Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Carrascazos

Niños mimados

Vinicius se lamenta ante la grada del Santiago Bernabéu durante la derrota del Real Madrid ante el Celta.

Vinicius se lamenta ante la grada del Santiago Bernabéu durante la derrota del Real Madrid ante el Celta. / Afp7

Dicen que el fútbol es un deporte sencillo: 11 contra 11 y al final gana el Madrid (y si no es así, algo ha de pasar para que ganen los blancos y el orden nacional no quede alterado). Pero el pasado domingo, esta sencilla y humilde recreación literaria salió mal y el país entró en trance, y acabó con voceros poseídos y distribuidos por diversas televisiones buscando culpables. Un árbitro independiente y no domesticable, Alejandro Quintero, resultó ser un temerario del silbato y tuvo la osadía de aplicar el mismo reglamento a todos los jugadores en un partido del Madrid sin importarle ni el color de la zamarra, ni el saldo de la cuenta corriente de los que se enfrentaban y sin importarle ser castigado por ser veraz.

Cuando expulsó al primer madridista por “comportamiento indecente”, el estadio quedó en silencio ¿Una tarjeta roja por comportamiento inadecuado? ¿Por razones disciplinarias? Inaudito. Pero lo mejor vino después: la segunda expulsión. Ahí ya el universo blanco entró en modo “error 404”. Dos rojas. Dos. No sucedía desde hacía décadas. Era como ver a un gourmet degustando un menú sin sal: desconcierto, incredulidad y temblor en el párpado.

Mientras tanto, el resultado final -ese doloroso 0-2- pareció un precedente provocador y peligroso. Lo verdaderamente traumático no era perder, sino descubrir que existe la posibilidad, remota pero posible, de que un árbitro trate al Real Madrid como a cualquier otro equipo. Una experiencia que requiere preparación zen y manual de instrucciones.

Los niños mimados blancos de La Finca o el Barrio de Salamanca descubrieron que quien manda puede castigar. Que no todo vale. Que los papás pueden negar la compra del último anorak de la Blauer de precio absurdo o calzar zapatillas Golden Goose de más de 500 'boniatos'. Que todos somos iguales y que al final, todos cagamos sentados.

Pero tranquilos, el madridismo se recuperará. Lo hace siempre. Y quizás ese domingo quede como un extraño estudio sobre lo que ocurre cuando el fútbol, por un día, decide ser decente.

Suscríbete para seguir leyendo