio en el ‘All Star’ donde las estrellas de la WNBA lucían camisetas con el lema ‘Pagadnos lo que nos debéis’. Un lema que corearon no solo las jugadoras, sino también los 16.000 asistentes cuando le entregaron el premio a la MVP del partido, Napheesa Collier. La ala-pívot estrella de las Minnesota Lynx, acusó a la comisionada de la WNBA, Cathy Engelbert, de dificultar el acuerdo con su actitud.

“Le pregunté cómo pensaba solucionar el hecho de que jugadoras como Caitlin Clark, Angel Reese y Paige Bueckers, quienes generan ingresos masivos para la liga, ganen tan poco durante sus primeros cuatro años. Su respuesta fue: ‘Caitlin debería estar agradecida de ganar 16 millones fuera de la cancha, porque sin la plataforma que le da la WNBA no ganaría nada’”.

El aterrizaje de Clark, una estrella ya en la universidad, disparó el interés por la WNBA. El curso pasado la asistencia a los pabellones subió un 48%, las audiencias televisivas un 670% y la venta de ‘merchandising’ un 600%. Algo que explica el acuerdo televisivo firmado por la liga el pasado verano, que supondrá 2.200 millones de dólares en 11 años, 200 millones anuales. Collier reveló el comentario de Engelbert al respecto. “Me dijo: ‘Las jugadoras deberían estar de rodillas agradeciendo su buena suerte por el contrato televisivo que conseguí para ellas’. Esa es la mentalidad que dirige nuestra liga desde lo más alto. Cada día salimos a batallar para proteger una liga que no nos valora. La liga cree que tiene éxito a pesar de sus jugadoras, no gracias a ellas”.

Más franquicias

El valor de las franquicias se ha disparado: New York Liberty, por ejemplo, ya alcanza los 450 millones de dólares. La competición, que hasta este año tenía 13 franquicias, sumará dos más en mayo: Portland Fire y Toronto Tempo. E incorporará tres más de en los próximos cinco años: Cleveland (2028), Detroit (2029) y Filadelfia (2030).

Las negociaciones están tratando temas como por ejemplo el alojamiento de las jugadoras. Engelbert ha propuesto que a cambio de subir el salario los clubs dejen de encargarse de los alquileres de pisos y casas, un tema que no es menor en ciudades como Nueva York. Aunque es cierto que la Grandes Ligas masculinas de Estados Unidos (NBA, NHL, NFL y MLB) no lo cubren, lo compensan con unos honorarios infinitamente superiores. “El alojamiento debería ser una prioridad, no solo para mantener el mejor rendimiento en la cancha, sino también en términos de seguridad de las jugadoras”, denunció Brianna Turner, ala-pívot de Indiana Fever. A cinco meses para el inicio de curso de consolidación de la liga el pulso y la incertidumbre se mantienen.

La lucha de la WNBA se enmarca en un contexto más global en las reivindicaciones en otros deportes y países por el crecimiento del interés en el deporte femenino. La selección femenina de fútbol de Estados Unidos ya logró una victoria histórica en el 2022 al conseguir igualar sus primas con las del equipo masculino. Las estrellas del básquet en EEUU no piden tanto, solo la parte de un pastel cada vez más grande.

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